¿Dijo usted Pragmatismo Chavista?
Cómo el chavomadurismo sin Maduro aprendió a llamar “pragmatismo” a la rendición, y “salvar la República” a la entrega de los recursos del país a la administración Trump a cambio de su permanencia en el poder.
Este ensayo examina el concepto de “pragmatismo chavista” invocado por Francisco Ameliach para justificar las reformas impulsadas por Delcy Rodríguez tras la intervención estadounidense de enero de 2026. Frente a la narrativa de una resistencia táctica que sacrificaría lo accesorio para preservar lo esencial, lo que encontramos es algo bastante más inquietante: una capitulación cuyo desenlace parecía prefigurado de antemano. La invitación al “desarrollo compartido” con Washington apareció simultáneamente al grito de “secuestro”, sin transición ni explicación. A través de una cronología de concesiones (Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH) violatoria de la Constitución, las licencias OFAC que confiscan la renta y anulan la jurisdicción soberana, la apertura minera bajo supervisión colonial, etc.) se revela una arquitectura de sometimiento que convierte a Venezuela en un protectorado de facto[1]. El ensayo refuta además tres argumentos centrales de Ameliach: la amenaza generalizada de exterminio físico, construida sobre una supuesta llamada telefónica no confirmada cuya magnitud tampoco puede acreditarse; el argumento nuclear, que en este conflicto específico no tuvo ningún sustento real; y la contradicción interna de su propia “estrategia de relevancia”, que las concesiones que él defiende hacen imposible. Lo paradójico es que quienes invocan el legado de Chávez para justificar la entrega repiten, punto por punto, la historia de Juan Vicente Gómez que él mismo denunciara. El ensayo concluye que nombrar esta entrega con precisión (esto no es pragmatismo, es rendición; esto no es salvar la República, es liquidarla en cuotas) constituye el primer acto de resistencia posible.
Introducción: Del secuestro a la tutela, o la confusión deliberada entre pragmatismo y oportunismo
En febrero de 2026, cuando aún se recogían los escombros dejados por el ataque militar norteamericano en Caracas y otras locaciones, Francisco Ameliach, veterano dirigente chavista que presidió la Asamblea Nacional entre 2003 y 2005, publicó un artículo que pretendía ser esclarecedor al menos para las bases del oficialismo: “Pragmatismo chavista bajo condiciones de asedio y guerra multifactorial”[2]. Allí distinguía entre un pragmatismo “absoluto o neoliberal”, motor de “despolitización”, y un pragmatismo “chavista”, táctica de resistencia para salvar “lo principal: la existencia de la República”. Citando a Chávez nos invitó: “No nos dejemos encajonar en dogmas. El dogmatismo es el peor enemigo de la creación revolucionaria”, Ameliach justificaba las reformas adelantadas por el gobierno de Delcy Rodríguez como cálculo de supervivencia bajo lo que denominó “asedio y guerra multifactorial”.
La metáfora que escogió días después en redes sociales[3] resultaba más reveladora de lo que pretendía: comparó la situación con un secuestro donde Rodríguez negociaba “inteligentemente” con los captores, potenciando la “relevancia estratégica” de Venezuela haciendo uso de sus reservas petroleras. Lo que Ameliach no explicitaba era el precio de ese rescate: la transformación de Venezuela en un protectorado petrolero económico de los EE.UU., la cesión de su patrimonio petrolero y minero y la restauración de una tutela imperial que el chavismo auténtico (el de Hugo Chávez) juró destruir. Pero hay algo más que Ameliach tampoco explicita, y que la metáfora misma deja al descubierto: un secuestrado que negocia con sus secuestradores no entrega la caja fuerte familiar, ni nombra al secuestrador administrador de sus cuentas. El secuestrado que hace eso ha dejado de ser víctima para convertirse en cómplice. O, peor aún, ha descubierto que el secuestro era, en el fondo, un guion ensayado para justificar ante los suyos la entrega que ya había decidido.
Esta tensión entre el discurso de resistencia y la realidad de la sumisión exige un examen riguroso que distinga, claramente y más allá de la retórica, lo que según el Prof. Javier Biardeau, constituye la diferencia entre pragmatismo y oportunismo[4]. El primero mantiene “coherencia con objetivos de fondo”; el segundo sacrifica principios por “ventajas personales, de grupo o de corto plazo, sin criterio ético ni visión de futuro”. El oportunismo se reconoce cuando se negocia “lo que antes llamaba principio”, cuando se justifican “giros bruscos sin explicación coherente”, cuando se pasa del “socialismo” al “capitalismo de libre mercado” o de la “lucha anti-imperialista” a “nuestro mejor socio” sin mediar argumento.
Aplicando este test a la actuación del gobierno de Rodríguez, el resultado es inequívoco. El 15 de octubre de 2025, la entonces vicepresidenta advertía: “Hay una poderosa unión popular, policial, militar para la defensa integral de la nación. ¿Quién puede con nosotros? Nadie”. El 4 de enero de 2026, apenas 24 horas después de la intervención que capturó a Maduro, firmaba ya como “presidenta encargada” -antes incluso de ser juramentada- un comunicado invitando a EE.UU. a “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido”. Entre una frase y otra no mediaron 90 días, ni una explicación, ni un debate: mediaron las bombas que allanaron el camino a la sumisión. El giro no fue táctico sino existencial y nadie se molestó en fingir coherencia. La “lucha antiimperialista” de toda una vida se convirtió de la noche a la mañana en una extraña amistad con el imperio, cuyo líder es ahora el nuevo “socio y amigo”, y la soberanía energética que se había defendido durante décadas terminó cedida en fondos controlados por Washington. Difícilmente podría ajustarse mejor la descripción de Biardeau: se negociaba “lo que antes llamaba principio”, se justificaba el giro “sin explicación coherente”, y se pasaba de la “lucha antiimperialista” a “nuestro mejor socio” sin mediar argumento.
El pragmatismo genuino, en cualquiera de sus tradiciones, tiene una condición que lo distingue del oportunismo: la posibilidad de la retractación. El gobernante que experimenta con una política y comprueba que falla, puede corregir el rumbo. El gobernante que firma concesiones petroleras por décadas, en los que se ceden las regalías y los impuestos hasta niveles ridículos, que entrega la jurisdicción a tribunales extranjeros y canaliza la renta a fondos controlados por Washington no está “experimentando”: está hipotecando, no solo el presente sino incluso el futuro de generaciones enteras. No hay ensayo, no hay error posible, no hay corrección: hay un giro irreversible que ningún gobierno futuro podrá deshacer sin costos que ningún venezolano podrá pagar. Lo que resulta de todo ello tiene muy poco que ver con el pragmatismo: es, en el sentido más literal, la clausura de la política como posibilidad.
El propio Ameliach, sin advertirlo, describe con precisión lo que hoy practica. Quien dice “no soy ideológico, soy práctico” no ha escapado de la ideología: ha abrazado la más peligrosa de todas, la que presenta el orden existente, en este caso, el orden imperial, como si fuera una ley natural, inevitable e inapelable. El “pragmatismo chavista” de 2026 no imagina futuros distintos al que determina el tipo de relación que ha establecido con los EEUU: administrar un protectorado petrolero y minero, (por ahora sin siquiera una fachada democrática), único futuro que Washington ha autorizado. Convierte la política en lo que Chávez llamaba su peor pesadilla: el “mantenimiento del sistema imperialista”. Y lo hace usando el nombre de Chávez.
El Chávez que cita Ameliach, ese que en El Libro Azul[5]. rechazaba el “fin de las ideologías” y proponía un “modelo ideológico autóctono”, ciertamente practicaba una flexibilidad táctica pero anclada en principios. Priorizaba la unidad sin renunciar a la soberanía; negociaba sin entregar el patrimonio nacional. Como él mismo advertía en su Aló Presidente Teórico Nro. 3: “El otro extremo es el pragmatismo donde no hay teoría... Debe ser la combinación de ambas: teoría y praxis”[6]. Su anti-dogmatismo no era ausencia de convicciones sino rechazo vehemente a la rigidez estéril: “Unidad, unidad, unidad. Debemos ser capaces de trabajar con quienes no piensan exactamente igual que nosotros en aras de un objetivo superior”.
El “pragmatismo chavista” de 2026, en cambio, se parece sospechosamente a lo que el propio Ameliach critica como “absoluto”. Justifica giros de 180 grados (de condenar rabiosamente al imperialismo a mantener con él una “cooperación tremenda”) sin ofrecer una explicación coherente que los sustente. Convierte la política en administración del sistema que dice combatir, erosionando la mística que alguna vez movilizó a quienes creyeron en la soberanía como valor irrenunciable. Cuando Biardeau advierte que el oportunismo disfrazado “negocia lo que antes llamaba principio”, describe con exactitud el mecanismo retórico de Rodríguez: con cada reforma que propone, con cada agradecimiento que le hace a Trump, entrega recursos y elementos estratégicos y lo presenta como la salvación de la República, cuando en rigor la condena a una tutela permanente.
El propio Hugo Chávez, desde los albores de su gobierno, había alertado contra este peligro. En su discurso de juramentación para el segundo período constitucional, en agosto de 2000, lanzó una advertencia que mantiene hoy con profética actualidad:
“No hay revolución sin ideología revolucionaria. No olvidemos eso más nunca ¡Cuidado con el pragmatismo, del tareísmo de todos los días, de la agenda de todos los días, de los compromisos!... Tómense aunque sea un minuto de todos los días para recordar la ideología”[7].
El “tareísmo”, la obsesión por resolver la tarea inmediata sin preguntarse por el costo estratégico, es exactamente lo que denunciamos desde estas notas: cada concesión hecha desde enero de 2026, podrá resolver una presión o una demanda inmediata para la elite dirigente, pero construye un mecanismo de tutela y sometimiento permanente para el país en su conjunto.
La secuencia que sigue no es un simple relato cronológico, sino la evidencia de un patrón. Cada gesto de desafío inicial encontraba su contraparte de sumisión casi inmediata, revelando que el «pragmatismo» ha estado enmascarando la metamorfosis del régimen político tutelada desde Washington, cuyo guion probablemente estaba ya escrito.[8] [9].
La velocidad de la capitulación: una cronología de concesiones
Como sabemos, el 3 de enero de 2026, se produjo una intervención militar estadounidense sobre suelo venezolano, bautizada como “Operation Absolute Resolve” por Washington. Mediante esta operación, fueron capturados Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, en su búnker de seguridad ubicado en el corazón de la principal instalación militar del país, Fuerte Tiuna, y de allí trasladado a Nueva York donde permanece encarcelado[10] mientras enfrenta cargos por narcoterrorismo. La entonces Vicepresidenta Ejecutiva de la República, Delcy Rodríguez, en su primer comunicado, emitido el 4 de enero, condenó la acción como “secuestro” y reafirmó que Maduro seguía siendo el “único presidente legítimo”, rechazando explícitamente las declaraciones de Trump sobre que EE.UU. “gobernaría” temporalmente Venezuela[11].
Esta postura inicial no surgía de la nada. Durante años, pero especialmente en los últimos meses de 2025, Maduro y los suyos, incluida Delcy Rodríguez, se habían mostrado desafiantes frente a las amenazas de Trump. Maduro repetía con frecuencia que Venezuela estaba preparada para una “resistencia unida, popular, prolongada” contra cualquier agresión externa, apelando al concepto de Guerra Popular Prolongada Revolucionaria como estrategia de defensa asimétrica que involucraría al pueblo armado contra un invasor superior. En octubre de 2025, por ejemplo, Maduro presumió públicamente de que el país contaba con “más de 5.000 misiles antiaéreos rusos Igla-S” desplegados en posiciones clave, advirtiendo que “cualquier fuerza militar del mundo sabe el poder de los Igla-S” y agregando un mensaje implícito de amenaza: “el que entendió, entendió”[12]. Diosdado Cabello, por su parte, amenazó con pasar de una “revolución pacífica a una revolución armada” y una “guerra de resistencia prolongada”, afirmando que “si se meten con Venezuela esa guerra no va a durar dos días... serán 100 años de guerra, pero los vamos a derrotar”.[13] Delcy Rodríguez, en declaraciones previas a la intervención, había advertido que cualquier invasión sería un grave error para el imperio, enfatizando la disposición de combate del chavismo soberanía y rechazando la injerencia imperialista. En sus palabras:
“Aquí estamos los campesinos en filas, en la vanguardia por la defensa de Venezuela. Que no se atrevan porque seremos su peor pesadilla y las peores calamidades del pueblo estadounidense están por venir si ellos se atreven a agredir al pueblo de Bolívar. Lo deben tener muy claro.”[14]
En el mismo tono desafiante llegó a decir:
“…quienes quieren entregar a Venezuela, los recursos naturales, el extremismo fascista, se está encontrando con el puño infranqueable del pueblo organizado. Con nosotros no van a poder (…) Hay una poderosa unión popular, que hoy se traduce en una unión popular, policial, militar para la defensa integral de la nación. ¿Quién puede con nosotros? Nadie.”[15]
Lo que hace más revelador este contraste entre el discurso público y los hechos es que, según un informe del New York Times publicado en octubre de 2025[16], mientras Maduro alardeaba de disponer de misiles Igla-S y una estrategia de resistencia prolongada, sus propios funcionarios de más alto rango negociaban en privado con Washington prácticamente el mismo paquete de concesiones que hoy implementa Rodríguez. De acuerdo con ese informe, en el marco de conversaciones con un funcionario estadounidense de alto rango, los principales colaboradores de Maduro, con su anuencia, ofrecieron abrir todos los proyectos petroleros y auríferos a empresas estadounidenses, conceder contratos preferenciales, redirigir el flujo de exportaciones de petróleo de China a Estados Unidos y reducir drásticamente los contratos energéticos y mineros con empresas chinas, iraníes y rusas. En palabras del propio NYT, se trataba de concesiones que “en esencia, eliminarían los vestigios del nacionalismo de recursos que constituye el núcleo del movimiento de Chávez.” Si el reporte es exacto, la interpretación más coherente de lo ocurrido el 3 de enero no es la de una capitulación sorpresiva ante lo inevitable: es la de una negociación previa en la que Trump aceptó la oferta, pero decidió prescindir de Maduro como interlocutor, prefiriendo a Delcy Rodríguez como administradora del acuerdo[17]. El “pragmatismo chavista” no habría emergido como respuesta a la crisis, sino que ya estaba negociado antes de que estallara.
La ausencia de cualquier resistencia militar significativa contrastó de manera notable con la narrativa de fortaleza defensiva que el gobierno había sostenido durante años, y particularmente los últimos meses. En el lapso comprendido entre la intervención armada del 3 de enero de 2026 y las veinticuatro horas siguientes, la capacidad defensiva anunciada, que incluía sistemas de misiles tierra-aire, millones de milicianos y planes de guerra prolongada, no se tradujo en ninguna forma visible de oposición militar organizada. Y por insólito que parezca, apenas veinticuatro horas después de la agresión norteamericana, en un comunicado difundido en sus redes sociales y firmando ya como “Presidenta encargada” (a pesar de no haber sido juramentada aún en ese cargo), Rodríguez invitaba a EE.UU. “...a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional.”.[18].
El giro fue más que brusco. Rodríguez pasó de condenar el “secuestro” de Maduro como una violación flagrante a comportarse como una aliada dócil de Washington, cooperando de forma inmediata con la liberación de algunos presos políticos y promoviendo en tiempo record una de las reformas legales más sensibles para el país, la de la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH)[19] altamente lesiva a los intereses del país, y por demás, violatoria de lo establecido en la constitución. Esta capitulación instantánea no solo desmiente la supuesta preparación anunciada, sino que expone el “pragmatismo chavista” como un eufemismo para la rendición: lo que se vendía como fortaleza invencible resultó ser propaganda burda, disuelta al primer contacto con la realidad imperial.
Este gesto, simultáneo al supuesto desafío, revela la lógica que regiría las semanas y meses siguientes: la retórica de resistencia funcionaría como pantalla para una sumisión inmediata. No hubo transición, ni siquiera pausa dramática entre la condena y la colaboración. El “pragmatismo” no emergió como respuesta a la presión prolongada, sino como disposición previa, como guion que solo esperaba su momento para ejecutarse. La juramentación de Rodríguez como presidenta interina ante la Asamblea Nacional el 5 de enero[20], consolidó esta dualidad. Mientras el discurso oficial mantenía la legitimidad de Maduro como “único presidente”, los hechos avanzaban hacia su sustitución efectiva (nada temporal) por un gobierno que negociaba su propia existencia con el poder que había propiciado su instalación por la fuerza.
El calendario de concesiones que siguió no respondió a una escalada de presiones explícitas, sino a lo que luce más como una secuencia previsible y previamente acordada de entregas. El 15 de enero, ocurrió uno de los hechos más sintomáticos de todo este período que examinamos. Ese día, nada menos que el director de la CIA John Ratcliffe[21] visitó Caracas con el objetivo declarado de consolidar “…la cooperación en materia de inteligencia, la estabilidad económica y la necesidad de garantizar que el país deje de ser un refugio seguro para los adversarios de EE.UU., especialmente los narcotraficantes”. Se trataba de la visita del funcionario de más alto nivel de los EEUU que visitaba Venezuela después del ataque del 3 de enero. Apenas 13 días separaban una fecha de la otra. Algunas fuentes indican además, que el plan es establecer una base permanente de la CIA en Venezuela[22], entidad que como es sabido, tuvo un rol estelar en la operación que culminó con la captura de Maduro.
La visita de Ratcliffe no fue un episodio aislado; marcó el inicio de una serie de encuentros que institucionalizaban el esquema de subordinación/sometimiento que tiende a consolidarse tras la deposición por la fuerza de Maduro. Le siguió el secretario de Energía, Chris Wright, quien arribó al país el 11 de febrero[23], y acompañado por Delcy Rodríguez recorrió instalaciones petroleras y discutió el liderazgo de PDVSA, vinculando directamente la reforma de la LOH con la posibilidad de que Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés), emitiera licencias que autorizaran o ampliaran transacciones y operaciones petroleras que de otro modo estarían prohibidas por el régimen de sanciones.
El 18 de febrero, el jefe del Comando Sur de EE.UU., Richard C. Donovan[24], quien supervisó la operación militar que capturó a Maduro, visitó Caracas y se reunió con Rodríguez, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello. Esta “visita histórica” se enfocó, según los EEUU, en “el entorno de seguridad, en los pasos necesarios para garantizar la implementación del plan de tres fases del presidente Donald Trump, particularmente la estabilización de Venezuela, y en la importancia de una seguridad compartida en todo el hemisferio occidental”[25], todo ello traducido como la normalización militar post-intervención, consolidando la tutela estadounidense sobre las fuerzas armadas venezolanas.
La reforma parcial de la LOH fue aprobada el 29 de enero[26] por el voto unánime de los diputados oficialistas y de las fracciones opositoras que hacen vida en la Asamblea Nacional, tras una primera discusión el 22 de enero que evidenció una dinámica de urgencia servil, que contrastó con el modo como, en 2001, se desarrolló el proceso que concluyó en la promulgación de la LOH ese año, que incluyó la designación por parte de Chávez de una Comisión Presidencial[27] tuvo por objeto “…recabar, analizar y formar criterio sobre las observaciones que pudieren formarse al proyecto de Ley Orgánica de Hidrocarburos, elaborado por el Ejecutivo Nacional.”[28]. En dicha Comisión estuvieron personajes como Álvaro Silva Calderón, Mashar Al Shereidah, Alí Rodríguez Araque, Guaicaipuro Lameda y otros con el mandato de expreso dado por Chávez de velar por los intereses supremos del país:
“Yo les deseo mucha suerte. Les agradezco a nombre de todos, el esfuerzo que sé van a aplicar a sus labores; la experiencia que tienen todos y especialmente un grupo de venezolanos que nos acompañan en el día de hoy y que tienen años y años pensando y luchando por Venezuela, abriendo espacios, debates, pues llegó el momento de que todas esas ideas y luchas converjan en una sola que no tiene otro nombre que Venezuela. Venezuela su futuro; Venezuela su desarrollo; Venezuela su pueblo; Venezuela su Nación.”[29]
La unanimidad parlamentaria con la que se aprobó la reforma (oficialismo y oposición votando conjuntamente para desmantelar el monopolio estatal del petróleo, lesionando gravemente los intereses del país), aunada al tácito silencio o a las tímidas respuestas del resto de la oposición al respecto, pone de manifiesto que la entrega de soberanía no solo respondía a demandas o presiones externas sobre un régimen aislado, sino que incluía además un consenso entre las élites venezolanas sobre el modelo de acumulación por venir.
La reforma quebró el monopolio estatal de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) al permitir operaciones directas de empresas privadas extranjeras sin la obligación de constituir joint ventures, es decir, asociaciones empresariales en las que una compañía estatal y una privada comparten inversión, riesgos y control de los proyectos. Asimismo, flexibilizó el régimen fiscal petrolero al establecer regalías de hasta el 30 % negociables caso por caso y eliminar gravámenes como el impuesto al consumo. Sin embargo, el alcance de la reforma no fue únicamente económico: también reconfiguró la arquitectura institucional que históricamente había sustentado la soberanía petrolera venezolana. Por un lado, debilitó la función legislativa de la Asamblea Nacional al delegar en el Ejecutivo la determinación efectiva de las regalías; por otro, erosionó la supremacía jurisdiccional de la República al permitir que las controversias derivadas de contratos petroleros pudieran dirimirse en tribunales internacionales. Esta disposición contraviene abiertamente el artículo 151 de la Constitución de 1999, que establece que en los contratos de interés público las controversias “serán decididas por los tribunales competentes de la República (…) sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”.
No se trató de una improvisación táctica, sino de la materialización de una arquitectura institucional orientada a la cesión del control sobre el principal recurso estratégico del país. Cada cláusula de la reforma facilita la penetración y operación directa de capital extranjero sobre un sector que la Constitución declara “inalienable” (art. 302), mientras que los distintos mecanismos de bypass institucional (delegación normativa al Ejecutivo y sometimiento de controversias a tribunales extranjeros), operaban como dispositivos complementarios de erosión de la soberanía. En conjunto, estas disposiciones configuran un esquema jurídico-institucional que debilita simultáneamente los fundamentos de la soberanía económica y jurisdiccional de la República.
Las licencias emitidas por la OFAC entre febrero y marzo de 2026 completaron el andamiaje jurídico de esta apertura forzada. La General License 46A[30] autorizaba determinadas actividades relacionadas con el petróleo venezolano; la GL-47[31] permitía la venta de diluyentes estadounidenses; la GL-48[32] habilitaba el suministro de bienes y servicios al sector petrolero; la GL-49[33] autorizaba contratos contingentes para inversiones; la GL-50A[34] facilitaba transacciones con entidades específicas como Chevron; y la GL-51[35], emitida el 6 de marzo, extendía estas autorizaciones al comercio de oro venezolano. En conjunto, este paquete regulatorio completaba el marco operativo para la reactivación de inversiones extranjeras en sectores estratégicos. El mensaje era inequívoco: la “flexibilidad” mostrada por Delcy Rodríguez encontraba su correlato en la “flexibilidad” administrativa de Washington, configurando una relación de mutua adaptación en la que la soberanía venezolana comenzaba a negociarse de manera fragmentaria.
Paralelamente, los vínculos diplomáticos se restablecieron con una rapidez que difícilmente puede explicarse sin algún grado de coordinación previa. Laura Dogu[36] arribó el 31 de enero como jefa de misión para reabrir la embajada de EE.UU. en Caracas, cerrada desde 2019. Pocos días después, entre el 2 y el 3 de febrero, Félix Plasencia fue designado representante venezolano en Washington[37], facilitando la reanudación de un diálogo que, en la práctica, ya no se desarrollaba entre interlocutores plenamente equivalentes, sino en términos marcadamente asimétricos. La normalización institucional de las relaciones con la formalización del funcionamiento de embajadas y consulados, se completó entre el 5 y el 6 de marzo[38].
El caso del ámbito minero es más que revelador de la disposición del gobierno de Delcy Rodríguez para someterse al dominio de los EEUU. El 4 de marzo, el Secretario del Interior Doug Burgum llegó a Caracas, en visita de dos días con el propósito declarado de trabajar “..por un sector minero legítimo y cadenas de suministro de minerales críticos seguras”[39] para los EEUU, incluidos el oro y otros minerales estratégicos como el Coltán. Ese mismo día se reunió en el Palacio de Miraflores con Rodríguez. A dicho encuentro asistieron además la representante diplomática norteamericana Laura Dogu y Diosdado Cabello. La visita se inscribía en los esfuerzos de Washington por impulsar inversiones extranjeras y asegurar el acceso a minerales considerados estratégicos para industrias tecnológicas y de defensa.
Tras el encuentro, una sonriente Rodríguez ofreció declaraciones públicas en las que subrayó el carácter “positivo” de la reunión y agradeció un mensaje difundido por Donald Trump en su plataforma Truth Social, donde el mandatario estadounidense afirmó que la presidenta encargada “está haciendo un gran trabajo” al frente de Venezuela y destacó que el petróleo venezolano “está comenzando a fluir” nuevamente hacia Estados Unidos. En palabras de Rodríguez:
“Quiero igualmente agradecer al presidente de los EE.UU., Donald Trump, que en medio de nuestra reunión escribió un post saludando lo que es esta agenda de trabajo entre el gobierno de los EE.UU. y el gobierno de Venezuela.”[40].
En su declaración, Rodríguez enfatizó que su gobierno “está a la disposición” de cooperar con los EEUU, y anunció que presentaría ante la Asamblea Nacional en los días siguientes una propuesta de Ley de Minas, y solicitó a los diputados celeridad en su aprobación.[41] Burgun, por su parte, señaló que, las empresas mineras norteamericanas esperan que el nuevo marco legal tenga el estilo del que se modificó para el sector petrolero.[42]
Dos días después de la visita de Burgun, el 06 de marzo, la OFAC emitió la Licencia GL-51[43], mediante la cual se autorizaban determinadas transacciones relacionadas con el oro de origen venezolano (incluyendo su exportación, refinación y comercialización por entidades estadounidenses) dentro del régimen de sanciones vigente. Ese mismo día, el funcionario anunció la llegada a Estados Unidos de un primer cargamento de oro venezolano valorado en aproximadamente 100 millones de dólares[44]. Finalmente, el lunes 9 de marzo, apenas cinco días después de la llegada del alto funcionario estadounidense, la Asamblea Nacional aprobó en primera discusión el Proyecto de Ley Orgánica de Minas[45], iniciativa que abriría la explotación de oro, diamantes y tierras raras (recursos que durante décadas habían estado reservados mayoritariamente al Estado) a la participación de capital extranjero.
Esta urgencia solo es comparable a la que el gobierno imprimió a la reforma de la LOH. No tuvo nada de esa urgencia, en cambio, la Ley de Amnistía recientemente aprobada que no mostraron un ritmo semejante de tramitación ni de ejecución. El contraste no es anecdótico y resulta aún más evidente frente a la lentitud que habitualmente caracteriza la dinámica parlamentaria en el país. Es evidente que hay una disposición muy alta a complacer los deseos de Washington con la mayor eficiencia posible, y una disposición comparativamente menor hacia todo aquello que no genere beneficios inmediatos para la elite dirigente. Más aún, la secuencia y coordinación de las decisiones adoptadas permiten inferir que los lineamientos fundamentales de la reestructuración económica habían sido discutidos o, al menos, contemplados previamente por los actores involucrados.
Conviene no perder de vista que este conjunto de transformaciones tiene como telón de fondo el denominado Plan Rubio[46], anunciado por el secretario de Estado Marco Rubio el 7 de enero, apenas cuatro días después de la agresión militar estadounidense. El mismo plantea una estrategia de tres fases: estabilización, recuperación y transición, mediante la cual EEUU ejercerá una tutela prolongada sobre el país tras la caída del gobierno anterior. En una primera etapa se prevé la estabilización económica, particularmente a través del control del sector petrolero venezolano y de los ingresos derivados de su comercialización, que EEUU administraría para influir sobre las autoridades provisionales y financiar la reactivación económica. La segunda fase, denominada recuperación, se orientaría a la reconstrucción institucional y productiva del país, promoviendo la apertura del mercado venezolano a la inversión extranjera (especialmente de empresas occidentales), y fomentando procesos de “reconciliación nacional”. Finalmente, la tercera etapa correspondería a la transición política, centrada en la reconstrucción de la sociedad civil y en la celebración de elecciones destinadas a restablecer la normalidad institucional, aunque bajo un proceso inicialmente condicionado por el amplio margen de presión y control que Washington se reserva sobre los recursos energéticos y la evolución política venezolana. En este sentido, El Plan Rubio no es un proceso de acompañamiento para la recuperación de la democracia venezolana: es, básicamente, un manual de administración colonial. Pocos como el senador demócrata por Connecticut, Chris Murphy, de Connecticut describieron este plan con mejores palabras:
“Hablan de robar el petróleo de Venezuela a punta de pistola durante un tiempo indefinido, como medida de presión para controlar al detalle ese país. La ambición e insensatez de este plan es completamente chocante”.[47]
Y sin embargo, este es el plan que no solo la dictadura heredada de los Rodríguez, sino muchos dirigentes políticos venezolanos, incluidos casi todos los de oposición, han visto con beneplácito y satisfacción, y cuya aceptación por parte de Delcy Rodríguez es la que considera Ameliach una “gestión inteligente de pragmatismo chavista.
Razón tiene Donald Trump de referirse Venezuela como su nuevo socio y amigo: “La producción de petróleo estadounidense ha aumentado en más de 600,000 barriles por día, y acabamos de recibir, de nuestro nuevo amigo y socio, Venezuela, más de 80 millones de barriles de petróleo.”[48] Lo vergonzoso e indignante es la respuesta de Delcy Rodríguez en tono casi suplicante:
“El presidente Trump ayer dijo que era amigo y socio de Venezuela. Y yo celebro y saludo ese concepto que se tenga de Venezuela porque Venezuela nunca ha sido país enemigo de los EE.UU.. Venezuela nunca ha sido país que amenace a los EE.UU. ni a ningún país del planeta.
“Presidente Trump: como amigos, como socios que estamos abriendo una nueva agenda de cooperación con los EE.UU., cese ya a las sanciones y cese al bloqueo contra nuestra patria. Porque ese bloqueo también es contra la juventud venezolana, y la juventud venezolana en pleno pide cese ya de las sanciones, cese ya del bloqueo contra Venezuela.”[49]
Los cinco grilletes: arquitectura del sometimiento en las licencias OFAC
Las licencias emitidas por la mencionadas anteriormente no son simples autorizaciones administrativas que facilitan el comercio internacional: constituyen el manual operativo detallado de una administración de corte colonial, cuyas cláusulas específicas traducen en mecanismos concretos la subordinación y el sometimiento que la retórica del “desarrollo compartido” oculta o disimula. Un examen riguroso de su contenido revela cinco instrumentos de control, cada uno encadenado al siguiente que configuran una lógica de control/dependencia estructural.
El primer mecanismo opera sobre la renta. Las licencias GL-46A, GL-48, GL-50A y GL-51 establecen que los pagos al gobierno venezolano o a PDVSA deben realizarse en los denominados Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros “Foreign Government Deposit Funds” creados por la Orden Ejecutiva 14.373[50] [51] del 9 de enero de 2026, o en cuentas que instruya el Departamento del Tesoro. En concreto, Venezuela no recibe directamente los ingresos por la venta de su petróleo, sus minerales ni su oro: estos son canalizados a fondos controlados por Washington, que decide su destino y sus condiciones de liberación. La renta petrolera y aurífera, base histórica de la soberanía, es apropiada en origen. Llamarle “cooperación” a este mecanismo requiere una dosis considerable de eufemismo: lo que describe es una expropiación masiva encubierta, en la que el “pragmatismo” cumple la función de ocultar una pérdida de autonomía financiera sin precedentes en la historia reciente del país.
El segundo mecanismo destruye la jurisdicción. Las licencias GL-46A, GL-47, GL-48, GL-50A y GL-51 imponen que los contratos se rijan por leyes estadounidenses y que las disputas se resuelvan en tribunales de EE.UU., en abierta violación del artículo 151 de la Constitución, que prohíbe que los contratos de interés público “den origen a reclamaciones extranjeras”. Al aceptar estos convenios, el gobierno de Rodríguez entrega sin atenuantes la resolución de conflictos sobre recursos estratégicos a la jurisdicción del mismo poder que ejecutó una intervención militar sobre suelo venezolano hace apenas dos meses. Que la relación sea asimétrica y que el más fuerte la imponga, se comprende; lo que resulta difícil de comprender es la disposición entusiasta con que se acepta.
El tercer mecanismo restringe a quién beneficia la apertura. La licencia LG-50A no autoriza a cualquier inversor: establece una lista cerrada de seis corporaciones occidentales (BP, Chevron, Eni, Maurel & Prom, Repsol y Shell), como únicas beneficiarias, excluyendo explícitamente a competidores chinos o rusos y a la propia industria venezolana. Lo que se presenta como apertura al mercado es en realidad una asignación en condominio a un cartel supervisado por el Tesoro estadounidense, sin posibilidad de competencia ni de participación venezolana autónoma, y en contradicción directa con el modelo de alianzas Sur-Sur que Chávez buscaba construir precisamente para romper esos carteles.
El cuarto mecanismo bloquea el desarrollo negando la posibilidad de incorporar valor agregado al proceso extractivo del oro. La licencia LG-51 prohíbe explícitamente la refinación de oro en Venezuela y la formación de empresas conjuntas (joint ventures) para esas actividades. Venezuela debe enviar su oro en bruto a EE.UU. para su procesamiento, renunciando a desarrollar capacidad técnica propia y quedando reducida al rol colonial de proveedora de materia prima. Es la “maldición de los recursos” que Chávez denunció convertida en obligación contractual: el petróleo y el oro no sirven a la soberanía productiva, sino a la exportación cruda.
El quinto mecanismo instala la vigilancia permanente. Los beneficiarios deben reportar detalladamente a las autoridades estadounidenses prácticamente todo lo que hacen (partes involucradas, cantidades, valores, fechas, pagos de impuestos, etc.) cada 90 días para petróleo y cada 30 para oro. Este régimen convierte la administración venezolana en una operación completamente transparente para Washington, que acumula información estratégica para ajustar continuamente las condiciones de la tutela.
Las licencias que autorizan la actividad petrolera y minera (oro) no constituyen en modo alguno una recuperación de la autonomía económica, sino todo lo contrario: la formalización de un tutelaje administrativo. Y sobre todo esto pende una cláusula de revocación discrecional: la OFAC puede suspender en cualquier momento las licencias que autorizan las actividades petroleras y mineras. El flujo de caja nacional depende, en última instancia, de la validación continua de Washington. Cualquier desviación de los mecanismos de control impuestos o cualquier incumplimiento en los protocolos de transparencia puede activar una rescisión inmediata, dejando al Estado venezolano en una situación de vulnerabilidad en la que la supervivencia económica está supeditada a decisiones políticas externas. Reportes de Bloomberg[52] describen la aprobación de este conjunto de reformas como un paso decisivo para “suavizar el control estatal” (easing state control) sobre la industria, permitiendo que las corporaciones privadas asuman el control operativo que antes monopolizaba PDVSA o Minerven. En el contexto del Plan Rubio, esa apertura funciona como una canalización de recursos hacia los intereses de Washington. La precariedad jurídica no es un error del sistema: es su condición de funcionamiento.
Así opera el “pragmatismo chavista” de Rodríguez: no como negociación entre soberanos, sino como aceptación de un sistema de control que confisca la renta, anula la jurisdicción, reparte el patrimonio, prohíbe el desarrollo y exige rendición de cuentas permanente ante una potencia extranjera. Las licencias OFAC son los grilletes; la retórica del “desarrollo compartido” y de la “agenda de cooperación” es la mordaza. Frente a la velocidad y exhaustividad de las concesiones realizadas, solo caben dos explicaciones, y ambas son igualmente condenatorias. La primera: que existió un acuerdo previo entre sectores del gobierno y Washington (las reuniones en Qatar durante 2025, donde según reportes del Miami Herald[53] la propia Rodríguez habría ofrecido una transición que prescindiera de Maduro, apuntan en esa dirección), en cuyo caso el “pragmatismo chavista” es la narrativa construida para vender como resistencia lo que ya estaba negociado. La segunda: que no hubo acuerdo previo, sino capitulación total e inmediata ante la primera presión real, en cuyo caso la retórica de fortaleza invencible que durante años sostuvo este gobierno fue una mentira tan grande como las que hoy sirven para justificar la entrega. Pacto o colapso: en cualquiera de los dos casos, el resultado para Venezuela es el mismo, y el pueblo venezolano merece saber cuál de los dos fue.
Culminando esta secuencia, Donald Trump reconoció formalmente a Rodríguez como “presidenta legítima” el 7 de marzo. Curiosamente, decidió hacerlo en el marco de la cumbre “Escudo de las Américas”, esa suerte de Internacional Americana de la Extrema Derecha, en Florida, elogiando el “gran trabajo” de Rodríguez bajo supervisión estadounidense. En Venezuela, la legitimidad de un presidente se la otorga el pueblo mediante el sufragio. Rodríguez, lejos de rechazar la legitimidad otorgada por el interventor, la celebró como “reconocimiento al pueblo de Venezuela” y reiteró su “disposición a construir relaciones de largo plazo basadas en el respeto mutuo, la igualdad y el derecho internacional.”[54]. La metáfora del secuestro, esgrimida semanas antes para justificar la negociación, había dado paso a la retórica de la asociación voluntaria: el cautivo agradecía al captor la oportunidad de cooperar.
El ciclo se cerraba: la “presidenta interina” que inició condenando una intervención, mientras invitaba a cooperar con sus autores, terminaba legitimada por el agresor, su “pragmatismo” recompensado con reconocimiento que no disimula sino por el contrario, acentúa la tutela.
La advertencia de Chávez contra el Pragmatismo
Resulta interesante observar que, aunque ciertos analistas lo califican a menudo de “pragmático”, el propio Chávez utilizaba la palabra “pragmatismo” casi exclusivamente con una connotación negativa o de advertencia. Para él, el pragmatismo no era una virtud de eficiencia, sino un peligro que vaciaba de contenido a la Revolución. Chávez se veía a sí mismo como un estratega, en lugar de un líder pragmático. Para él, el pragmático se rinde a la realidad; el estratega (él) usa la realidad para cambiarla. Si en su ejecutoria como líder político practicó algo parecido a un cierto pragmatismo, el suyo estaría bastante alejado de esta caricatura de “pragmatismo chavista” que queda dibujado en la tesis de Ameliach.
La gravedad de esta capitulación se hace más evidente con una advertencia que el propio Hugo Chávez lanzó en múltiples ocasiones a lo largo de su liderazgo, y que sus presuntos herederos parecen haber olvidado por completo. No se trata de una crítica ex post facto, sino de un cuerpo de doctrina que el “pragmatismo chavista” de 2026 contradice frontalmente.
En el “Aló Presidente Teórico N° 3”, transmitido en junio de 2009, Chávez dedicó un extenso segmento a explicar los peligros que acechan a la construcción de un partido revolucionario. Apoyándose en la obra de la pensadora Marta Harnecker, definió con precisión quirúrgica lo que entendía por pragmatismo y por qué constituía una amenaza mortal:
“El otro riesgo, es el vacismo, es decir el pragmatismo. No se toma en cuenta entonces, el conocimiento teórico-universal de otros tiempos, de otras revoluciones, otras experiencias y nos quedamos sólo con el conocimiento producto de la praxis y es allí donde caemos en la desviación del vacismo o el pragmatismo y nos olvidamos de la teoría, de las luces”.[55]
La insistencia en el término “vacismo”, un neologismo que evoca el vacío, no es casual. Para Chávez, el pragmatismo sin teoría no es neutral; es una forma de nihilismo político que, al desprenderse de los principios, termina siendo funcional al statu quo que dice combatir. En enero de 2002, al asumir la presidencia del G77 en Naciones Unidas, vinculó explícitamente esta “era del pragmatismo” con la ofensiva ideológica del neoliberalismo:
“…se pretendió imponer en el mundo la idea del fin de la historia, se acabó el camino, llegó la era del pragmatismo, la era tecnócrata, ya no hace falta la política, es la mano invisible del mercado que todo lo puede y que todo lo arregla. Es la tesis del neoliberalismo salvaje... Creo que se impone ahora la revancha de la política, el retorno de la gran política.”[56]
El “gobierno provisional” de 2026, se ha hecho parte, deliberadamente de esta trampa. Al adoptar un “pragmatismo” que justifica la entrega de soberanía, están actuando como si la política hubiera muerto, o de hecho la están matando, y como si solo quedara como opción administrar las condiciones del mercado, es decir, las que se imponen desde Washington. Están en la “era del pragmatismo” que Chávez denunciaba, no en la “revancha de la política” que él pregonaba.
No se trata, por supuesto, de un anti-pragmatismo simplista. El propio Chávez reconocía la necesidad de la acción concreta y eficaz, siempre que estuviera al servicio de principios y objetivos claros. En marzo de 2005, durante el encuentro fundacional de la Cámara Uruguay-Venezuela en Montevideo, lo expresó con una fórmula equilibrada: “hay que combinar el idealismo con el pragmatismo, hay que combinar la teoría con la praxis, pensar y actuar y seguir pensando y seguir actuando…”[57].. La diferencia es crucial: el pragmatismo válido es el que ejecuta los principios; el “vacismo” es el que los abandona. El “pragmatismo chavista” de 2026 es, inequívocamente, de esta segunda especie.
La historia reciente de Venezuela ofrece un arquetipo de esta traición, y Chávez mismo se encargó de recordarlo. En diciembre de 2008, en un acto con las “Madres del Barrio”, narró la historia de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez como una advertencia para su tiempo, una advertencia que aun hoy resuena como una profecía autocumplida:
“Cipriano Castro fue el primer presidente de la Venezuela del siglo XX y era un gran nacionalista, enfrentó a la oligarquía criolla... Lamentablemente se enfermó y tuvo que irse, y entonces Juan Vicente Gómez, compadre de él, de muchos años juntos, vicepresidente y jefe del Ejército, dio un golpe de Estado... ¿quién había comprado a Gómez? El imperio gringo y la oligarquía criolla... Gómez... les entregó el país completo; les entregó el petróleo que es lo que ellos andaban en el fondo buscando, concesiones por 50 años, no pagaban impuestos ni nada”.
“En esos 19 años (1917-1935) las compañías yanquis se llevaron de Venezuela, más de mil millones de barriles de crudo, del más liviano. Pongan cuidado, más de mil millones y saben a cuánto pagaban el precio, 1 dólar por barril. Y cuánto pagaban de impuestos, 3 por ciento. Por eso es que los yanquis apoyaron a Gómez hasta que se murió y por eso es que derrocaron, habían derrocado a Cipriano Castro, y por eso es que derrocan a Rómulo Gallegos, a Medina Angarita y matan a Delgado Chalbaud, para seguir imponiendo jalabolas en Miraflores, pero ¡más nunca volverá un jalabola a Miraflores!”[58]
El paralelismo es más que evidente. Gómez, el vicepresidente “leal” que sucede al presidente nacionalista, entrega el país a cambio del apoyo imperial. Las concesiones por 50 años, sin impuestos. ¿No es eso, mutatis mutandis, lo que describen las licencias OFAC de 2026? Rodríguez no necesita un golpe militar; las concesiones son el golpe. Gómez entregó el país con un decreto; Rodríguez lo entrega con una firma en un acuerdo que somete la renta, la jurisdicción y el patrimonio a Washington. La advertencia de Chávez, leída hoy, es un acta de acusación contra quienes dicen continuar su legado mientras repiten, punto por punto, la historia de la traición que él mismo narró.
La alternativa al “vacismo” no era, para Chávez, la inmovilidad. Era la construcción activa de soberanía, de instituciones propias, de mecanismos de integración que rompieran la dependencia del Norte. En la Cumbre del Mercosur de enero de 2007, lo expresó con claridad al defender la creación del Banco del Sur:
“Miren ¿dónde tenemos nosotros las reservas internacionales? Vamos a mover, decimos desde Venezuela... y hagamos un Banco nuestro con eso podemos conseguir cuatro o cinco veces más financiamiento, no dependeríamos de Fondo Monetario, de Banco Mundial... dependeríamos de nosotros mismos decía Artigas ‘No esperemos nada sino de nosotros mismos’”.[59]
Esa visión, la de la autonomía financiera, la de la cooperación Sur-Sur, es la antítesis de las políticas de 2026, que canalizan las reservas a fondos controlados por Washington y convierten al Estado en un recaudador de impuestos para el Tesoro estadounidense.
Del mismo modo, en julio de 2008, al inaugurar junto a Rafael Correa el centro de monitoreo de la Refinería del Pacífico, Chávez celebró el nacimiento de una “empresa grannacional” como alternativa a las transnacionales:
“Ha nacido una empresa hoy... se nos ocurrió llamar a nuestras alianzas estratégicas empresariales del estado, empresas grannacionales. Bueno, como contraparte a este concepto de las transnacionales, que son y se han convertido en punta de lanza del modelo capitalista mundial”.[60]
Las licencias OFAC de 2026, al imponer un cartel de transnacionales como únicas beneficiarias, han sepultado ese sueño y reinstaurado el modelo que Chávez buscaba superar.
El paralelo con Gómez y Castro tiene, sin embargo, un límite que conviene señalar para no distorsionar el análisis. Cipriano Castro era, a pesar de sus contradicciones, un presidente con vocación nacionalista, traicionado por un vicepresidente que pactó con el imperio a sus espaldas. Maduro es otra cosa. Todo indica que él mismo negoció con Washington prácticamente el mismo paquete de concesiones que hoy implementa Rodríguez -así lo sugiere el informe del NYT antes citado-, y que Trump simplemente decidió prescindir de él como interlocutor, prefiriendo a Delcy Rodríguez para ejecutar lo que ya estaba acordado. La situación actual no es, entonces, la de un presidente nacionalista traicionado por su vice a instancias del imperio. Es algo más oscuro: la de un gobierno que negoció en privado la entrega que proclamaba combatir en público, y cuyo sucesor no hizo sino administrar el acuerdo con otra cara.
A modo de conclusión: La República como cascarón vacío
Antes de cerrar, es necesario hacerse cargo de la versión más fuerte del argumento de Ameliach, no de su versión más débil. La forma más sólida de su tesis no es la que aparece en su artículo, sino la que subyace a él: dado que, según él, la alternativa a las concesiones era la destrucción total del proyecto bolivariano (Maduro capturado, las fuerzas armadas postradas, la intervención yanqui consumada, y una amenaza creíble pendiendo sobre la cabeza del chavismo), cualquier concesión que preserve el cascarón institucional del Estado venezolano, por vaciado que esté de soberanía, es preferible a una restauración neoliberal impuesta desde afuera, sin red, sin freno, sin contrapeso interno alguno. El argumento tiene más peso del que sus críticos probablemente le concedan, y merece una respuesta a su altura.
La respuesta es esta: el argumento solo funciona si las concesiones realizadas efectivamente preservan algo recuperable. Pero lo que documenta este ensayo es exactamente lo contrario. Cuando la renta se canaliza a fondos controlados por Washington, cuando la jurisdicción se entrega a tribunales extranjeros, cuando las concesiones se firman por décadas, cuando el oro sale en bruto prohibiendo su refinación en el país, no se está preservando un cascarón que algún gobierno futuro pueda rellenar de contenido soberano. Se está construyendo una arquitectura de dependencia que se reproduce a sí misma, que ningún gobierno futuro podrá desmantelar sin pagar costos que exceden cualquier capacidad estatal venezolana previsible. Lo que Ameliach dice salvar cree que está salvando el cipayato de los Rodríguez difícilmente puede servir de punto de partida para ninguna recuperación futura, porque lo que las concesiones construyen es precisamente la arquitectura que la impediría: quien entrega hoy la capacidad de negociar, no conserva nada con qué negociar mañana.
En su texto de marzo, Ameliach sube la apuesta con tres argumentos que merecen respuesta directa, pues sobre ellos descansa todo el andamiaje moral de su justificación:
El primero de los argumentos que Ameliach eleva en su texto de marzo es que, minutos después de la captura de Maduro, Rodríguez recibió una llamada amenazante en la que le dieron a ella, a Diosdado Cabello y a Jorge Rodríguez un ultimátum de 15 minutos para “responder” o enfrentar la muerte, con la advertencia de que el exterminio se extendería a la dirigencia de base del chavismo. Existe, en efecto, un audio filtrado de una reunión del 10 de enero de 2026 con comunicadores oficialistas[61] (autenticado por medios independientes y reseñado por The Guardian) en el que la propia Delcy Rodríguez relata esa amenaza con estas palabras:
“Hay que reconocerlo: estamos enfrentando una potencia nuclear. No la enfrentamos con miedo. Desde el primer minuto que ellos secuestraron al presidente nos dieron a Diosdado, a Jorge y a mí 15 minutos para responder o nos iban a matar.
Nosotros dijimos: ‘Estamos listos para correr la misma suerte’. Y esa afirmación la mantenemos al día de hoy porque las amenazas y los chantajes son permanentes. Tenemos que ir con paciencia y prudencia estratégica, con objetivos muy claros.
El primero es preservar la paz de la República.(…) El segundo, rescatar a nuestros rehenes. (…) Y el tercer punto es preservar el poder político, porque la Revolución Bolivariana si no está en el poder político, bueno, imagínense ustedes el destino de este país, el destino de este pueblo, de los más vulnerables.”[62]
Sin embargo, hasta la fecha no existe verificación independiente de esa supuesta llamada: no se ha divulgado una grabación ni venezolana ni estadounidense, ni testimonio de terceros, ni confirmación de que la amenaza fuera hecha a alguien más fuera de su círculo inmediato.
Es cierto que Trump sí lanzó amenazas verificadas contra Rodríguez en las horas y días siguientes. El 4 de enero, en una entrevista telefónica, declaró que si ella “no hace lo correcto, va a pagar un precio muy grande, probablemente mayor que Maduro”. Ese mismo día, desde el Air Force One, exigió: “Lo que necesitamos (de Delcy Rodríguez) es acceso total. Acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo” y advirtió públicamente: “Si no se portan bien, lanzaremos un segundo ataque”. Estas presiones reales —personales y militares— existieron y fueron graves.[63]
Sin embargo, construir la justificación moral de una capitulación estructural e irreversible sobre un supuesto ultimátum de “15 minutos o los mato”, cuya magnitud exacta y ejecutabilidad no pueden acreditarse más allá del relato de la propia interesada, no es un acto de pragmatismo. Aun en conflictos recientes como la confrontación entre Israel e Irán, donde se han estado ejecutando asesinatos selectivos de alto nivel, incluyendo al propio Ayatollah Khamenei, al ministro de Defensa y al comandante de la Guardia Revolucionaria, no se ha observado una política de exterminio sistemático de la dirigencia de base de todo un movimiento político (cuadros intermedios, activistas locales y militancia territorial). El contrato Silvercorp de 2019 es un documento real, pero usarlo como prueba de lo que iba a ocurrir en enero de 2026 sigue siendo un salto lógico que Ameliach no justifica y que ningún análisis serio puede aceptar sin evidencia adicional.
A este se añade el argumento del arsenal nuclear: que Venezuela negoció con una potencia que posee armas atómicas que “no respetan ninguna regla de convivencia”, lo que haría inevitable cualquier concesión. Llevado a su consecuencia lógica, este razonamiento destruye cualquier noción de soberanía para cualquier nación pequeña en el mundo contemporáneo: si la mera existencia o posesión del arsenal nuclear estadounidense justifica la entrega de la renta, la jurisdicción y el patrimonio, entonces ningún país que no tenga bomba atómica puede resistir ninguna presión de ninguna potencia nuclear, jamás, bajo ninguna circunstancia. Pero más allá de su implicación general, el argumento falla en el caso concreto: en ningún momento, en ningún comunicado, en ningún análisis de ningún gobierno aliado ni organismo internacional, hubo la más remota señal de que hubiera un riesgo nuclear en el conflicto venezolano. Invocar el arsenal atómico de Washington como factor determinante de esta negociación particular dice más sobre la necesidad de justificar lo injustificable ante una militancia domesticada y acostumbrada a tragarse acríticamente lo que le digan sus jefes políticos -porque “dudar es traición”-, que sobre el análisis geopolítico real: su función es hacer que cualquier resistencia parezca suicida, y cualquier capitulación, la única opción sensata.
El más revelador de los tres, sin embargo, es el que expone una contradicción que el propio Ameliach no advierte. Su argumento es que Venezuela debe volverse “indispensable en su nicho” (el petróleo, los minerales estratégicos, la posición geográfica) para que el costo de ser ignorada sea demasiado alto incluso para el más fuerte. En teoría, es un argumento legítimo: una nación que controla recursos críticos tiene palancas de negociación reales. El problema es que esa estrategia solo funciona si la nación conserva control autónomo sobre esos recursos, y es exactamente ese control lo que las concesiones que Ameliach defiende destruyen: las licencias OFAC canalizan la renta a fondos controlados por Washington; los contratos se reservan a un cartel cerrado de seis corporaciones occidentales que excluye explícitamente a China y Rusia; la refinación del oro queda prohibida en el país; la jurisdicción se entrega a tribunales estadounidenses. Venezuela no se está volviendo “indispensable en su nicho”: está siendo despojada precisamente de los elementos que constituían su ventaja comparativa, su patrimonio natural y su autonomía sobre él. Ameliach defiende simultáneamente la estrategia de relevancia y los mecanismos concretos que la vacían de contenido, sin advertir que ambas cosas no pueden coexistir. Una contradicción de esa magnitud no es un error de análisis: es la señal más clara de que detrás del “pragmatismo chavista” no hay estrategia alguna, sino la racionalización de una rendición que ya había ocurrido.
La pregunta que emerge de esta cronología no es si hubo capitulación, sino cuándo comenzó. El informe del NYT sobre las negociaciones privadas de octubre de 2025, la ausencia total de resistencia militar el 3 de enero, y la invitación al “desarrollo compartido” pronunciada casi simultáneamente al grito de “secuestro”, apuntan todos en la misma dirección: las reformas estructurales que han seguido y que pretenden continuar no respondieron a una coyuntura improvisada, sino a un marco de entendimientos previamente delineado entre actores internos y externos, en el que ciertamente no han faltado presiones. Pero el entusiasmo del cipayato en complacer a Washington habla mucho de la escasa o nula incomodidad que le produce su nuevo rol de gestores de la entrega del país. En esta lectura, el “pragmatismo chavista” no describe una estrategia de supervivencia construida bajo presión, sino la racionalización política de un proceso cuyo desenlace ya estaba acordado: la administración anticipada de una rendición presentada como resistencia.
El argumento central de Ameliach para justificar las concesiones de Delcy Rodríguez es, en apariencia, de una lógica aplastante: se cede en lo supuestamente secundario (una ley, una política económica), para salvar lo principal: la República. La premisa es tan simple como falaz, y su falsedad puede demostrarse con una pregunta elemental: ¿qué es “la República” que dicen salvar? Si por “República” entendemos el aparato del Estado que hoy controla la élite gobernante -con sus ministerios, sus cargos, sus privilegios y su capacidad de distribuir rentas entre leales-, entonces sí: la continuidad de ese aparato, aunque vaciado de soberanía, aunque subordinado a Washington, aunque convertido en simple gestoría administrativa de un protectorado, puede presentarse como “supervivencia de la República”. Pero esa definición, funcional a los intereses de la casta cipaya, nada tiene que ver con la tradición republicana venezolana, ni con lo que puede identificarse como el legado de Hugo Chávez.
La República, en la tradición que arranca en Bolívar y que Chávez recuperó y constitucionalizó en 1999, no es un cascarón institucional vacío. Es, ante todo, la capacidad del pueblo de darse sus propias leyes, de administrar sus propios recursos, de resolver sus propias controversias sin sujeción a potencias extranjeras. Es, en palabras del artículo 5 de la Constitución, el ejercicio de la soberanía “de manera directa” por el pueblo, y “de manera indirecta” mediante el sufragio, pero siempre con un límite infranqueable: los recursos del subsuelo pertenecen a la Nación y son “inalienables e imprescriptibles” (artículo 12). La contradicción es, pues, insostenible: se invoca la supervivencia de la República para justificar la disolución de los pilares constitucionales que la sostienen, como si no bastaran ya los años de dictadura madurista que degradaron y en muchos aspectos borraron el orden constitucional y la estructura institucional del país.
Cuando el gobierno de Rodríguez entrega el control de la renta petrolera a fondos supervisados por el Tesoro estadounidense; cuando acepta que los contratos sobre nuestros recursos se rijan por leyes extranjeras y se diriman en tribunales de EE.UU.; cuando permite que el oro venezolano salga en bruto, prohibiendo su refinación en el país; cuando convierte a PDVSA en un socio minoritario de un cartel de transnacionales diseñado en Washington, no está “cediendo en lo secundario”. Está desmantelando, pieza por pieza, los cimientos materiales de la República. Las industrias petrolera y minera no tienen nada de secundario, y la soberanía mucho menos: son la médula espinal del ámbito económico de la nación. Sin la posibilidad de un pleno ejercicio de nuestra soberanía, y sin la capacidad de administrar las palancas económicas fundamentales con las que cuenta el país, la República que dicen salvar es un cascarón vacío: un simulacro nominal acompañado de una ficción de democracia en la que, probablemente, podamos votar, pero no decidir absolutamente ningún aspecto realmente trascendental para la vida de los venezolanos. El gobierno de la República Bolivariana, sin el control de su petróleo, sin defensa de sus recursos mineros, sin independencia diplomática, sin supremacía jurisdiccional, y con una presencia permanente de una agencia como la CIA en su territorio, no es una república: es la simple gestoría administrativa de un protectorado.
Porque la República no flota en el aire: necesita rentas para financiar la educación, la salud y la infraestructura; necesita tribunales propios que garanticen derechos sin tener que apelar a instancias imperiales; necesita una diplomacia que pueda negociar con múltiples actores sin quedar atada a un único centro de poder; y necesita, sobre todo, que las decisiones fundamentales sobre el destino del país se tomen en Venezuela por los venezolanos, con base en el interés nuestro, no en Washington. Todo eso es exactamente lo que se está entregando.
Y lo que se entrega no es recuperable en el corto plazo: las concesiones petroleras se firman por décadas; la renuncia a la jurisdicción sienta precedentes que ningún gobierno futuro podrá ignorar sin costos multimillonarios y renovadas amenazas; la dependencia financiera, una vez instaurada, se reproduce a sí misma. Lo que se hipoteca no es solo el presente: es la soberanía de las generaciones que vendrán, que heredarán un país formalmente independiente pero material y estructuralmente sometido y tutelado.
El pragmatismo, en su versión genuina, es una herramienta útil de navegación en aguas turbulentas; pero en su versión oportunista, no es más que un naufragio disfrazado de salvamento. Ameliach invoca a Chávez, pero el líder bolivariano no solo no avalaría esto, sino que dedicó buena parte de su prédica a advertir exactamente en contra de caer en esta trampa. Definió el pragmatismo como una “desviación” que lleva a olvidar “la teoría, de las luces”. Vinculó la “era del pragmatismo” con la ofensiva neoliberal para desterrar la política. Narró la historia de Gómez como la advertencia de lo que ocurre cuando se entrega el país a cambio del apoyo imperial. Y construyó, contra viento y marea, un modelo alternativo de soberanía energética, financiera y productiva, el cual luce ahora como un estorbo al que califican de “dogmático” (Jorge Rodríguez dixit).
Es necesario decir aquí algo que seguramente incomodará pero que el rigor exige: Chávez no fue inmune a las contradicciones que denuncia este ensayo. Chávez está en la base de todo este proceso que ha culminado en el cipayato hoy en día, que no es otra cosa que el madurismo sin madurismo. Toleró niveles de corrupción inauditos y groseros en PDVSA y en prácticamente toda la administración pública, incluso al punto de designar como Vicepresidentes a funcionarios probadamente corruptos, justo cuando las denuncias a éstos se hacían públicas que la dejaron técnicamente devastada antes de 2019. Despilfarró recursos como pocos y su estilo personalista e improvisado de gobernar fundo las bases para la degradación institucional del país, que luego con Maduro alcanzó el paroxismo. Construyó un sistema de poder tan concentrado en su figura que hizo posible exactamente el tipo de sucesión sin contrapesos que hoy padece Venezuela. Y firmó, en momentos de apremio fiscal, acuerdos petroleros cuyas condiciones merecían mayor escrutinio del que recibieron. Vale la pena decirlo con honestidad, porque la comparación que sigue no requiere de un Chávez idealizado para sostenerse: incluso el Chávez real, con todas sus contradicciones y falencias, mantuvo como línea roja la integridad de la soberanía energética y la supremacía jurisdiccional del Estado venezolano. Lo que hace Rodríguez no es continuar ese legado adaptándolo a las circunstancias: es cruzar las líneas que él mismo, con todas sus imperfecciones, nunca cruzó. La traición no requiere que el traicionado fuera perfecto para ser traición.
El propio Chávez advirtió contra esta posibilidad cuando, al narrar la traición de Juan Vicente Gómez a Cipriano Castro, describió cómo el vicepresidente entregó “el país completo” al imperio a cambio del poder. Gómez no eliminó la República formal: mantuvo la bandera, el himno, las instituciones. Pero vació la República de su contenido soberano, entregando el petróleo mediante concesiones por 50 años, sin impuestos, sin control nacional y con regalías ridículas. Esa es la imagen exacta de lo que ocurre hoy. Rodríguez es el nuevo Gómez; Washington, la nueva oligarquía; y la “República” que dicen salvar es la misma cáscarón vacío y dependiente que denunciara Chávez. Gómez entregó el país con un decreto; Rodríguez lo entrega con la firma de acuerdos que someten la renta, la jurisdicción y el patrimonio a Washington, o promoviendo leyes que lo amparan. Quien narró esa historia con mayor precisión que nadie fue el propio Chávez. Y quienes hoy repiten punto por punto los pasos de Gómez son exactamente las personas que dicen honrar su nombre.
La Constitución de 1999, lejos de ser un obstáculo burocrático, es el único mapa disponible que permite distinguir claramente entre resistencia y capitulación. Recuperarla no es una aspiración nostálgica: es la condición sine qua non para que el pueblo venezolano, titular único de la soberanía según el artículo 5, recupere la voz que la tutela imperial le ha arrebatado, con el inestimable apoyo de la casta cipaya entronizada en el poder, incluidos sus más acérrimos justificadores. La restauración de la soberanía no vendrá de más reformas que “potencien la relevancia estratégica” de Venezuela ante sus captores, sino del rechazo explícito de cualquier presunta legitimidad emanada de la intervención del 3 de enero, de la restauración del hilo constitucional, interrumpido por la dictadura madurista desde 2015 al menos y terminado de reventar a punta de bombazos aquel día aciago, y de elecciones trasparentes, libres, justas, sin tutela extranjera que defina candidatos o condiciones. Solo así se podrá recuperar el sentido de República extraviado en las manos de la incapacidad madurista y la irresponsabilidad de la actual elite dirigente del Partido-Estado, que ha antepuesto su propio interés al del país, sin la menor vergüenza. Sin independencia, no hay república; y los aliados del nuevo hegemón colonial son cómplices de su pérdida.
Hemos intentado documentar lo que a nuestro juicio es una entrega, no una fatalidad. Se presenta como inevitabilidad precisamente para que nadie la combata, para que la rendición parezca la única respuesta sensata ante lo insuperable. El primer acto de resistencia consiste en negarle ese privilegio: en llamarla por su nombre, en negarse a aceptar que entregar la renta, la jurisdicción y el patrimonio de un país, y aceptar entusiastamente su conversión en un protectorado de facto, constituye una forma de pragmatismo, o salvación, o continuidad de legado alguno. El segundo acto es organizarse sobre esa claridad para luchar. No para restaurar el madurismo que arruinó y degradó el país durante más de una década, ni para celebrar la intervención que lo culminó y le permitió al cipayato erigirse como su fase superior, sino para exigir lo único que puede romper el círculo: soberanía real, Constitución vigente, elecciones sin tutela. Venezuela no necesita más administradores del protectorado. Necesita ciudadanos que se nieguen a llamar patria a lo que es una colonia.
[1] Durán, M. A. (2026, 25 de febrero). La reforma petrolera venezolana de 2026: Privatización fiscal y autoritarismo tutelado. Ensayo sobre la consolidación de un protectorado petrolero. Medium. https://medium.com/@mduran1405/la-reforma-petrolera-venezolana-de-2026-privatizaci%C3%B3n-fiscal-y-autoritarismo-tutelado-ensayo-sobre-16c3a3a50331
[2] Ameliach, F. (2026a, febrero 17). Pragmatismo chavista bajo condiciones de asedio y guerra multifactorial. https://www.franciscoameliach.com/pragmatismo-chavista-bajo-condiciones-de-asedio-y-guerra-multifactorial/
[3] Ameliach, F. (2026, 3 mar.). Mensaje en X [@AmeliachPSUV]. https://x.com/AmeliachPSUV/status/2028815856428327233
[4] Biardeau, J. (2026, 18 de febrero). Mensaje en X [@jbiardeau]. https://x.com/jbiardeau/status/2024264896951533959
[5] Chávez, H. R. (2013). El libro azul. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. (1990). http://www.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2013/10/libroazul.pdf
[6] Chávez, H.R. (2009, 25 jun.). “Aló Presidente Teórico N° 3”. Todochávez en la Web. www.todochavezenlaweb.gob.ve/todochavez/6288-alo-presidente-teorico-n-3
[8] Roston, A. (2026, January 22). Venezuela’s Delcy Rodríguez assured US of cooperation before Maduro’s capture. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2026/jan/22/delcy-rodriguez-capture-maduro-venezuela
[9] Delgado, A. M. (2025, October 16). Exclusive: Venezuelan leaders offered U.S. a path to stay in power without Maduro. Miami Herald. https://www.miamiherald.com/news/nation-world/world/americas/venezuela/article312516272.html
[10] Alandete, D., & Ansorena, J. (2026, febrero 27). La vida de Maduro entre rejas en Nueva York: “¡Yo soy el presidente!”. ABC Internacional. https://www.abc.es/internacional/vida-maduro-rejas-nueva-york-secuestrado-20260227040255-nt.html
[11] García Marco, D. (2026, enero 3). EE.UU. detiene a Nicolás Maduro en una operación militar en Caracas y Trump dice que su país “gobernará” Venezuela hasta que haya una transición. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cvgn5rk0k1wo
[12] Deutsche Welle. (2025, 22 octubre). Venezuela tiene más de 5.000 misiles rusos, advierte Maduro. DW. https://www.dw.com/es/venezuela-tiene-m%C3%A1s-de-5000-misiles-rusos-advierte-maduro/a-74465068
[13] Infobae. (2025, 12 septiembre). Diosdado Cabello amenazó con una “revolución armada” en Venezuela frente a la presencia militar de EEUU en el Caribe. Infobae. https://www.infobae.com/venezuela/2025/09/12/diosdado-cabello-amenazo-con-una-revolucion-armada-en-venezuela-frente-a-la-presencia-militar-de-eeuu-en-el-caribe/
[14] Meganoticias. (2025, 15 septiembre). “Seremos su pesadilla”: Vicepresidenta de Venezuela advierte a Estados Unidos ante posible invasión [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=\_7h2yCOkwSg
[15] Rodríguez, M. E. (2025, 15 octubre). Vicepresidenta: Venezuela tiene que estar preparada para defender su soberanía. Últimas Noticias. https://ultimasnoticias.com.ve/politica/vicepresidenta-venezuela-tiene-que-estar-preparada-para-defender-su-soberania/
[16] Kurmanaev, A., Barnes, J. E., & Turkewitz, J. (2025, octubre 10). Maduro ofreció petróleo y otros recursos a Estados Unidos para evitar un conflicto. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2025/10/10/espanol/america-latina/maduro-diplomacia-petroleo-eeuu.html
[17] Adams, P. (2026, enero 8). Por qué Trump escogió a Delcy Rodríguez y no a María Corina Machado para gobernar Venezuela ahora. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cwy8gwxxk40o
[18] Rodríguez, D. [@delcyrodriguezv]. (2026, 4 enero). Mensaje de Venezuela al mundo y a los Estados Unidos: Instagram. https://www.instagram.com/p/DTHCNR5DOMR/
[19] González, M. (15 de enero de 2026). Presidenta Delcy Rodríguez consigna ante el Parlamento proyecto para reformar Ley de Hidrocarburos. Asamblea Nacional. https://www.asambleanacional.gob.ve/noticias/presidenta-delcy-rodriguez-consigna-ante-el-parlamento-proyecto-de-reforma-parcial-de-ley-de-hidrocarburos
[20] Caro, I. (2026, 5 de enero). “Vengo con dolor, pero también con honor”: Delcy Rodríguez se juramenta como presidenta encargada de Venezuela tras la captura de Maduro. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cd9exjjkvw8o
[21] Barnes, J. E. (2026, 16 enero). El director de la CIA se reúne con Delcy Rodríguez en Caracas. The New York Times en Español. https://www.nytimes.com/es/2026/01/16/espanol/estados-unidos/cia-delcy-rodriguez-venezuela.html
[22] Cohen, Z., Hansler, J., y Atwood, K. (27 de enero de 2026). CIA gains foothold in Venezuela amid political transition. CNN. https://www.cnn.com/2026/01/27/politics/cia-venezuela-foothold
[23] Efecto Cocuyo. (11 de febrero de 2026). Secretario de Energía de EEUU, Chris Wright, llega a Venezuela en visita histórica. https://efectococuyo.com/politica/secretario-de-energia-de-ee-uu-chris-wright-llega-a-venezuela-en-visita-historica/
[24] Martínez, C. E. (18 de febrero de 2026). El jefe del Comando Sur de Estados Unidos encabezó una visita histórica a Caracas. Infobae. https://www.infobae.com/venezuela/2026/02/18/el-jefe-del-comando-sur-de-estados-unidos-encabezo-una-visita-historica-a-caracas/
[25] González, Á. (18 de febrero de 2026). Jefe del Comando Sur se reunió con Delcy Rodríguez en Caracas. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/18/mundo/jefe-del-comando-sur-se-reunio-con-delcy-rodriguez-en-caracas
[26] Banca y Negocios. (29 de enero de 2026). AN aprueba por unanimidad la Reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos. https://www.bancaynegocios.com/an-aprueba-por-unanimidad-la-reforma-a-la-ley-organica-de-hidrocarburos/
[27] La Comisión Presidencial estuvo compuesta por Álvaro Silva Calderón, Ministro de Energía y Minas, quien la presidió; Nelson José Merentes Díaz, Ministro de Finanzas; Jorge Giordani, Ministro de Planificación y Desarrollo; Guaicaipuro Lameda, Presidente de Petróleos de Venezuela, S.A.; Hugo Hernández Raffali, Presidente de la Cámara Petrolera; Domingo Maza Zabala, Gastón Parra Luzardo, Mazar Al Shereida, Aníbal Martínez y José Giacopini Zárraga.
[28] Chávez Frías, H. (s. f.). Intervención del Comandante Presidente Hugo Chávez durante juramentación del Presidente de la Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico – CADAFE. Todo Chávez en la Web. http://todochavez.gob.ve/todochavez/1861-intervencion-del-comadante-presidente-hugo-chavez-durante-juramentacion-del-presidente-de-la-compania-anonima-de-administracion-y-fomento-electrico-%E2%80%93-cadafe
[30] Office of Foreign Assets Control. (2026, 10 de febrero). Venezuela General License 46A - Authorizing Certain Activities with Venezuelan-Origin Petroleum. U.S. Department of the Treasury. https://ofac.treasury.gov/media/935001/download?inline
[31] Office of Foreign Assets Control. (2026, 3 de febrero). Venezuela General License 47 - Authorizing the Sale of U.S.-Origin Diluents to Venezuela. U.S. Department of the Treasury. https://ofac.treasury.gov/media/934891/download?inline
[32] Office of Foreign Assets Control. (2026, 10 de febrero). Venezuela General License 48 - Authorizing the Provision of Certain Items and Services to Venezuela. U.S. Department of the Treasury. https://ofac.treasury.gov/media/934986/download?inline
[33] Office of Foreign Assets Control. (2026, 13 de febrero). Venezuela General License 49 - Authorizing the Negotiation and Entry into Contingent Contracts for Certain Investments in Venezuela. U.S. Department of the Treasury. https://ofac.treasury.gov/media/935011/download?inline
[34] Office of Foreign Assets Control. (2026, 18 de febrero). Venezuela General License 50A - Authorizing Transactions Related to Oil and Gas Sector Operations in Venezuela for Certain Entities. U.S. Department of the Treasury. https://ofac.treasury.gov/media/935031/download?inline
[35] Office of Foreign Assets Control. (2026, 6 de marzo). Venezuela General License 51 - Authorizing Certain Activities with Venezuelan-Origin Gold. U.S. Department of the Treasury. https://ofac.treasury.gov/media/935091/download?inline
[36] Iyer, K. (2026, enero 31). La nueva enviada de EE. UU. a Venezuela llega a Caracas mientras el Gobierno de Trump busca reabrir la embajada. CNN en Español. https://cnnespanol.cnn.com/2026/01/31/eeuu/enviada-ee-uu-venezuela-llega-caracas-trax
[37] Infobae. (3 de febrero de 2026). Félix Plasencia fue designado como nuevo representante diplomático de Venezuela en Estados Unidos. https://www.infobae.com/venezuela/2026/02/03/felix-plasencia-fue-designado-como-nuevo-representante-diplomatico-de-venezuela-en-estados-unidos/
[38] Rueda, J. (2026, marzo 6). Estados Unidos y Venezuela acuerdan restablecer relaciones diplomáticas y consulares. Associated Press. https://apnews.com/article/venezuela-eeuu-relaciones-diplomacia-restablecimiento-866ad98f243ab6b91bacaeb5fd0bb936
[39] Embajada de los Estados Unidos en Venezuela [@usembassyve]. (2026, marzo 4). Bienvenido a Venezuela, @SecretaryBurgum… [Publicación en X]. X. https://x.com/usembassyve/status/2029218654861054388
[40] Torres, M. (2026, marzo 4). Delcy Rodríguez recibe al secretario del Interior de EE.UU. y reitera que Venezuela “está a disposición” para cooperar. CNN en Español. https://cnnespanol.cnn.com/2026/03/04/venezuela/delcy-rodriguez-trump-burgum-cooperacion-eeuu-orix
[41] Maita, K. (2026, marzo 4). Ejecutivo Nacional presentará ante la Asamblea Nacional reforma a la Ley de Minas para incentivar inversiones. Prensa Presidencial de Venezuela. https://prensapresidencialvenezuela.gob.ve/index.php/2026/03/04/ejecutivo-nacional-presentara-ante-la-asamblea-nacional-reforma-a-la-ley-de-minas-para-incentivar-inversiones/
[42] Zegarra, G., Muñoz-Ledo, R., & Amaya, S. (2026, marzo 9). Venezuela abre el debate de la ley de minería, clave en la relación de Rodríguez con Trump. ¿Qué recursos tiene el país? CNN en Español. https://cnnespanol.cnn.com/2026/03/09/venezuela/mineria-venezuela-ley-recursos-delcy-trump-orix
[43] Office of Foreign Assets Control. (2026, marzo 6). General License No. 51: Authorizing certain transactions related to Venezuelan-origin gold (Venezuela Sanctions Regulations, 31 CFR Part 591). U.S. Department of the Treasury. https://ofac.treasury.gov/media/935091/download?inline
[44] Efecto Cocuyo. (2026, marzo 9). Burgum confirma llegada de envío de oro venezolano por 100 millones de dólares a Estados Unidos. https://efectococuyo.com/economia/burgum-confirma-llegada-de-envio-de-oro-venezolano-por-100-millones-de-dolares-a-estados-unidos/
[45] Asamblea Nacional de Venezuela. (2026, marzo 9). AN aprueba en primera discusión Ley Orgánica de Minas. https://www.asambleanacional.gob.ve/noticias/an-aprueba-en-primera-discusion-ley-organica-de-minas
[46] Vidal Liy, M. (7 de enero de 2026). El plan de tres fases de Estados Unidos para Venezuela: estabilización, recuperación y transición. El País. https://elpais.com/internacional/2026-01-07/el-plan-de-tres-fases-de-estados-unidos-para-venezuela-estabilizacion-recuperacion-y-transicion.html
[48] Ventas, L. (2026). “Nuestro amigo y socio, Venezuela” y otros 5 momentos destacados del combativo discurso del Estado de la Unión de Trump. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c5yklygk622o
[49] La Razón. (2026, 27 de febrero). Delcy Rodríguez llama "socio y amigo" a Trump y le pide el fin de las sanciones y el bloqueo [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=6qOgJ094GGk
[50] Office of the President of the United States. (2026, enero 9). Safeguarding Venezuelan oil revenue for the good of the American and Venezuelan people (Executive Order No. 14373). Federal Register. https://www.federalregister.gov/documents/2026/01/15/2026-00831/safeguarding-venezuelan-oil-revenue-for-the-good-of-the-american-and-venezuelan-people.
[51] La Orden Ejecutiva 14373 (9 de enero de 2026): Disposición legal de la administración de Donald Trump titulada "Salvaguardando los Ingresos Petroleros Venezolanos". Esta norma establece los Foreign Government Deposit Funds (Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros), un mecanismo que centraliza los ingresos por ventas de hidrocarburos en cuentas custodiadas por el Departamento del Tesoro de EE. UU.. Su función principal es otorgar blindaje jurídico a dichos activos, declarando nulo cualquier embargo o ejecución judicial por parte de acreedores, bajo el argumento de preservar la estabilidad económica y la seguridad nacional.
[52] Bloomberg. (2026, 29 de enero). Venezuela’s acting president signs oil industry overhaul, easing state control to lure investors. BNN Bloomberg.https://www.bnnbloomberg.ca/markets/oil/2026/01/29/venezuelan-lawmakers-approve-easing-state-control-of-oil-industry/
[53] Delgado, A. M. (2025, October 16). Exclusive: Venezuelan leaders offered U.S. a path to stay in power without Maduro. Miami Herald. https://www.miamiherald.com/news/nation-world/world/americas/venezuela/article312516272.html
[54] Rodríguez, D. [@delcyrodriguezv]. (s. f.). [Publicación en X] [Post]. X. https://x.com/delcyrodriguezv/status/2030344489567433138
[55] Ob.Cit Chávez, H.R. (2009, 25 jun.) (Nota nro. 6)
[56] Chávez, H. R. (2002, 11 enero). Intervención del Comandante Presidente Hugo Chávez durante el acto de transmisión de la Presidencia del G77 de la República Islámica del Irán a la República Bolivariana de Venezuela. Todochávez en la Web. http://todochavez.gob.ve/todochavez/1254-intervencion-del-comandante-presidente-hugo-chavez-durante-el-acto-de-transmision-de-la-presidencia-del-g7-de-la-republica-islamica-del-iran-a-la-republica-bolivariana-de-venezuela
[57] Chávez, H. R. (2005, 3 marzo). Intervención del Comandante Presidente Hugo Chávez durante el encuentro fundacional de la cámara Uruguay-Venezuela. Todochávez en la Web. http://www.todochavezenlaweb.gob.ve/todochavez/3540-intervencion-del-comandantepresidente-hugo-chavez-durante-el-encuentro-fundacional-de-la-camara-uruguay-venezuela
[58] Chávez Frías, H. (2012, 31 de agosto). Intervención del Comandante Presidente Hugo Chávez durante acto Trabajadores con Chávez. Todo Chávez en la Web. http://todochavez.gob.ve/todochavez/192-intervencion-del-comandante-presidente-hugo-chavez-durante-acto-trabajadores-con-chavez
[59] Chávez, H. R. (2007, 19 enero). Intervención del Comandante Presidente Hugo Chávez durante la XXXI Cumbre del Mercosur. Todochávez en la Web. http://www.todochavezenlaweb.gob.ve/todochavez/2668-intervencion-del-comandantepresidente-hugo-chavez-durante-la-xxxi-cumbre-del-mercosur
[60] Chávez, H.R. (2008, 15 jul.). Inauguración del Centro de Monitoreo Ambiental y ResponsabilidadSocial de la Refinería del Pacífico, y Firma de constitución de la Empresa Mixta Refinería del Pacífico. Todochávez en la Web. http://www.todochavezenlaweb.gob.ve/todochavez/2293-inauguracion-del-centro-de-monitoreo-ambiental-y-responsabilidad-social-de-la-refineria-del-pacifi%E2%80%A6%201/34
[61] Cazadores de Fake News. (2026, enero 12). Reunión Mippci y comunicadores, 10 de enero 2026 [Video]. YouTube. https://youtu.be/QsPes72hHBs
[63] EFE. (2026, enero 5). Trump pide a Delcy Rodríguez “acceso total” a Venezuela y lanza amenazas de nuevos ataques. SWI swissinfo.ch. https://www.swissinfo.ch/spa/trump-pide-a-delcy-rodr%C3%ADguez-%22acceso-total%22-a-venezuela-y-lanza-amenazas-de-nuevos-ataques/90725052
