Maestros del hielo polar: en las huellas de nuestra tradición antártica
En ese mismo marco geohistórico (y por extensión jurídico) se inscriben muchas otras actividades antárticas chilenas que fortalecen nuestros títulos de “uso, ocupación” y “presencia permanente”.
Aún es poco conocida en Chile la continuidad de la presencia histórica de nuestros nacionales en aguas del Mar Austral y la Antártica, particularmente después de la década de 1870, cuando algunos pioneros magallánicos se unieron a la caza de focas hasta entonces practicada en nuestros fiordos fueguinos por naves británicas, francesas, norteamericanas y, relevante, chilotas.
Por más de un siglo la presencia de ciudadanos, naves y aeronaves chilenas realizando labores de pesca, patrullaje, turismo o actividades científicas ha sido una constante en los espacios que -plus ultra las latitudes del Cabo de Hornos y Tasmania- conforman el sur más lejano del mundo. Como indicaremos más adelante, esas actividades nacionales no se circunscriben al sector americano de la región Polar Austral: por muchas décadas se extienden a todo el contorno de la Antártica.
Si bien en términos históricos la presencia chilena en la Antártica puede remontarse a su descubrimiento por una nave nacional a fines de 1820, a partir de la citada década 1870, en la medida que Punta Arenas evolucionó desde su condición de “colonia penal” a ciudad y puerto interoceánico, nuestras actividades polares tuvieron la forma de actividades loberas que no se limitaron a las islas Shetland del Sur, sino que, con toda seguridad, se extendieron a lo largo de la costa y de la “terra firme polar” más al sur que la latitud del Círculo Antártico.
En su documentadísima “Lista de Expediciones Antárticas” (Londres, 2009), nuestro maestro y amigo Robert (Bob) Headland (Scott Polar Research Institute, Universidad de Cambridge) ha dejado convenientemente documentadas algunas de esas actividades polares chilenas, por ejemplo, aquellas practicadas entre 1871-73 por la goleta “Rippling Wave” (cuyos........
