Venezuela: entre el desmantelamiento silencioso y la amnesia colectiva
Hay momentos en la historia de los pueblos en los que el mayor peligro no es la invasión visible, ni la guerra declarada, ni siquiera el bloqueo económico explícito. El mayor peligro es más sutil: es el desmantelamiento progresivo de la soberanía bajo la apariencia de "normalidad", de "reconstrucción", de "transición" o de "apertura". Venezuela parece estar entrando, una vez más, en ese terreno peligroso donde la memoria se diluye y el interés nacional se negocia en voz baja.
Durante años, el país fue sometido a sanciones, presiones financieras, bloqueos comerciales y aislamiento internacional. Estas medidas, según organismos internacionales, han tenido efectos severos sobre la población, exacerbando las condiciones económicas y sociales preexistentes. Pero más allá del impacto inmediato, el verdadero objetivo de estas estrategias ha sido, como han señalado diversos analistas geopolíticos, reconfigurar el control de los recursos estratégicos venezolanos, particularmente el petróleo.
No es casual que empresas como Chevron hayan recibido autorizaciones especiales para operar en territorio venezolano bajo condiciones que limitan la soberanía financiera del país, incluyendo restricciones sobre los pagos al Estado. Este tipo de acuerdos plantea una pregunta fundamental: ¿quién controla realmente la riqueza nacional?
El descaro imperial sin disimulo. En este contexto, resulta imposible ignorar la actitud de figuras políticas estadounidenses, particularmente la de Donald Trump, cuya retórica ha sido directa, provocadora y, en muchos casos, insultante. Su supuesta declaración sobre "decorar de oro la Casa Blanca con el oro de Venezuela" no es simplemente una frase polémica; es la expresión simbólica de una lógica histórica: la apropiación de recursos ajenos como derecho implícito del poder.
Ese tipo de discurso no surge en el vacío. Refleja una visión profundamente arraigada en ciertos sectores de poder internacional: los recursos naturales de países como Venezuela no son vistos como patrimonio soberano, sino como activos estratégicos disponibles para ser explotados bajo condiciones favorables a las grandes corporaciones.
Intelectuales como Noam Chomsky han advertido durante........
