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La autoproclamación política como sustituto de la acción transformadora

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sunday

¿Qué eres tu? Chavista, madurista, delcista, cabellista, jorgista o mariacorinista o qué?

Hay una costumbre venezolana que, con el paso del tiempo, se ha vuelto cada vez más reveladora: la necesidad de autoproclamarnos políticamente. Ya no parece suficiente tener una opinión sobre el país, defender una determinada visión o apoyar una propuesta. Pareciera indispensable colocarle un apellido a nuestra identidad política.

Así encontramos venezolanos que se autodefinen como chavistas maduristas. Otros, más actualizados, se presentan como chavistas maduristas delcistas. Algunos agregan más componentes y se dicen chavistas maduristas delcistas cabellistas, mientras surgen nuevas combinaciones entre delcistas, jorgistas y cabellistas. Y, desde el otro extremo del espectro político, encontramos a quienes se autoproclaman mariacorinistas.

No hay nada ilegítimo en identificarse con una corriente, un dirigente o una concepción de país; la libertad de pensamiento forma parte de cualquier sociedad. Pero precisamente por eso vale la pena formular una pregunta concreta: ¿De qué manera esa autoproclamación ha contribuido a mejorar a Venezuela?

No pregunto si esa identidad produce satisfacción, sentido de pertenencia o contención emocional. Pregunto algo mucho más directo: ¿la autoproclamación ha producido transformación? ¿Ha mejorado la electricidad, el suministro de agua, la educación, el empleo o la infraestructura? ¿Se ha protegido el ambiente, reducido la pobreza o disminuido la necesidad de emigrar? ¿Qué ha hecho Venezuela mejor gracias a esa etiqueta política?

El problema de confundir identidad con acción

Aquí se encuentra uno de los grandes nudos de nuestra cultura política contemporánea: hemos llegado a confundir identidad con acción, pertenecer con transformar, apoyar con construir y defender con hacer. Y, quizás lo más grave, confundimos la fidelidad hacia una persona o movimiento con la fidelidad hacia el país.

Pero una identidad política, por sí sola, no transforma la realidad. Una palabra no genera electricidad, una etiqueta no construye una escuela, una consigna no recupera un hospital y una discusión en redes sociales no produce alimentos. Podemos dedicar años........

© Aporrea