La Desconfianza Estratégica: Arma de Estados Unidos para la desunión. Evitémosla
Entre todos los elementos económicos, militares, físicos, políticos destaca uno que tiene un papel fundamental para mantener su hegemonía que es la desunión de los países. Mientras los países se mantengan desunidos Estados Unidos reinará. La Unión Soviética cayo no por problemas económicos, políticos, ideológicos sino fundamentalmente porque Estados Unidos y todos los países imperialistas desde su creación lanzaron políticas, para dividirla, crear rencillas, conflictos remediables hacerlos irremediables. Perdió la Unión.
Debemos empezar por reconocer que los Estados Unidos son maestros de la desunión de sus enemigos que somos los pueblos, naciones y personas que quieren pan, prosperidad, desarrollo, soberanía, paz.
El instrumento de política imperialista necesario para lograr esta desunión, aun en situaciones aparentemente afianzadas es la noción de "desconfianza estratégica" que se ha validado como una de las herramientas más sutiles y, a la vez, devastadoras para la unidad de los países entre si y a lo interno de cada una de ellas. Venezuela debe maximizar su atención a los mecanismos de disociación interna, con nuevas variantes que están aplicando, ya que las anteriores fracasaron.
Este concepto no se refiere a una cautela natural entre naciones, sino a una fragmentación deliberadamente inducida que impide la consolidación de bloques regionales sólidos o alianzas transversales que puedan desafiar las políticas hegemónicas y por todos conocidas como destructivas del imperialismo. Para ellos su mayor enemigo es el que esgrime "en la unión está la fuerza".
Al sembrar la sospecha sistemática, se logra que los países miren a sus vecinos no como lo amigo que deben ser en un proyecto de desarrollo compartido, sino como amenazas inmediatas o sociedades hostiles que los pueden atacar. El miedo inducido al ataque y la destrucción siempre está presente en esta sospecha sistemática impulsando esta política, desde los centros de poder feudales, capitalistas, imperialistas, tradicionales preservan su hegemonía, condenando a los pueblos a un aislamiento que perpetúa su dependencia y pobreza y oprobio.
Siempre vemos que cuando un país intenta establecer lazos de cooperación con otro, la narrativa de Estados Unidos suele introducir variables de división y desacuerdo como pueden ser advertencias sobre supuestas intenciones expansionistas, cuestionamientos sobre la calidad de la democracia del vecino o el temor al sometimiento por la otra parte. ¡Hasta Rusia y China se lo creen y no pueden avanzar e su acercamiento imprescindible ¡ Estas dudas no surgen del vacío; son alimentadas por una maquinaria diplomática y mediática fuerte, bien sustentada, bien financiada, que magnifica los puntos de discordia históricos mientras invisibiliza las urgencias comunes. Y los países que iban a unirse comienzan a hacer lo contrario, gastando ingentes recursos en armamento y vigilancia fronteriza comprados a Estados Unidos, en lugar de invertir en infraestructuras de cooperación, unificación bancaria, redes eléctricas integradas o mercados comunes para elevar la calidad de vida de sus ciudadanos.
A nivel interno de los países, la desconfianza estratégica cala hasta el punto de considerarla parte de sus identidades culturales. Se fomenta un falso nacionalismo, pues no enriquece a los pueblos y naciones, que percibe al "otro" cercano como un competidor por sus recursos o un enemigo camuflado. Este fenómeno fractura la solidaridad entre los pueblos, impidiendo que surjan movimientos sociales transnacionales capaces de buscar y ejecutar objetivos comunes, defensa ante reclamos de organismos internacionales o soberanía económica frente a las corporaciones globales.
Cuando los pueblos están desunidos por prejuicios y miedos fabricados por los Estados Unidos, pierden su mayor fuerza que es la capacidad de negociar en bloque, lo que permite que las condiciones de intercambio comercial y político sigan siendo dictadas por los Estados Unidos y los otros países monárquicos o capitalistas que constituyen el imperialismo de hoy. Un país monárquico defiende interese monárquicos, no democráticos.
Por seguir, como algo beneficioso para ellos la política imperialista de la Desconfianza Estratégica, el perjuicio para todos nosotros ha sido y es incalculable. La falta de confianza impide que se concreten proyectos de largo aliento, como monedas regionales o sistemas financieros unificados, revisar inclusive que es el desarrollo y los modelos y sistemas para lograrlo, lo que llevaría a la práctica una mayor protección de las economías de todos y por lo tanto el bienestar y la prosperidad. Es que la Desconfianza Estratégica trae aparejada la "Confianza Suicida" en la terminología y conceptos que se utilizan por Estados Unidos para analizar las situaciones, que son en esencia divisionistas y parceladoras de los problemas y objetivos, para garantizar así desde lo conceptual, la desunión de los países que la necesitan urgentemente. Se prefiere la seguridad ilusoria y falsa que ofrece la protección de una potencia antes que la seguridad real que nace de una alianza sólida con el vecino.
Esta estrategia de fragmentación también se manifiesta en el ámbito tecnológico y científico. Se presiona a los países para que abandonen la cooperación técnica con ciertos actores bajo el pretexto de riesgos a la seguridad nacional, lo que en la práctica obliga a los estados en desarrollo a comprar tecnologías más caras o a quedar rezagados en la carrera por la innovación. La desconfianza se convierte así en un muro invisible que frena el flujo de conocimiento y el progreso colectivo.
Es necesario iniciar una lucha nacional y regional contra la Desconfianza Estratégica, imbuir a nuestros dirigentes, al PSUV, en ella de manera que podamos garantizar que los llamados a la unión de Simón Bolívar, Chávez, encontraran terrenos más fértiles en nosotros.
