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Cuando se cambian las lealtades

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16.03.2026

Una escena define, mejor que ningún discurso, el estado actual de la política exterior de Venezuela. Un comunicado oficial de la Cancillería, publicado para condenar los ataques militares contra uno de sus históricos aliados en Oriente Medio, desapareció silenciosamente de todas las redes y plataformas oficiales horas después de ser publicado. Sin explicación, sin rectificación, sin autocrítica. 

Solo el vacío donde antes había palabras. Ese gesto, aparentemente menor, condensa una transformación política de proporciones mayúsculas.

Durante más de dos décadas, el discurso antiimperialista fue el oxígeno ideológico de las autoridades y líderes del chavismo. La narrativa era simple pero efectiva: Venezuela era el faro de la resistencia latinoamericana frente al imperio del norte, y sus alianzas con Cuba, Irán, Siria, China o Rusia y cualquier otro gobierno que se definiera en oposición a Washington no eran simples relaciones diplomáticas sino compromisos históricos, fraternidades de pueblos en lucha. Cuba, en particular, ocupaba un lugar casi sagrado en ese relato. La isla era el modelo, el origen espiritual del proyecto, la demostración viviente de que era posible resistir décadas de bloqueo y presión sin doblar la rodilla. Cada vez que la presión externa arreciaba, el régimen venezolano se envolvía en esa bandera y cargaba con ella ante sus bases.

Ese andamiaje comenzó a desmoronarse no con un gran debate ideológico ni con una crisis de conciencia colectiva, sino con la lógica más prosaica de la supervivencia política. Cuando las circunstancias........

© Aporrea