menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Dime de qué presumes y te diré de qué careces en Ceuta

25 0
05.09.2026

Hay dos clases de problemas en la vida de las personas y en la de las sociedades: los que tienen solución y los que no. Los primeros desaparecen si se encuentra la respuesta adecuada y se aplica con acierto. Los segundos no tienen remedio que los haga desaparecer, y empeñarse en buscárselo conduce a la frustración, primero, y después a la parálisis. Con ellos no cabe resolver, sino evitarlos mientras se pueda, paliar el daño, frenarlos, retrasarlos, pasarlos a otro tiempo o a otras manos… y, sobre todo, cuidar en todos los sentidos a quien los padece, sea una persona, un territorio, un animal, o un patrimonio que no queremos perder.

Mi tesis es que el problema de Ceuta (y Melilla) pertenece a esta segunda clase en el plano político, geoestratégico e incluso humanitario, al menos a corto y medio plazo, y las razones de que no tenga solución me parecen claras. Son dos territorios que pertenecen a España antes de que existiera el Marruecos actual, pero que este país reclama sin descanso porque esa reivindicación forma parte de su identidad nacional y del cemento de su monarquía. Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos (fronteras, comercio, migración, seguridad, energía…) y de los cuales uno es una autocracia que sabe usar esa imbricación como palanca sibilina para agredir y hacer chantaje, incluso permitiendo -por ejemplo- que miles de personas violen una frontera como munición, aun a costa de sus vidas. Hay una población autóctona, la ceutí y melillense, con intereses propios y legítimos para la que seguramente no hay más "solución" imaginable que mantener el statu quo del que depende su vida. Y, para colmo, en España hay una derecha ferozmente nacionalista que se proclama patriota pero que nunca arrima el hombro en favor de toda la patria, sino que sopla las brasas con tal de quemar al gobierno que no represente a lo que ella considera la suya, la "España de bien". Y lo hace, aunque así se deteriore la cohesión interna, se quiebre la imagen internacional del país o hasta se genere más riesgo de perder territorios de la patria que dice defender. Y el problema se complica, finalmente, aún más dadas las racionales sospechas de que quien realmente mueve los hilos en esa zona pueden ser los gobiernos de Estados Unidos e Israel, a quienes interesa que España y Europa se desestabilicen y que han dado sobradas muestras de cinismo e inmoralidad.

Quizá la mejor forma de comprobar que el problema de Ceuta no tiene solución es comprobar lo que han hecho quienes más alto proclaman que sí la tiene, la derecha y extrema derecha (en este caso, la misma cosa) que acusan al Gobierno de Pedro Sánchez de no defender a Ceuta y que reclaman mano dura contra Marruecos.

Es la derecha y extrema derecha que no sólo no condena al franquismo, sino que incluso lo reivindica, pero que olvida que en noviembre de 1975 y ante la Marcha Verde (trescientas mil personas caminando), el régimen de Franco -el más militarista, beligerante y supuestamente patriótico que ha conocido España, armado hasta los dientes y sin parlamento, oposición ni tribunales que le ataran las manos- no defendió el Sáhara. Lo entregó en cuestión de días, lo mismo que había hecho antes, en 1969, cuando cedió Ifni a Marruecos. Es la misma derecha que, sin embargo, celebró como gesta nacional la recuperación de la Isla Perejil, un islote deshabitado del que en 2002 hubo que desalojar a un puñado de gendarmes que ni siquiera opusieron resistencia.

Esa es la medida exacta del patriotismo de la derecha española: epopeya cuando no hay nadie ni nada que defender, entrega o silencio cuando lo que está en juego es un territorio con población y futuro. Y es la misma derecha que hace gala de su atlantismo y sintonía con Washington pero que calla cuando es precisamente Estados........

© Aporrea