La obra "3 de enero, bombardeo a Caracas": y… el salto a la 4ta. Dimensión…
Un ser bidimensional sólo es capaz de moverse a lo largo y ancho de un plano, digamos, por ejemplo, como lo podría hacer una ameba. En esa dimensión, los seres sólo tienen capacidad para moverse de izquierda a derecha o ir para adelante y para atrás, pero están imposibilitados de trasladarse hacia arriba o hacia abajo. La referida ameba, si tuviera la capacidad de pensar, no podría imaginarse lo que existe arriba o abajo, es decir, la altitud no tiene sentido para ella. Imaginemos que dicha ameba se desplaza sobre un mesón, pero entonces alguien repentinamente da un golpe, y ella, por un instante se eleva, pasando a la tercera dimensión, logrando así ver abajo un mundo tan extraño e inimaginable, que podría ser tan revelador como desconcertante. Eso fue lo que nos pasó la madrugada del 3 de enero, cuando los gringos provocaron un espantoso golpe sobre el discurrir de nuestras vidas, invadiéndonos, llevándose al presidente y a su esposa Cilia, y algunos de nosotros estremecidos, pasando repentinamente a la Cuarta Dimensión, y quedándonos allí para siempre. Pero a la vez, viendo que hay quienes siguieron inconmovibles en la Tercera Dimensión, y nosotros desde la Otra mirándolos como perdidos… Urge crear desde lo más profundo de nuestro ser un nuevo camino, eso sí, reforzando todo lo que hemos aprendido y andado.
Para los que repentinamente pasamos a la Cuarta Dimensión, ahora todo lo vemos diferente, todo ha cambiado, hasta la luz, el aire que respiramos, las ideas, los sentimientos. Aturdidos, vemos los mismos rostros de aquellos líderes inmersos en la Tercera, en la inercia de sus manierismos, con sus llamaradas de tardías pasiones, con sus algaradas, oyendo viejas consignas y canciones, recibiendo las señales de un mundo lejano a través de canales de televisión con antiquísimas programaciones, imágenes y noticias que se hicieron repentinamente anacrónicas y rancias. Pues, ya nada es igual. Todo ha cambiado tanto. Un golpe estremecedor nos lanzó a la Cuarta Dimensión, dejando cuanto veníamos viviendo como obsoleto, vencido, anticuado, irrecuperable. Pero, aun así, ya uno situado en esa Cuarta Dimensión puede ver perfectamente al otro lado, en la Tercera Dimensión, a seres que siguen en un mundo que ya feneció, ataviados de trajes inmemoriales, con palabras vencidas y remotas, hablando de lo repentinamente fulminado, como si todavía existiera. Nosotros desde la Cuarta podemos ver a los de la Tercera (terceranos), pero ellos no a nosotros, y los vemos tan transparentemente, como perdidos e irrecuperables. ¡Lo inconcebible, pues, haciéndose permanentemente real y cotidiano! Ambiente enrarecido, sintiéndonos los de la Cuarta tan lejano de todo...
Así como un ser bidimensional no puede imaginar una Tercera dimensión, uno tridimensional no podría imaginar la Cuarta, y eso es lo que está pasando en este momento. Los que se quedaron en la Tercera viven en el mundo de las eternas ilusiones ya vencidas y hasta anuladas por convencimientos propios, tratando ahora de amoldarse a las imposiciones, a las que ahora se llaman conveniencia, acuerdos o arreglos.
Durante horas quedo embebido en mis pensamientos, viene mi mujer, se acerca y pregunta si me siento bien. Apenas le respondo con un gesto de indiferencia con la mano. Ella opina, ella tiene unas opiniones que me afectan por lo real y fuerte como las presenta. ¿Qué país es este en el que ahora me encuentro? Por un golpe muy fuerte y profundamente inesperado de pronto pasamos a otra dimensión. ¿Y yo qué pudiera hacer si me encontrara al mando de este barco? Así ocurre, hemos pasado a otra dimensión por efecto de un choque estremecedor que nos ha cambiado contundentemente todo el panorama y el ambiente en el que solíamos desenvolvernos.
Ya nada es igual. Ciertos personajes han dejado de ser los guías de otros tiempos, aunque los sigamos viendo en unos papeles anacrónicos, tratando de situarnos en una normalidad fuera de lugar. Es que siento que todo está fuera de lugar. Los chistes, los acuerdos, las ideas y pensamientos, los planes para una lucha. Nada encaja, y nada podemos hacer para que vuelva a cuanto aspirábamos.
Ahora bien, qué produjo todo esto. Puedo escribir sobre ello tanto como los 34 volúmenes de las Memorias del General Florencio O’Leary. No sé si hacer un resumen, pero me sería realmente agobiante. Hicimos lo que pudimos con la gente que teníamos. No podíamos hacerlo con nadie más, y he aquí los resultados. Por otra parte, no se puede culpar a nadie, porque realmente nuestros enemigos no son seres humanos sino monstruos, asesinos desaforados sin límites en sus locuras, esa es la realidad.
Y pienso recurrentemente en nuestros jóvenes que requieren de guías espirituales poderosos. Hacia dónde marchan nuestros jóvenes, qué será de ellos, embebidos en sus deseos inmediatos, esos que les llegan por las redes. ¿Dónde encontrar un verdadero guía espiritual? Eso es lo que ahora hace falta, un guía, un gran líder, que todo lo pueda interpretar y recomponer, para una nueva iluminación, entendiendo que ha vuelto Hitler y que está impartiendo órdenes aquí en nuestra propia tierra…
