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La República Negociable: Entre el cambio político y el pacto que solo ellos conocen

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21.02.2026

Hay palabras que pesan más cuando se pronuncian desde la herida. Dignidad es una de ellas. Y en Venezuela, desde aquella madrugada del 3 de enero de 2026, esa palabra ha ido perdiendo peso, vaciándose de contenido, como si alguien la hubiera ido deshojando en silencio mientras el país miraba atónito el espectáculo de su propia disolución soberana.

Lo ocurrido esa noche no fue simplemente la captura del presidente constitucional de Venezuela. Fue un terremoto de proporciones civilizatorias. Aviones militares estadounidenses cruzaron el espacio aéreo venezolano sin permiso, sin mandato de la ONU, sin más legitimidad que la fuerza. Se llevaron a un presidente, por más cuestionado que fuera de acuerdo a sus percepciones, como quien extrae un objeto de una vitrina ajena. Y el mundo, en su mayor parte, lo vio, anotó el precedente y siguió de largo. Hoy es Venezuela; mañana puede ser cualquier nación que no encaje en el diseño de turno. Eso es lo que está en juego, y eso es lo que muchos prefieren no ver.

Pero el golpe más profundo no vino de afuera. Vino de adentro. Porque lo verdaderamente insólito, lo que sacude la conciencia de cualquier ciudadano que aún crea en algo, es que quien orquestó esa operación, (El general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unido) quien dio la orden para ese acto que el propio gobierno venezolano........

© Aporrea