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No a la guerra

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10.03.2026

No es de extrañar que el 68% de la población esté por el NO A LA GUERRA. La guerra que decretan los poderosos la sufrimos las clases populares y siempre viene acompañada de pérdida de derechos, violencia y muerte, especialmente para las mujeres, que ven cómo sus cuerpos pronto devienen en terreno central de conquista a través de todo tipo de abusos.

Así, las combativas manifestaciones que han llenado las calles el 8 de marzo han dejado claro, de un lado, que no puede haber libertad de la mujer bajo las bombas, y del otro, que la movilización masiva constituye el mejor medio que tenemos para defender nuestro derecho a vivir en paz ante la extrema derecha.

Llevamos diez días de carnicería en Irán, que se suma a la que de nuevo sufre el Líbano con casi un millón de personas desplazadas, y que, a su vez, se añade a la que padecen Gaza y Ucrania. La guerra se enquista sin remedio en el globo y se extiende, en el caso de Irán, a una confrontación regional que alcanza, a golpe de misil, a los distintos países del Golfo Pérsico y a las bases de los EEUU que se ubican en la zona.

Los cauces legales, diplomáticos e institucionales, creados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, particularmente NNUU, van camino de la marginalidad a la par que el rearme generalizado gana terreno.

Los amos del mundo, ante la reducción de los márgenes de beneficio de sus sectores más poderosos, profundizan (con las armas) su lucha por un nuevo reparto del planeta y sus riquezas.

Los gastos militares aumentan. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, apuesta por ello justificando la guerra en Irán y declarando el fin del "viejo orden global". Los países de la UE le siguen la estela y han triplicado la compra de armas. Por su parte, los presupuestos comunitarios excluyen del criterio de déficit fiscal el gasto de los Estados en armamento.

Para la mayoría de la población, el juego de los déficits, los costes y los presupuestos también tienen poco de diplomáticos y declarativos. Donde caen las bombas el coste se llama muerte y destrucción; aquí, inflación y fragilidad.

Proteger a la mayoría de la ciudadanía de la escalada incontrolada de los precios que asoma de la mano del combustible (gasoil y gas) y que alcanzará a toda la actividad económica y comercial, incluidos los productos alimentarios, exige meterle mano a la especulación, topar márgenes, así como castigar penalmente a quien los incumpla. El Estado debe intervenir decididamente para amparar a la población de una codicia empresarial que no ha dudado en comenzar a especular con los precios.

Urge un verdadero escudo social que garantice el derecho a la vivienda, el empleo, los salarios, el gasto social y los niveles de consumo de la mayoría. Un escudo público que dé un lugar determinante en su extensión y aplicación a los ayuntamientos, así como fuerza y control a los sindicatos y a las entidades vecinales. Urge apostar por la cohesión social y por aquellos medios que nos permiten crear comunidad frente a la barbarie.

Necesitamos comunidad y unidad contra la guerra y sus efectos. Catalunya vivirá a partir del 16 de marzo una importante movilización en defensa de la educación pública, que concluirá con una huelga general el día 20 de este mismo mes.

Huelga también general habrá en Euskadi y Navarra el próximo día 17 de marzo a favor de un salario mínimo en esas comunidades de 1500€ al mes.

"A parar la guerra en Oriente Medio sin olvidar Gaza" estamos llamados el próximo día 14 de marzo a las 12 horas en la plaza Luis Goytisolo de Madrid.

La calle se reanima al calor de la lucha, lo vimos el pasado 8M. El movimiento debe, poco a poco y paso a paso, encontrar la manera de expresar la confluencia que existe entre la defensa de los derechos elementales y el urgente giro contra estas guerras imperialistas e ilegales por el control de las principales materias primas y sus rutas en el mercado mundial.


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