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Ecomunitarismo y dimensiones fundamentales de la Soberanía: breves notas

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08.03.2026

El diccionario "Vocabulaire Technique et Critique de la Philosophie", de André Lalande (París, 1976), explica que "soberano", en sentido político, "se refiere a una persona individual o colectiva a quien pertenece por Derecho el poder del que derivan todos los demás" (la traducción es mía, como la que sigue).

Y ese diccionario dice que, desde el punto de vista de la relación entre Estados, "Soberanía" significa "independencia absoluta, por Derecho, de un Estado respecto de cualquier otro Estado o de cualquier autoridad superior (como una autoridad federal, una Sociedad de Naciones, etc.)".

Por nuestra parte, partiremos de estas definiciones para hacer algunas precisiones. Así, por ejemplo, se verá que, al abordar la cuestión de la Soberanía desde una perspectiva ecomunitarista y de Nuestramérica, no restringimos el tema a la esfera política, entendida en sentido estrecho, y también que nos distanciaremos en parte de la noción de soberanía tal como la caracteriza el diccionario de Lalande.

Para explicar nuestro punto de vista presentamos a continuación algunas de las dimensiones fundamentales en las que, a nuestro entender, se expande el concepto de "soberanía". Es importante destacar que la visión ecomunitarista abarca el significado político de la definición de "Soberano" de Lalande, y por "persona colectiva" nos referimos al pueblo como fuente del poder político original. Así, por ejemplo, la Constitución brasileña establece en el Párrafo único de su Artículo 1: "Todo el poder emana del pueblo, que lo ejerce a través de representantes elegidos o directamente, en los términos de esta Constitución". Ahora bien, ya anunciando que al abordar la dimensión de la Soberanía Política aclararemos esta última parte del Párrafo mencionado, resumimos lo expuesto hasta ahora diciendo que entendemos la soberanía como el poder de un pueblo para gobernarse a sí mismo (administrando su modo de vida, tierras, aguas y aire), sin depender ni aceptar imposiciones de ningún poder extranjero. En este sentido, la Soberanía se define como antagónica al Imperialismo, entendido éste como la actitud y doctrina de quienes defienden o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros mediante la fuerza militar, económica, política o cultural.

En la perspectiva ecomunitarista, la soberanía política consiste en el autogobierno democrático e independiente de cada pueblo. Sin embargo, el Ecomunitarismo postula que dicha vida democrática debe basarse preferentemente en la democracia directa, ejercida mediante asambleas, plebiscitos y referendos. A su vez, los cargos representativos indispensables para perpetuar el Buen Vivir ecomunitarista del pueblo: a) deben ser ocupados por representantes elegidos por el pueblo; b) los elegidos deben ser revocables por los votantes cuando éstos consideren que el electo no está sirviendo al Buen Vivir del pueblo; c) dichos cargos solo pueden ser ocupados por la misma persona por un máximo de dos mandatos; y d) un familiar no puede suceder a esa persona en el cargo. Con todas estas medidas, se busca evitar la formación de una "clase o casta política" superpuesta al pueblo y más preocupada por sus propios intereses que por las necesidades del pueblo.

Ahora bien, para que la soberanía política se establezca, se mantenga y se perfeccione como se ha descrito, es indispensable una educación ecomunitarista socialmente generalizada, tanto en la educación formal como en la no formal, que forme ciudadanos con una mentalidad ecomunitarista.

Definimos esta educación ambiental ecomunitarista como una educación problematizadora basada en las tres normas fundamentales de la Ética y orientada hacia el Ecomunitarismo.

La educación problematizadora se entiende, siguiendo a Paulo Freire, como aquella que desvela críticamente las opresiones existentes en la sociedad vigente (ahora capitalista) y busca la construcción de un nuevo orden comunitario (y ambiental, añadimos) sin opresores ni oprimidos.

Las tres normas fundamentales de la Ética nos exigen, respectivamente, luchar para garantizar mi libertad individual de decisión, realizar esa libertad en la búsqueda del consenso con l@s demás (lo cual solo es plenamente posible en una sociedad sin clases antagónicas, es decir, poscapitalista), y preservar y regenerar la salud de la naturaleza humana y no humana.

El Ecomunitarismo es un orden comunitario-ambiental poscapitalista de carácter utópico, pues nunca es plenamente realizable, pero es una idea guía indispensable para que la acción diaria tenga una dirección clara y no se pierda andando en círculos o sin rumbo; y se compone de las siguientes dimensiones: a) una Educación ambiental ecomunitarista socialmente generalizada, tanto en la educación formal como en la no formal; b) una Economía ecológica y sin patrones, de base comunitaria y/o cooperativa, y en la que la ciudadanía controla las empresas esenciales, que funciona con energías limpias y renovables según el principio rector que reza: «De cada un@ según sus capacidades y a cada un@ según sus necesidades, respetando los equilibrios ecológicos y la interculturalidad». En esta economía no existen el salario ni el dinero porque las necesidades de cada persona se satisfacen directamente desde el Fondo Comunitario sin mediación dineraria alguna, como contrapartida del aporte que cada persona hace a la creación de ese Fondo en un tiempo productivo que debe ser lo más breve posible y en funciones desempeñadas de manera rotativa, para que la persona pueda desarrollarse plenamente como individuo comunitario-universal-cósmico; c) una Política de Tod@s basada preferentemente en la democracia directa, ejercida mediante asambleas, plebiscitos y referendos; d) una Comunicación horizontal y simétrica, que pone en manos de las comunidades la gestión de todos los medios de comunicación (desde los anteriores a la era de internet hasta las redes sociales y otros que se puedan crear en el futuro); e) una Estética de la liberación que eduque a todas las personas para que sepan apreciar las Artes y las anime y les dé recursos para que puedan practicar las Artes de su preferencia; y, f) un Ateísmo no militante que, a la vez que une a creyentes de todas las religiones y a no creyentes en la lucha por superar el capitalismo y avanzar hacia el Ecomunitarismo, establezca un diálogo paciente y respetuoso a largo plazo, con el objetivo de superar la alienación religiosa.

La soberanía educativa consiste en basar las prácticas pedagógicas, desde la Educación infantil hasta la Universidad, en pedagogías desarrolladas por el propio país y no impuestas por potencias extranjeras, ya sean éstas otros países (especialmente, naciones poderosas), o empresas (a menudo multinacionales). En el caso de Nuestramérica la Pedagogía Problematizadora de Paulo Freire y la Educación Ambiental Ecomunitarista proporcionan una base sólida para estructurar una labor pedagógica soberana, al servicio del Buen Vivir ecomunitarista del pueblo.

Para la educación formal, la Educación Ambiental Ecomunitarista propone las siguientes directrices: 1) Vincular los contenidos curriculares con los problemas socioambientales relevantes para la vida de l@s estudiantes, la localidad donde viven, la región, el país y/o el planeta; 2) Redescubrir el conocimiento en un diálogo entre educador-a y educand@s (y no "bajar verticalmente" el contenido de educador-a a educand@, al modo que Freire definió como "bancario"); 3) Construir el conocimiento mediante procedimientos de investigación, documentales y de campo, realizados por l@s alumn@s guiados por el/la educador-a, 4) Incorporar a este proceso la aportación de los conocedores de la cuestión en estudio, para enriquecer la visión y comprensión de la educadora o educador y del alumnado respecto del problema abordado (estos expertos, según el caso concreto, pueden ser desde personas analfabetas hasta los profesionales universitarios más cualificados); 5) Y SIEMPRE, porque esta fase da sentido a todas las demás, elaborar e implementar SOLUCIONES CON SENTIDO ECOMUNITARISTA (aunque sean modestas y parciales) para el problema socioambiental estudiado, incorporando todos los nuevos conocimientos producidos; dichas acciones de solución deben ser llevadas a cabo por la educadora o educador y el alumnado (y buscando la participación de la comunidad educativa del centro educativo en cuestión en su conjunto, del barrio y de voluntari@s en general, con el apoyo de los poderes públicos).

Para la educación no formal, las directrices ecomunitaristas son similares a las anteriores. L@s educadoras-es populares que trabajan en una comunidad, deben comenzar por identificar, dialogando con dicha comunidad, los principales problemas socioambientales allí existentes. De inmediato, junto con la comunidad, priorizarán uno o dos de esos problemas. Luego, en diálogo con especialistas, l@s educadoras-es populares y la comunidad en cuestión buscarán el conocimiento necesario para analizar adecuadamente el problema e imaginar soluciones (con un enfoque ecomunitarista) para los problemas identificados. Con ese conocimiento, el diálogo evolucionará hacia el diseño de las soluciones. Inmediatamente después, comenzará la implementación de estas soluciones, su evaluación y las correcciones pertinentes por parte de la comunidad. A continuación, l@s educadoras-es y la comunidad abordarán uno o dos problemas más de los relevados anteriormente, y aplicarán la misma secuencia descrita anteriormente. Y así sucesivamente, hasta que todos los principales problemas socioambientales de la comunidad se hayan resuelto (al menos parcialmente, porque la Historia nunca termina).

Ahora bien, para que esta rica experiencia comunitaria ecomunitarista no se quede en el aislamiento egoísta de una sola comunidad, es necesario compartirla, comenzando por el primer problema resuelto, y para el enriquecimiento mutuo, con otras comunidades que padecen problemas similares. De esa manera la vida comunitaria con una perspectiva ecomunitarista se expandirá a espacios sociales cada vez más amplios, hasta abarcar a la sociedad en su conjunto.

A lo ya mencionado sobre esta dimensión, cabe añadir que, desde una perspectiva ecomunitarista, la soberanía de cada pueblo latinoamericano y caribeño se prolonga en la cooperación solidaria mutua y complementaria entre los pueblos de Nuestramérica y del mundo. Así, el Ecomunitarismo apunta a la necesaria consolidación de mecanismos continentales de cooperación solidaria, como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), y a la creación a nivel mundial de la Organización de los Pueblos Unidos; ésta deberá sustituir a la actual ONU, y su dinámica se guiará por las decisiones democráticas tomadas por la Asamblea General, sin un Consejo de Seguridad como el actual de la ONU, en el que cinco potencias nucleares tienen derecho a veto y a anular la voluntad de la Asamblea General. En la OPU, todos los pueblos deliberan en pie de igualdad y deciden según el principio igualitario que reza: «un pueblo, un voto».

Dicha soberanía consiste en el ejercicio cotidiano de la mencionada economía ecológica y sin patrones, de modo que sea posible la aplicación de su gran Principio rector («De cada un@ según sus capacidades y a cada un@ según sus necesidades, respetando los equilibrios ecológicos y la interculturalidad»), destacándose dos subdimensiones esenciales: la soberanía alimentaria y la soberanía energética.

En efecto, ningún pueblo puede ser plenamente soberano si no es capaz de garantizar su soberanía alimentaria, es decir, de producir todo lo que, según su cultura y tradiciones, es esencial para alimentar adecuadamente a su población con productos abundantes, diversos y saludables (sin pesticidas ni transgénicos). Y aquí entra como contexto posibilitante la gestión ecológica (tan bien practicada por los pueblos originarios) de la Pachamama (a quien, como siempre lo han hecho estos pueblos milenarios, debemos amar y respetar como a una Madre). Ahora bien, para establecer y mantener dicho sistema alimentario, el pueblo necesitará producir toda la energía necesaria para satisfacer no solo las necesidades de su vida económica, sino también todas las necesidades comunitarias (por ejemplo, el suministro de electricidad para todas las viviendas, centros de salud, centros educativos, centros culturales, espacios de ocio, espacios públicos, etc.). En este empeño, la visión ecomunitarista exige que las energías utilizadas sean (en la medida de lo posible) totalmente limpias y renovables, como la eólica, la solar y la de las mareas, entre otras; el uso de la energía hidroeléctrica, también renovable, debe evitar las grandes represas que causan graves efectos socioambientales negativos. Y la energía producida a partir de combustibles fósiles debe descartarse lo antes posible, debido a sus efectos destructivos y contaminantes, al igual que la energía nuclear, tanto para fines militares (porque el Ecomunitarismo defiende la paz entre los pueblos) como para la generación de electricidad, debido al enorme peligro que representan los accidentes cuando se usa esa modalidad energética, y la imposibilidad de tratar de forma segura sus residuos.

Soberanía Científica y Tecnológica

Para hacer posible la soberanía económica, así como todas las demás dimensiones de la soberanía aquí analizadas, es fundamental implementar la soberanía científica y tecnológica (basada en la soberanía educativa, pero que también la retroalimenta). La soberanía científica y tecnológica consiste en producir ciencia y tecnología desde y con la inteligencia humana y la capacidad técnica de cada pueblo (especialmente en Nuestramérica), sin depender de tecnologías importadas (de las grandes potencias, por regla general), e incluso, en muchos casos, impuestas. Este criterio debe aplicarse en todos los ámbitos, como el económico-energético-ecológico, en el área de la información, en la llamada Inteligencia Artificial, en las comunicaciones, la vivienda, el transporte, etc.

La soberanía cultural consiste en la afirmación y el desarrollo de la cultura propia de cada pueblo y la práctica de las artes que surgen de su Historia y vocaciones. Esta dimensión de la soberanía se opone a la actual imposición imperialista en (casi) todo el mundo de una industria cultural basada en las grandes potencias (especialmente, EEUU), que abruma las culturas originales y mestizas de cada pueblo de Nuestramérica (y del mundo) con modas y estándares difundidos por una poderosa red mediática que nos asfixia a diario con canciones, películas, modas en la vestimenta, peinados, etc. Al calor de la soberanía cultural, florecerán mil flores hermosas y diversas.

Como ya se ha dicho, el Ecomunitarismo aspira a que, a largo plazo y mediante un diálogo voluntario, paciente y respetuoso, se pueda superar la alienación religiosa (por el bien de la Humanidad y del Planeta), así como deben superarse todas las dimensiones profanas de la alienación que existen en el capitalismo. (Recordemos, por ejemplo, la alienación con respecto al producto del trabajo, al trabajo mismo, a la actividad productiva individual y social, a la Naturaleza no humana, a los demás seres humanos y en la relación de cada persona consigo misma). Ahora bien, en este momento histórico, la implementación de la soberanía religiosa en Nuestramérica implica la exigencia de respeto a las religiones de los pueblos originarios y el rechazo a la imposición imperialista que las ha aplastado desde la Conquista, practicada por potencias cristianas. Este respeto por las religiones indígenas implica la retirada de todas las "Misiones" religiosas que operan en territorios indígenas, y la asunción por parte de las autoridades públicas y las asociaciones comunitarias de cualquier servicio público que estas Misiones (muchas de ellas con sede en Estados Unidos u otras potencias extracontinentales) puedan eventualmente estar prestando a los pueblos indígenas. Cabe señalar que esta postura de respeto por las religiones de los pueblos originarios no las excluye de la crítica paciente y dialógica ecomunitarista que busca superar toda alienación religiosa, incluyendo a la que existe en esas religiones.

Soberanía en Seguridad y Defensa


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