¿Por quién doblan las campanas en Tovar?
Elegía a Martín Morales.
Con apenas cuatro años de edad, y de la mano de su Padre, Don Rafael Morales Roa y de su Madre, Doña Celsa Rujano, parten de su pueblito natal, llamado Canaguá, éste forma parte de la comarca que conforman los bellos pueblos del sur Merideño; peregrinos en busca de nuevas oportunidades de vida y cómo lo dijera, el consagrado Cronista e intelectual Tovareño, el doctor Alfonso Ramírez, el "polaco" quién con orleado verbo le diría: "toma Martin a Tovar, mi Ciudad que también es tuya"... y desde ese día Martin Morales se convirtió en hijo ilustre adoptivo de la Sultana del Mocotíes, para orgullo Tovareño y de lo que significa nuestro gentilicio cultural y de la tovareñeidad.
Las maestras primigenias de la escolaridad de Martín, descubrieron la capacidad innata para el dibujo, por lo que, en escueto equipaje, Dios lo dotó de una epifanía de colores para convertirse en un gran artista cinético de la más encumbrada revelación.
Caprichosamente me estaciono, en el año 1993 que, es cuando me topo visualmente con Martin Morales, al descubrir una obra cinética, novedosa en Tovar, para esa fecha, ubicada en la sede del IPASME, en el Llano de Tovar. Me impresionó su belleza. Me detuve, la contemplé y me propuse contactar a su autor y así lo hice. Martin Morales era un joven de 42 años, para esa época que por lo demás no los representaba. De mediana estatura, delgado, de vestir informal, con abundante cabellera, color negro, una barba poblada y un bigote bien cuidado. A lo que se le sumaba unos lentes de geometría redonda que nunca abandonó que, le daban aire intelectuoso, y personalidad. Pero lo más sobresaliente era, su parlamento, su pasión al hablar de su trayectoria como artista plástico, con un particular encanto, su sencillez, para explayarse contando con una narrativa, muy fluida, su vida, trayectoria, su academia, sus logros, sus sueños y temas afines. Era un placer escucharlo, porque su historia era compatible con la pureza de su alma que contrastaba con una carrera meteórica que había logrado en tan corto tiempo, indetenible.
Conversaba con reconocimiento sincero sobre su maestro, su "influencer" su ductor, otro grande de la pintura venezolana: El maestro pintor Elbano Méndez Osuna, de quién agradeció su formación, su disciplina, su inspiración, y su sabiduría, según sus propias palabras.
Martin dibujó, pintó, creó, investigó y formó las nuevas generaciones de artistas tovareños. Ahondó en la profundidad de lo........
