El dragón dijo "No": cuando Pekín le dio un para’o a Washington por Venezuela…
«La soberanía no es una mercancía que se negocia en la mesa de los poderosos. Es el derecho de un pueblo a ensuciarse las manos con su propio destino, aunque otros quieran venderle guantes blancos.» ANACLETO (parafraseando a Galeano)
El Bohemio tenía ese olor a café recién colado que precede a las grandes noticias. No era un día cualquiera. En la mesa del rincón, Anacleto había desplegado varios recortes impresos: el comunicado de la Cancillería china, la foto del portavoz Lin Jian, un mapa de la Faja del Orinoco y una copia amarillenta de la Doctrina Monroe. El ventilador giraba con la parsimonia de quien sabe que el aire, a veces, también es un campo de batalla. Anacleto, sentado a mi lado como siempre, observaba el panorama.
El pichón de periodista llegó con el teléfono caliente, pero esta vez no traía un rumor de pasillo. Traía una noticia que le temblaba en los dedos. «Anacleto, esto es grande. China acaba de darle un para’o a Washington, por Venezuela. El portavoz Lin Jian dijo que la defensa de la soberanía venezolana es una cuestión prioritaria. Y remató: 'China se opone firmemente a ello'. ¿A qué se opone? A la nueva escalada que alistan los gringos.»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las palabras de Pekín, cuando son directas, pesan más que mil discursos en Naciones Unidas. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, lo que usted acaba de leer no es una declaración diplomática de cortesía. Es una línea roja. Y las líneas rojas, cuando las traza China, no se cruzan sin consecuencias. Fíjese bien: el portavoz no dijo 'esperamos que se respete', no dijo 'llamamos a la moderación'. Dijo: 'China se opone firmemente'. Ese es el lenguaje del que está dispuesto a poner los recursos donde tiene la boca.»
El coronel retirado, con la mirada de quien ha estudiado geopolítica desde las trincheras, se inclinó sobre el mapa de la Faja del Orinoco. «¿Y qué fue lo que motivó esta advertencia, Anacleto? Esto no salió de la nada.»
«No, coronel. Esto viene de semanas de presión.» Aclaró Anacleto rápidamente. «Desde Washington, senadores y ex-funcionarios, algunos que ni siquiera tienen cargo, pero que actúan como si lo tuvieran, están agitando el avispero. Exigen a Delcy Rodríguez convocar elecciones ya. Y no elecciones cualquiera: elecciones que precipiten una transición pactada.»
El sindicalista, con su voz grave de hombre de calle, intervino: «Anacleto, en mi barrio hay un dicho: "Al que le dan cuerda, se cree reloj". Washington le ha dado cuerda a sus títeres locales y ahora creen que son dueños del tiempo. Pero el tiempo, camaritas, no se compra con ultimátums.»
Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la sabiduría popular a veces es más aguda que los tratados de geopolítica.
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, hojeó un informe de inteligencia geopolítica. «El detonante fue una intervención de James Story, ese embajador ficticio del gobierno de Guaidó que todavía algunos toman en serio. En un foro en Florida, Story dijo: 'Se está perdiendo el tiempo. Es hora de llamar a elecciones. Queremos que entre Machado'. No es una opinión, camaritas. Es un ultimátum. Y cuando Estados Unidos habla así, no está pidiendo, está condicionando.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿por qué a China le importa tanto lo que pase en Venezuela? Están lejos, tienen sus propios problemas con lo de Taiwan...»
La carcajada de Anacleto retumbó en todo el café, pero no era una carcajada alegre. Era de esas que sueltan los viejos cuando ven a un niño confundir la distancia geográfica con la ausencia de intereses. «Camarita, China no está lejos de nada cuando hablamos de petróleo.» dijo pausadamente «Venezuela tiene las mayores reservas probadas de crudo del planeta: cerca de 303.000 millones de barriles. Eso es más que Arabia Saudita. Y esa riqueza no está bajo tierra por casualidad: está bajo la protección de un gobierno que Pekín considera socio estratégico. Desde hace años, los bancos y fondos chinos han........
