El "regalo" de 6.000 millones: ¿Petróleo caro y bolsillos vacíos?
Históricamente, cada vez que el precio del petróleo se dispara por conflictos lejanos, Venezuela recibe un "billete de lotería" inesperado. Sin embargo, en lugar de invertir en su propia fábrica, el país ha optado por comprar el centro comercial entero. Hoy, ante una nueva escalada de precios por la crisis en el Medio Oriente, nos enfrentamos a una pregunta vital: ¿gastaremos este nuevo premio en productos importados o lo usaremos para encender los motores de nuestra propia producción, desarrollo tecnológico y distribuir esa renta en restablecer el poder adquisitivo?
BORRACHERA DE PUERTO: Un vicio que no podemos repetir
Imagine que recibe un aumento de sueldo y, en lugar de pagar su casa o montar un negocio, decide pedir delivery todos los días y vender sus herramientas de trabajo. Eso es, esencialmente, lo que Venezuela hizo ante la subida de los precios del petróleo por la crisis de Medio Oriente en los años 70, y lo que volvió a repetir ante la escalada de los precios del crudo tres décadas después.
En 1972, antes del primer gran salto petrolero, las importaciones venezolanas eran de apenas 2.100 millones de dólares. Para 1978, tras el impacto de la crisis de la OPEP, esa cifra se había catapultado hasta los 11.500 millones de dólares, multiplicándose por 5,4 veces en tiempo récord. Tras haber sido testigos de ese error político, se podría intuir que no sucedería otra vez; sin embargo, en 2004 el ciclo se repitió. El salto fue similarmente voraz: las importaciones pasaron de 12.000 millones a 50.000 millones de dólares. El patrón es casi matemático y peligroso: entra un dólar por petróleo y sale un dólar para comprar afuera lo que antes hacíamos adentro. Este "mercantilismo de puertos" solo destruye el campo y la industria, haciéndonos dependientes de lo que se produce en otros países y dejándonos vulnerables cuando el precio del barril, inevitablemente, vuelve a caer.
El BOTÍN DEL CAOS: Los 6.000 millones de dólares que la guerra pondra en nuestra puerta
Para Venezuela, la guerra en Irán representa una ventana de ingresos extraordinarios. Considerando que el país ha logrado estabilizar parte de su producción, los precios proyectados superan con creces las estimaciones presupuestarias iniciales. Se estima que, aun finalizando la guerra en este momento producto de los daños a refinerías e infraestructura petrolera de la región, los precios del crudo promedien entre 80 y 90 dólares el barril en 2026.
Esto ocasionaría un crecimiento adicional para Venezuela en su flujo de caja, que podría oscilar entre los 5.000 y 6.500 millones de dólares, sumados a otros 5.000 o 7.000 millones producto de la flexibilización de las sanciones. Además, de continuar el conflicto, por cada dólar adicional en el precio, los ingresos se incrementarían en 280 millones o más al año. Se trata de un "sobreprecio" derivado de una renta extraordinaria por la escasez global que genera la guerra.
INVERTIR EN VENEZUELA, NO EN EL PUERTO: La fórmula para que el petróleo se quede en casa
Para no tropezar con la misma piedra, la estrategia debe ser radicalmente distinta a la de los últimos 60 años. El elemento principal de esta nueva etapa debe ser invertir en el país antes que importar productos terminados, y la primera inversión debe ser un ajuste del salario mínimo. En una economía como la venezolana, donde la Propensión Marginal al Consumo es extremadamente alta porque los ingresos actuales no cubren la canasta alimentaria, cada dólar invertido en el bolsillo del trabajador se traduce inmediatamente en demanda real.
Al elevar el salario, se activa el motor de la demanda agregada: el trabajador compra más, el comercio vende más y la industria interna se ve obligada a producir más. Para que esto funcione bajo un "mercantilismo nacional", el Estado debe usar el sobreprecio petrolero para:
•Financiar el consumo interno: Que el aumento salarial dinamice la economía de calle.
•Crédito a la producción: Asegurar que las empresas locales tengan el capital para responder a esa nueva demanda sin depender de productos importados.
•Infraestructura estratégica: Reparar los servicios básicos para que producir sea viable.
CONCLUSIÓN: Roper con el paradigma del delivery.
Al final del día, la economía no es más que un reflejo de nuestras prioridades. Debemos entender que cada dólar que sale del país para importar un producto terminado que podríamos fabricar aquí, no es solo una transacción comercial; es, en realidad, un atentado silencioso contra el desarrollo nacional y la calidad de vida de la sociedad, condenando a los venezolanos a vivir de las migajas de una renta volátil. Está política debe ser condenada, señalando a sus autores y colocando bajo investigación a sus promotores. Romper este ciclo es vital. Esta vez, el "sobre precio del petróleo" debe servir para construir la fábrica, desarrollar la tecnología, incrementar la energía y poner dinero en el bolsillo del trabajador.
