Elementos para el conocimiento de la Guerra Económica contra Venezuela
Para los países que intentan alcanzar mayores niveles en su soberanía, que en lo económico significa transitar hacia la industrialización, el comercio y crecimiento del capital, deben también y fundamentalmente resistir los ataques que Estados Unidos prepara por todos los medios para impedirlo. Todo ese conjunto de medidas que se han tomado contra Venezuela constituye la Guerra Económica. El objetivo es impedir el funcionamiento del estado impidiendo por una parte la recepción de ingresos por el Estado y por la otra llevar a la pobreza a la mayor parte posible de la población, para acusar de ello al gobierno nacional. Su objetivo es forzar cambios políticos a su favor, sin un conflicto armado, afectando su producción, moneda y acceso a mercados internacionales.
Esta Guerra Económica viene envuelta en un paquete mediático que incluye acusaciones de "romper" el orden democrático, violación de recursos humanos, corrupción generalizada y narcotráfico.
Así que la inflación y la inestabilidad cambiaria son resultados primordiales de ataques externos diseñados para erosionar la viabilidad de cualquier proyecto autónomo. El análisis de nuestra situación resulta incompleto si se ignora que la arquitectura financiera global no es un campo de juego neutral, sino un escenario de confrontación y la moneda es un arma geopolítica y de sometimiento. Y todos los paises que toman el camino del progreso y la industrialización deben estar claros e incluirlo en sus previsiones que con ello, se activa de inmediato el arsenal de guerra económica que buscan controlarlo, forzar su colapso y el poder adquisitivo de su población. Ante ello surge como el mecanismo de defensa natural para los países, la capacidad de resistencia interna que depende de la eficiencia en la gestión de los recursos propios, la capacitación y el perfeccionamiento. Esto es lo que le da una capa de profundidad estratégica al cambio de paradigma productivo en nuestros países.
Es que si el sistema financiero global busca el colapso de nuestro poder adquisitivo, la creación de una arquitectura productiva propia basada en el trabajo y la técnica es la única forma de que la historia no caigamos bajo el peso de los centro de poder.
Estos ataques desatados con la Guerra Económica se manifiestan inicialmente a través de la asfixia financiera y el bloqueo del acceso a los mercados de crédito internacionales. Al cerrar las vías de financiamiento externo, los centros de poder empujan deliberadamente a los estados sometidos hacia una encrucijada: el abandono de sus planes de soberanía o la emisión monetaria para sostener el funcionamiento básico de la sociedad.
Una vez que el país se ve obligado a expandir su base monetaria ante la falta de divisas, los agentes especulativos, coordinados a menudo desde plazas financieras externas, lanzan ataques contra la moneda local. La creación de mercados paralelos de divisas, como dolartoday y la manipulación de las expectativas cambiarias que no responden a fundamentos económicos reales, sino a una estrategia para generar hiperinflación y quebrar la confianza de la población en su propia moneda y en su gobierno. Ya lo hemos vivido mucho.
En este contexto, el Banco Central de un país bajo ataque no se enfrenta a un problema técnico de "metas de inflación", sino a una batalla por la supervivencia nacional. La fuga de capitales inducida es el mecanismo mediante el cual el excedente económico producido por el trabajo local sale hacia los centros financieros globales, descapitalizando al país para evitar la inversión.
Esta fuga de recursos es presentada, en las campañas de desprestigio internacional, como una consecuencia de la "falta de seguridad jurídica", siendo en realidad un proceso de expropiación financiera para impedir la creación de una base industrial propia. La inflación, por tanto, se convierte en el síntoma de una soberanía herida por agresiones que buscan demostrar que cualquier intento de desarrollo fuera del contexto de Estados Unidos está condenado al desastre. Por esto también se explica la agresión a Irán.
Para los Bancos Centrales es una prueba que no pueden aprobar pues deben trascender su rol tradicional y convertirse en un baluarte de defensa económica, lo cual muchas veces no pueden concebirlo. Se encuentran en el centro de un frente de guerra económica. Implica la implementación de controles de capitales para evitar la pérdida del ahorro y la acumulación naciona mediante la fuga de capitales. Esta defensa de la moneda debe coordinarse con otras instituciones no financieras, para fortalecer la estructura productiva interna y reducir el nivel de importaciones que agotan las escasas divisas. Solo combatiendo monetariamente e identificando a la guerra económica como la causa raíz de sus desequilibrios, podrán los países pobres proteger su soberanía, su proceso de industrialización, crear un mercado propio de divisas, evitar la fuga de capital y acumularlo nacionalmente.
Para los paises que entregan el territorio financiero en esta guerra de alto nivel conceptual, hay que decirles que la sumisión no garantiza la paz económica, ni la salida del laberinto sino que viene luego el ensañamiento. Para países como Argentina, el sistema financiero global actúa con una memoria punitiva. Tampoco pueden retornar a las sendas de la ortodoxia, a los planes de ajuste del FMI o a la apertura de sus mercados, pues la "guerra económica" (lease, ganancias fáciles con coacción) no cesa, sino que se transforma. Se transforma en una desconfianza estructural permanente, en primas de riesgo prohibitivas y en una exigencia de reformas cada vez más agresivas que terminan por desmantelar lo que quede de su tejido industrial.
Asi que el plan de los Estados Unidos y sus instituciones no es que estos países controlen su inflación, sino que acepten un rol periférico y extractivo de manera perpetua. Si se someten, la guerra continúa mediante el endeudamiento impagable y fuga de capitales; si resisten, la guerra es abierta a través del bloqueo y el sabotaje cambiario, hasta anular la nación como economía soberana. La persecución persiste, la identidad productiva del país desaparece, convirtiéndolo en un territorio sin capacidad de decisión propia. La única salida real no es la rendición ante el opresor, sino la construcción de una arquitectura financiera que permita una acumulación de capital blindada frente a las presiones de los centros de poder.
