Por una Asamblea Constituyente libre y soberana, conquistada mediante la movilización y que rompa con el imperialismo
Por arriba discuten los rumbos del país bajo tutela de Estados Unidos, acordando la entrega nacional en nombre de una supuesta “transición” dentro de un protectorado neocolonial imperialista, mientras subordinan al pueblo. Publicamos al respecto una declaración de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) sobre qué política impulsar para que el pueblo trabajador pase de ser espectador a protagonista.
Tras el ataque militar imperialista del 3 de enero, el país entró en una nueva relación de subordinación con Estados Unidos. La dominación se profundiza cualitativamente, y Washington impone su voluntad en decisiones fundamentales sobre la política nacional, los recursos y la economía, configurando un protectorado neocolonial.
La negación de la soberanía nacional aparta al pueblo venezolano de la posibilidad de incidir en su destino, mientras pretenden embaucarnos con una supuesta “transición democrática” que, en cualquiera de las versiones, mantiene el sometimiento nacional y niega al pueblo el derecho a decidir el rumbo del país.
Unos con las negociaciones Gobierno – AN2015 bajo órdenes de Trump; otros, exigiendo unas supuestas “elecciones libres” que parten de aceptar el estatus de protectorado, donde a lo mucho se podrá elegir entre distintas variantes para administrar la situación neocolonial, entre ellas el ala de María Corina y el ala del chavismo entreguista.
Un país llevado del desastre a su conversión en un protectorado imperialista
Desde la invasión militar y bombardeo del 3E, los ingresos petroleros, centro de la economía nacional, no los controla el país sino Estados Unidos.
Se han firmado acuerdos energéticos que profundizan la apropiación de los recursos nacionales por intereses extranjeros, mediante pactos de larga duración que comprometen el control soberano sobre áreas estratégicas de la economía.
Se ha impuesto una dominación militar que llega al ingreso de centenares de marines cuando la potencia extranjera lo decide, y, al calor de la tragedia de los terremotos, se han abierto relaciones con el gobierno genocida de Israel. Mientras la potencia imperialista decide cuándo deben realizarse elecciones en el país, como ha dicho Trump. Esto muestra hasta qué punto Venezuela ha quedado subordinada al imperialismo estadounidense, en una situación propia de un Estado vasallo.
Esta situación colonial es administrada por el gobierno que encabeza Delcy Rodríguez. Pero también sectores fundamentales de la oposición patronal, como los encabezados por María Corina Machado, entre otros, aspiran a participar en la administración de Venezuela bajo las condiciones del protectorado.
Así, el futuro del país se resuelve por arriba: entre el dominio imperialista de Washington, el gobierno del vasallaje, el alto empresariado y grupos de poder opositores al gobierno, pero partidarios del imperialismo que impone el sometimiento nacional; con la anuencia de las distintas fracciones de la burguesía nacional.
Sus diferencias no eliminan el punto común: ninguno plantea que la mayoría trabajadora decida soberanamente sobre las riquezas y el rumbo del país.
No podemos aceptar que nuestro destino sea decidido por una potencia imperialista y por quienes han entregado la nación o por quienes aspiran a ser sus nuevos agentes. Porque no puede existir una soberanía popular real cuando las principales decisiones sobre el petróleo, las finanzas, los recursos naturales y la orientación económica del país son decididas por el imperialismo. No puede hablarse de “democracia” si el futuro de Venezuela es negociado entre Washington y las distintas fracciones de las clases dominantes.
La defensa de la soberanía nacional es una cuestión democrática fundamental. Las grandes mayorías trabajadoras y populares tienen derecho a decidir qué hacer con el petróleo y el gas, con las minas, con las tierras, con los........
