El Racing vuelve al ‘prime time’ por héroes y no chorizos
Aquí está el viejo de Racing de vuelta. Y hoy, con los ojos empañados, sí que lo he podido disfrutar.
No siempre fue así. La primera vez que, de refilón, supe de este glorioso equipo y de Santander fue a los seis años. Los medios se hicieron eco el 20 de agosto de 1988 de la inauguración de los nuevos Campos de Sport que se iba a producir por todo lo alto a orillas de El Sardinero, con un cartel de tronío y con Seve haciendo el saque de honor. Así que el evento que había leído en el periódico y el rimbombante nombre del estadio me hicieron asomarme a través de la tele a aquel doble plato que ofrecía el menú del día: Racing-Oviedo como preludio y un Real Madrid-Everton después como plato fuerte internacional. Sin embargo, el segundo canal de TVE creo recordar que pasó del primer duelo por completo para centrarse sólo en los goles de Butragueño y Hugo Sánchez. Al menos así quedó registrado en mi memoria sin que haya mal que por bien no venga. Aquello, por la tendencia familiar a rebelarnos ante las injusticias, me empujó a ver a ese modesto verdiblanco como uno de los míos. No hay nada más apetecible que lo que está detrás de la censura.
Y vaya si lo fue. Olvidado aquel disgusto, el de quedarme sin ver a Ceballos, Liaño, Alba, Juan Carlos, Pedraza y, sobre todo, Quique Estebaranz, me hizo atender con atención en Estudio Estadio, y desde la lejanía de La Mancha, cada una de las peripecias de este histórico club del que se habían olvidado. Así supe de su ascenso en 1993, el que hoy aún se canta. Pude alucinar, en aquel encuentro en abierto del 95, con la manita endosada por Setién y compañía al mismísimo Barça de Cruyff. Y con el milagro de 2002 firmado por Moratón. Y con las agónicas permanencias posteriores, con achaques y milagros. Desde entonces, el Racing es parte de mi vida personal y profesional. Hoy, a los que me preguntan que por qué me gusta tanto, les digo que aquí llegué para currar en la UEFA, en La Magdalena inauguramos la delegación de AS y luego me casé, y en la tierruca ando empadronado con mi humilde morada que mecen los soplidos de la inigualable Virgen del Mar.
Justo en estas horas previas a esta inmensa alegría de volver a la........
