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Construyendo comunidad, que es otra forma de decir: "poder popular" (2/3)

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Reflexiones para compartir

Siguiendo con la sistematización iniciada vez pasada en torno a cómo construir comunidades basadas en la organización comunitaria con democracia de base, presentamos ahora el segundo ejercicio al respecto. En esta oportunidad se muestra la experiencia de algo realmente exitoso, prometedor y que debe llevarnos a mantener viva la esperanza en que otro modelo de organización social es posible. Nos referimos a lo que está aconteciendo en un punto determinado de Guatemala, el que en su momento fuera una de las tantas fincas donde la explotación era moneda corriente, ahora transformada en un digno ejemplo de organización popular alternativa: la Comunidad La Florida.

La organización popular de extracción indígena campesina con un fuerte enfoque multicultural, la Asociación de Formación para el Desarrollo Integral -AFOPADI-, con la colaboración de la organización belga Broederlijk Delen ("Compartir fraternamente", en neerlandés), se ha dado a la tarea, igual que mucha otra gente de distintas partes del planeta -y ojalá este texto promueva el intercambio con esas inquietudes ya existentes-, de llevar a cabo esa reflexión.

La idea que motoriza este esfuerzo es ir contando con muchos elementos, surgidos de la práctica social, que permitan tener instrumentos conceptuales que sirvan para darle forma a un nuevo tipo de comunidad. En 1875, en su obra tan importante "Crítica del Programa de Gotha", Carlos Marx vio en la organización de base y el autogobierno de los trabajadores surgido en la legendaria Comuna de París de 1871, aplastada sangrientamente por las fuerzas de derecha al poco tiempo de surgida, la chispa para construir una nueva sociedad de equidades. En otros términos: una organización de la comunidad donde todos y todas son parte de un colectivo, donde no hay "superiores" e "inferiores", donde vale más el "nosotros" que el "yo" individual.

Eso, en definitiva, es lo que se busca cuando decimos "un nuevo modelo de comunidad". La pregunta que recorre esta sistematización, así como el trabajo cotidiano de AFOPADI, que es también la pregunta de numerosa gente en diversas partes del mundo, es: ¿cómo se logra eso?

Nadie tiene la respuesta acabada, no hay manuales que lo digan ni protocolos de intervención que lo resuelvan. Es un desafío abierto. Por eso, a título de aporte, aquí presentamos este texto, como un granito de arena más, recordando palabras del célebre cantautor argentino Atahualpa Yupanqui: "La arena es un puñadito, ¡pero hay montañas de arena!"

Según las propias palabras del equipo de AFOPADI: "reflexionamos sobre el mundo prehispánico para retomar saberes, caminos, formas de ser y hacer comunidad. Luego nos internamos en el sistema mundo capitalista, eurocéntrico, patriarcal, genocida, ecocida, concluyendo que es un sistema que solo puede generar muerte, que está atentando con la supervivencia de la especie humana y que, por lo tanto, hay que estudiar para analizar y construir alternativas al capitalismo. Esta conclusión nos llevó a la reflexión sobre los distintos socialismos que en distintos momentos de la historia han surgido en diferentes sociedades y geografías de nuestro mundo".

En otros términos, todo ese esfuerzo, presentado ahora como sistematización organizada, se pregunta sobre los caminos para avanzar hacia la construcción de comunidades que se rijan con principios éticos como justicia, equidad, horizontalidad, con apuestas políticas como el antiimperialismo, anticolonialismo, autonomía, libre determinación y con convicciones armónicas en la defensa del medio ambiente, buscando superar el individualismo e hiperconsumismo capitalistas. Sabiendo, claro está, que el actual no es un momento global de avance popular sino de resistencia ante el crecimiento de las derechas, todo lo cual no debe desmoralizarnos sino, por el contrario, motivarnos a profundizar esas búsquedas.

Es ahí, entonces, donde cobra un significado especial la pregunta sobre la comunidad.

En la presente entrega, segunda de tres, además de lo reflexionado en torno a esa experiencia tan contundente como la de esta comunidad surgida de una finca tradicional, ejemplo de la más absoluta discriminación y explotación, convertida ahora en un intento de sociedad democrática y autogobernada, se muestran también las conclusiones a las que llegara el equipo de trabajo de AFOPADI, recogidas aquí como insumos indispensables para llegar a las conclusiones finales (que vendrán luego de trabajar el tercer ejemplo de comunidad: la Cooperativa Nuevo Horizonte, en Guatemala y la experiencia de la localidad de Marinaleda, en Sevilla -España-).

Finca Comunitaria La Florida / SCIDECO

Esa unidad productiva se ubica en el municipio Colomba Costa Cuca, en el departamento de Quetzaltenango, en el altiplano occidental del país, a cuatro horas de la ciudad capital. Es una zona tradicionalmente dedicada al café, donde la población originaria es de origen maya.

Veamos un poco de historia, cómo la finca tradicional se fue convirtiendo en lo que es hoy: la Finca Comunitaria con equidad en todo sentido, y ecosostenible.

El mozo colono, ya hoy casi inexistente pero muy presente en toda la primera mitad del siglo XX hasta la Revolución progresista de 1944 que intentó cambiar todo eso, conocida como Primavera Democrática, es una figura de relación laboral tradicional en el área rural de Guatemala en la que una familia campesina, casi siempre perteneciente a los pueblos originarios (mayas), vivía y trabajaba dentro de una finca o plantación a cambio de una pequeña parcela de tierra para sembrar sus propios alimentos (precaria economía de subsistencia) y un magro pago parcial en dinero durante las cosechas, generalmente de café o caña de azúcar.

Sometido a una gran explotación, sin leyes laborales que lo ampararan, con arbitrarios despidos constantes sin indemnización, con la prohibición absoluta de organizarse en sindicatos, sus condiciones de trabajo constituían la más viva demostración de la explotación inmisericorde. Esa era la constante en todas las fincas. Fincas que, a veces, eran vendidas "con todo lo clavado y plantado, indios incluidos", como pudo leerse en contratos de compraventa antes del proceso revolucionario de 1944.

Por supuesto, la mano de obra indígena era considerada en esta lógica como un insumo más para el trabajo, como los útiles de labranza, la maquinaria, las semillas o el ganado. Las mujeres, siempre acosadas sexualmente por capataces y caporales, por las mismas tareas agrícolas cobraban la........

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