La soledad en vacaciones: cuando el descanso ajeno acentúa el vacío propio
El problema no es solo la soledad. El problema es la obligación de esconderla.
Las vacaciones están socialmente diseñadas como un mandato de felicidad. Descansar, viajar, compartir, sonreír. Fotos familiares, parejas bronceadas, niños felices. Todo parece indicar que si no estás bien en vacaciones, algo falla en ti. Y esa es, quizás, la primera gran trampa emocional del verano.
Porque la verdad, es que la soledad también existe en vacaciones. Y no es marginal, es incómoda y profundamente humana.
Muchos esperan el verano como un respiro después de meses de exigencia laboral. Dos o tres semanas al año para desconectarse, recomponerse, volver a sentir. Algunas personas lo hacen en familia, otras se organizan con hijos compartidos tras una separación, otros viajan fuera del país, y no pocos optan por no tomarse vacaciones del todo, porque detenerse implica sentir.
Pero también están quienes no tienen con quién estar. Personas más introvertidas, adultos solos, migrantes sin redes cercanas, personas en duelo, padres o madres cuando los hijos crecen y hacen su propia vida. Personas que no aparecen en........
