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Cuando el pueblo soberano ejerce su derecho a elegir, se le debe respetar, así su veredicto incomode a los poderosos

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23.06.2026

"La soberanía del pueblo es la única autoridad legítima de las naciones."

Con esta máxima, Simón Bolívar no solo sentó las bases de nuestra independencia, sino que estableció un principio irrenunciable: el poder emana del pueblo y a él debe volver, rendido en cuentas, transparente y leal.

En las últimas semanas, Sudamérica ha sido testigo de dos procesos electorales presidenciales de alta tensión cívica, donde el margen entre el ganador y su inmediato seguidor no alcanzó siquiera un dígito porcentual.

Esa estrechez numérica no revela una debilidad democrática; al contrario, expone la crudeza de una ciudadanía despierta, dividida por el hambre de justicia y la urgencia de transformación.

Lejos de ser un mero episodio de polarización, estos comicios son el síntoma de una crisis sistémica de representación que exige, como pedía el Libertador. "la igualdad y la reforma de las leyes" para que las mayorías populares dejen de ser súbditos y se conviertan en verdaderos ciudadanos.

El derecho a elegir: pilar de la soberanía, no concesión de élites

Bolívar lo advirtió con claridad en el Congreso de Angostura:

"El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política."

Esa felicidad no se decreta desde arriba; se construye desde la urna, donde cada voto es un acto de soberanía.

La democracia representativa no es un favor del Estado ni un privilegio de las élites: es la expresión viva de la voluntad colectiva.

Por ello, cuando un pueblo ejerce su libertad de sufragio así el resultado no sea del agrado de los poderosos de siempre, ese veredicto debe ser respetado en su integridad, porque en él habla la conciencia nacional.

Perú y Colombia han padecido esta disyuntiva. En las recientes contiendas, la diferencia fue mínima: en Perú, apenas 44.000 votos separaron a Pedro Castillo de Keiko Fujimori (0,25 %). Y más recientemente en Colombia la diferencia entre los dos candidatos no llega a un dígito .

Y sin embargo, el sistema democrático resistió, porque prevaleció el respeto........

© Aporrea