La leyenda de El Conde Gerchar y una reflexión para los trabajadores
San Juan de Betulia, enclavado en las cálidas sabanas del departamento de Sucre, en pleno corazón de la región del Caribe colombiano y a pocos kilómetros de Sincelejo, es un pueblo famoso por sus fachadas de colores y el aroma inequívoco del diabolín recién horneado (ese icónico pasabocas de la gastronomía costeña, crujiente y dorado, elaborado tradicionalmente a base de almidón de yuca y queso costeño). Sin embargo, detrás de sus casas pintorescas y su calma chicha, corre una historia de mediados del siglo XX que los viejos aún repiten en voz baja.
Por aquellos años 60, la crisis y la carestía tenían acorralados a los betulianos. A las miserias cotidianas se sumaba un rumor tenebroso sobre La Hacienda, una propiedad apartada de la vía principal donde reinaba un silencio sepulcral. Se decía que su dueño, el hacendado Carlos Mario Gerchar, era un vampiro. La prueba, según los lugareños, eran los peones que entraban a trabajar y jamás volvían a verse, junto con un par de cadáveres hallados en el pueblo con extrañas marcas en el cuello.
En medio de ese ambiente de paranoia y necesidad, llegó la época electoral. Una tarde sofocante, el candidato a la alcaldía, Gregorio Morales, montó una tarima improvisada en la plaza principal. Prometió villas y castillos entre aplausos a medias. La gente, exasperada, empezó a gritar sus reclamos: el agua potable, la pavimentación, el colegio, el centro de salud. De pronto, un vecino alzó la voz por encima del........
