Aquel rostro de ayer, que venció la muerte, hoy siente la peor derrota
Aquel rostro de ayer —que no fue derrotado ni por la muerte— resurgió de las sombras. Aún llevando su traje militar ajado y desgastado por la intemperie, se asomó a un país con la discreción de quien atisba en una habitación ajena. Decidió no entrar; prefirió quedarse en la penumbra y observar todo cuanto estuviera a su alcance.
Su mochila estaba repleta de historia, y a través de ella analizaba el presente. Buscaba una razón para permanecer allí, inmóvil y vigilante, cuando sintió que una frase le llegaba a la memoria, cuyo autor no le resultó grato. En lugar........
