Transparentar el Financiamiento de la Política
¿De quién fue la idea? De nadie en particular, es una idea que surge gradualmente, anticipada por múltiples iniciativas y formalizada tras grandes escándalos de corrupción consuetudinaria en ciertas esferas de la política, las empresas, las iglesias, los vaqueros y los "mass media". Ninguno opera en solitario. La transparencia es un signo en disputa. Puede ser herramienta pedagógica de desnaturalización o ritual legitimador del orden existente. Todo depende de la gramática política que la inscriba. Sin una resemantización radical que la vincule a la crítica de la acumulación, la transparencia del financiamiento político seguirá siendo un espejo donde el poder se mira y se reconoce, pero nunca se cuestiona.
Todo el dinero que se produce, gracias a la clase trabajadora, no es una sustancia neutra, sino un signo social condensado, una relación material que, al circular, inscribe injustamente, en los cuerpos y en las conciencias, la gramática del poder dominante. No se trata simplemente de billetes, transferencias o balances contables, sino de un lenguaje práctico que dice, textual y sub-textualmente quién manda, quién obedece y bajo qué ilusiones se disfraza esa obediencia. La pretensión de "transparentar" el financiamiento de la política aparece entonces como un síntoma histórico; el sistema se ve obligado a exhibir parcialmente sus entrañas porque la opacidad absoluta ya no puede sostenerse sin riesgo de ruptura. Pero esa transparencia, tal como se la formula desde el neoliberalismo, no es la negación del fetichismo, sino su refinamiento, una pedagogía del capital que enseña a mirar sin ver, a contar sin comprender, a aceptar como natural lo que es producto de una relación social........
