¿Codo a Codo?
Comienza abril y el escenario geopolítico actual nos presenta una de las paradojas más cínicas de la diplomacia estadounidense. Tras años de "máxima presión" y asfixia criminal contra el pueblo venezolano, hoy asistimos a un giro de guion que, lejos de ser un gesto de paz, representa una sofisticada operación de inteligencia y control de recursos.
Los recientes comentarios "cariñosos" de Donald Trump hacia la actual gestión de Delcy Rodríguez (acompañados del levantamiento de las sanciones personales que pesaban sobre ella) no son producto de una epifanía humanista, sino del pragmatismo extractivista del imperialismo 3.0.
La narrativa de una "hermosa sociedad petrolera" entre Washington y Caracas es el caballo de Troya del siglo XXI. Trump, fiel a su estilo de businessman, ha comprendido que el control directo del flujo energético es más rentable que el sabotaje externo. Al eliminar las sanciones a figuras clave, el Departamento de Tesoro no está reconociendo derechos; está comprando tiempo y acceso.
El interés imperial está nítidamente fijado en un horizonte de dieciocho meses: un periodo de "estabilidad" necesaria para que las transnacionales estadounidenses (con Chevron a la cabeza y los diluyentes fluyendo de nuevo) aseguren ganancias extraordinarias que oxigenen la economía norteamericana en tiempos de incertidumbre global.
Esta tregua petrolera es, en esencia, una transacción financiera donde la soberanía venezolana es vista como un activo a liquidar. La retórica de "nuevas elecciones" ha sido desplazada al fondo del cajón, para ser usada solo cuando los inventarios de crudo en las refinerías de la Costa del Golfo estén lo suficientemente llenos.
Lo más alarmante para el análisis de nuestra soberanía nacional no es el intercambio comercial, sino la intención política subyacente. El imperialismo está aplicando la clásica técnica de la "cuña". Al validar a ciertos actores mientras se mantiene la persecución contra otros, Washington intenta trazar una línea divisoria artificial dentro del chavismo.
La salida de ministros y funcionarios etiquetados por la narrativa externa como "maduristas" es interpretada en los pasillos de la Casa Blanca como una oportunidad de fractura. El plan es evidente:
Sedatizar a una parte de la dirigencia con la promesa de normalización económica.
Sedatizar a una parte de la dirigencia con la promesa de normalización económica.
Aislar al núcleo que mantiene la línea histórica de resistencia soberana.
Aislar al núcleo que mantiene la línea histórica de resistencia soberana.
Fragmentar la unidad cívico-militar que ha sido el escudo de la República.
Fragmentar la unidad cívico-militar que ha sido el escudo de la República.
El gesto de Trump de "limpiar" expedientes personales es una herramienta de manipulación psicológica que busca generar desconfianza interna. ¿Cómo puede ser "hermosa" una sociedad con quien hace apenas meses intentaba implosionar el Estado?
La "amistad" de Trump es proporcional al número de barriles que necesita. No hay afecto en la geopolítica del capital, solo intereses. El término "¿Codo a Codo?" que hoy resuena debe ser leído con sospecha estructural. Mientras el capital internacional celebra el retorno al "business as usual", nosotros debemos recordar que el objetivo final del imperio no ha cambiado, solo ha cambiado de ritmo.
El verdadero reto de la Venezuela de hoy es aprovechar la ventana de oportunidad económica sin entregar las llaves de la casa. El chavismo, como fuerza histórica, debe entender que la sonrisa del magnate es el preludio de una nueva forma de asedio: una que no usa misiles, sino chequeras y susurros de legitimidad condicionada. La unidad nacional es, hoy más que nunca, nuestra única garantía contra la "hermosa" trampa del abrazo imperial.
¿La actual apertura económica está fortaleciendo la infraestructura nacional o simplemente creando una nueva dependencia bajo términos de capitulación silenciosa?
