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Contradicciones estructurales, soberanía y el futuro del proyecto bolivariano

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24.05.2026

Vuelvo a insistir con la metáfora del río revuelto no alude únicamente a la turbidez de las aguas, sino a la pérdida de cauce, a la disolución de márgenes institucionales y a la dificultad de discernir la corriente principal en medio de remolinos normativos y desplazamientos estratégicos. En el contexto venezolano contemporáneo, esta imagen resulta pertinente para examinar la serie de ajustes legislativos, reorientaciones diplomáticas y reformas en la gestión de recursos que, desde comienzos de año, han generado un panorama de incertidumbre estructural. Bajo la conducción ejecutiva encabezada por la presidencia encargada de Delcy Rodríguez y en un escenario de presión geopolítica sostenida por parte de los centros de poder estadounidenses, se observa una dinámica de contradicciones institucionales que, de no ser sometidas a una racionalidad política coherente, podrían erosionar los pilares acumulados durante veintisiete años de proceso bolivariano. Este artículo aborda, desde una perspectiva académico-intelectual, cómo dichas tensiones amenazan con desarticular la arquitectura programática, la base epistémica del chavismo y la soberanía estratégica del país, proponiendo a la vez un marco analítico, una metodología de rearticulación y mecanismos concretos para recuperar la autonomía decisoria frente a la hegemonía unipolar.

El análisis se sustenta en tres tradiciones teóricas convergentes. Primero, la teoría de la dependencia y la economía política del desarrollo, que permite comprender cómo las reconfiguraciones en la gestión de rentas extractivas (petrolera y mineral) y la apertura condicionada a flujos externos pueden reactivar patrones de inserción periférica, tal como señalaron Cardoso y Faletto o, en clave contemporánea, Marini y Sunkel. Segundo, los estudios sobre soberanía y gobernanza multinivel, que distinguen entre soberanía formal (reconocimiento jurídico-internacional) y soberanía efectiva (capacidad de decisión autónoma sobre recursos, políticas y alianzas), siguiendo aportes de Agnew, Krasner y Mignolo en su crítica a la colonialidad del poder. Tercero, la gramsciana relación entre hegemonía y contrahegemonía, que ilumina cómo la coherencia ideológica, la producción intelectual y la legitimidad moral constituyen el sustrato necesario para que un proyecto transformador no se reduzca a mera administración táctica, sino que conserve su vocación emancipatoria. La intersección de estos enfoques permite leer la situación actual no como una simple coyuntura administrativa, sino como una encrucijada estructural donde lo táctico y lo estratégico entran en........

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