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El petróleo subió, el salario se hundió: crónica de una rendición anunciada

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10.03.2026

Venezuela despierta una vez más con la amarga certeza de que el barril de petróleo escala posiciones en los mercados internacionales mientras el salario mínimo de sus trabajadores se sumerge en el abismo de la indignidad. La paradoja es brutal: el país posee las reservas probadas más grandes de crudo del planeta, y sin embargo, su fuerza laboral sobrevive con ingresos que no alcanzan para cubrir una canasta básica que supera ampliamente los 500 dólares mensuales. Esta incongruencia no es producto de la fatalidad histórica, sino de una gestión deliberada que prioriza los intereses foráneos sobre la dignidad nacional.

La velocidad con la que el gobierno de Delcy Rodríguez como su ejecutora principal— ha movido fichas en el tablero legislativo contrasta violentamente con la lentitud grotesca de las mejoras económicas para el venezolano común. En cuestión de semanas, hemos asistido a la aprobación express de leyes de amnistía que borran delitos de lesa humanidad, reformas petroleras que entregan el jugoso negocio del crudo a transnacionales estadounidenses, y modificaciones mineras que abren nuestras entrañas territoriales a la explotación extranjera. Mientras tanto, el dólar paralelo sigue su danza errática, la inflación se come los magros aumentos salariales antes de que sean anunciados oficialmente, y el bolívar se convierte cada día en un recuerdo triste de lo que alguna vez fue soberanía monetaria.

Esta disparidad temporal no es casual. Revela una voluntad política clara: satisfacer las demandas del Imperio de Donald Trump con prontitud servil, mientras se posterga indefinidamente el bienestar del pueblo que, teóricamente, debería ser el beneficiario de tales "aperturas". Es el colmo del cinismo revolucionario: privatizar la urgencia para el capital extranjero y socializar la paciencia —infinita e insultante— para los nacionales.

Irán: El Espejo que Duele. Resulta instructivo —y doloroso— observar el caso iraní. La República Islámica de Irán ha resistido durante décadas un cerco estadounidense que supera en intensidad al sufrido por Venezuela. Sanciones económicas devastadoras, aislamiento diplomático, amenazas militares constantes. Y sin embargo, Teherán ha desarrollado una economía de resistencia que, pese a sus limitaciones, mantiene una industria petrolera bajo control estatal, un sector científico-tecnológico robusto —incluyendo capacidad nuclear pacífica— y una red de comercio internacional que........

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