La soberanía no se administra entre amigos
Hace pocos días recorrí Punta Arenas y Puerto Natales, invitado por militantes del Partido Radical de Magallanes, herederos de una tradición republicana, laica y profundamente comprometida con la presencia del Estado en los territorios extremos.
Participé en encuentros, charlas y entrevistas con medios locales, pero, sobre todo, tuve la oportunidad de escuchar a quienes habitan diariamente uno de los territorios más estratégicos de Chile.
Allí confirmé algo que desde Santiago muchas veces se olvida: Magallanes no es la periferia del país. Es una puerta de Chile hacia el mundo y un territorio fundamental para nuestra proyección marítima, logística y antártica.
En la región, la soberanía no es una consigna electoral ni una frase preparada para una conferencia de prensa. Es historia, identidad, presencia territorial y futuro. Por eso resulta tan preocupante la improvisación diplomática del gobierno del presidente José Antonio Kast frente a las sucesivas declaraciones provenientes de Argentina sobre el Estrecho de Magallanes.
Primero fue el jefe de la Fuerza Aérea argentina hablando de soberanía sobre “Magallanes, el sur y el Drake”. Después, la senadora Patricia Bullrich se refirió al supuesto “control” argentino sobre el Estrecho. Más tarde, el canciller Pablo Quirno calificó a Argentina como un país “bioceánico”, expresión especialmente delicada a la luz del Protocolo Adicional y Aclaratorio de 1893, que establece que Argentina no puede pretender puntos hacia el Pacífico, así como Chile no puede hacerlo hacia el Atlántico.
Las aclaraciones y disculpas posteriores pueden moderar el lenguaje, pero no borran el problema diplomático ni explican por qué distintas autoridades argentinas han incurrido, una tras otra, en afirmaciones que relativizan asuntos........
