¡El matón del barrio!
No está en discusión si Maduro ha sido o no un dictador y si el sistema imperante en Venezuela es o no una dictadura cívico militar (como lo fue la chilena). Lo que importa es si acaso para terminar con las dictaduras hay que recurrir al “matón del barrio”, para que imponga sus términos.
“Este es mi barrio”, dijo Pete el Negro, avisando a todos que quien quisiera tener actitudes que él no aprobara, sería severamente castigado.
Si durante la dictadura de Pinochet alguien me hubiese sugerido la idea de una invasión extranjera para sacarlo del país, una conspiración para darle muerte, la formación de grupos armados para combatirlo, habría tenido mi rechazo de inmediato.
Ni las armas que llegaron de Cuba, ni el entrenamiento militar en el exterior, ni el atentado de 1986, ni ninguna manifestación de violencia me convocaba para terminar una dictadura oprobiosa, violatoria de los derechos humanos, corrupta en sus altos mandos y con un apoyo civil que colaboró (o al menos calló) con el ocultamiento de sus crímenes y sus latrocinios.
En todos esos años, tanto en la defensa de los derechos humanos; en la tarea política, clandestina primero y abierta después; en mis intervenciones radiales desde 1978 y mis artículos en Análisis y otros medios de comunicación, propuse siempre la oposición a la tiranía mediante una estrategia que denominamos en la época como “la no violencia activa”.
Organización, difusión de ideas, movilización social, manifestaciones de protesta, eran las partes centrales de una propuesta de salida de esa dictadura para construir una democracia y un cambio del modelo impuesto con la fuerza de las armas.
Porque cuando se aplica la violencia para conseguir fines políticos, por altruistas que sean, lo que se hace es sembrar más violencia y construir finalmente un régimen que será una nueva tiranía o, –como en el caso chileno y de otros países de América Latina– al menos perpetuar los modelos que los que tienen la fuerza (y el dinero) impusieron para sus países, asegurándose de que los ricos serán cada vez más ricos, la extrema pobreza desaparecerá de las estadísticas pero no de la realidad, las clases medias se irán diluyendo en una pobreza encubierta que mantendrá a hombres y mujeres en ocupación permanente “por ganarse la vida”, es decir, “ganar el derecho a vivir”, mientras otros gozan de la opulencia y el enriquecimiento perpetuo.
La realidad de México, que vivió una revolución violenta, nos revela que se instaló por décadas un régimen de apariencias democráticas, pero que tenía partido único y el Presidente saliente designaba a su sucesor.
Terminado el dominio de ese partido (PRI), la violencia ha continuado siendo la tónica de la vida política, hoy con otro agregado, la presencia de delincuentes narco traficantes que........
