Luchar por el salario, no afecta al gobierno. Es deber, necesidad permanente del trabajador y de todo partidario del cambio
El modelo capitalista, al margen del poder del Estado como inversionista, responde a la lógica y conducta del capital. El trabajador, participa en el proceso productivo, mediante su fuerza de trabajo. Por supuesto, la palabra fuerza, de uso común entre los luchadores sindicales o políticos, tiene una connotación diferente, como que incluye el talento, la experiencia y hasta otras cualidades particulares del trabajador; no es eso sólo un asunto cuantitativo. Por su aporte, recibe un pago, llamado salario, muy por debajo de lo que en realidad le corresponde.
Pero el trabajador, dentro del modelo, aparte de contribuir en alta medida en la elaboración de las mercancías, hasta su llegada y distribución en el mercado, es también un consumidor. Forma parte del mercado de muchas de las mercancías que se producen con su participación. De manera que, los capitalistas y simples productores, comerciantes, le necesitan como consumidor. Su salario deprimido, deprime el consumo, mercado y afecta a inversionistas, pequeños productores y comerciantes. Es decir, la lucha por el salario, en buena medida, es inherente a la sociedad toda; es como un estimulante para combatir la depresión, la paralización y hasta el retroceso.
Suelo mencionar o recordar, como Lincoln, cuando le correspondió emitir el decreto acerca de la abolición de la esclavitud en EEUU, dijo, refiriéndose a los "liberados", "vayan y reclamen los mejores salarios posibles". Aquel gesto no estaba dirigido sólo a favorecer a los esclavos, sino a los pequeños capitales, productores que necesitaban mano de obra, pero también un mercado consumidor de sus mercancías, que les permitiese crecer. Ese fue, sin duda, un salto fundamental, gigantesco en el crecimiento de la economía de EEUU, sobre todo la del norte.
La lucha por el salario ha sido llamada por muchos históricos luchadores y pensantes, de diversas maneras, una de ellas, la más usual, como "la bujía de los combates y del cambio". Pues el cambio sustantivo en el modelo social, no es posible si los trabajadores, la multitud no los conciben, planifican, imponen en la dirigencia, en el Estado y la comunidad toda a través de sus luchas, siempre asociadas a la lucha por las conquistas salariales.
Una sociedad donde los trabajadores no luchan por el salario, asociando a ellos, la orientación de una vanguardia eficiente, competente y clara, ajena al burocratismo, se anquilosa, paraliza y se hunde bajo sus propios pies.
De viejos teóricos, de libros ya apolillados, por el paso del tiempo, aprendimos que la lucha por el salario no sólo es necesaria porque las necesidades del trabajador mismo lo imponen, sino como una demostración de sus fuerzas y derechos. No puede dejar una decisión de su casi estricta competencia a su patrón, quien, obnubilado por su muy estrecha visión, puede eximirse a cumplir con un casi rito, dado que eso se volverá en su favor con el aumento del consumo y la dinamización de la economía.
Pero el salario o la compensación equilibrada del trabajo, también tiene sus efectos en dos pilares que deben ser enormes y poderosos para que la sociedad suba lo más alto posible; ellos son salud y educación. La inversión en estos dos ámbitos, que no implica hacer gasto, un calificativo inadecuado, significa impulsar alta, dinámicamente la economía. Cuando el Estado invierte en ellos, está impulsando el crecimiento, desarrollo de la sociedad y, ayuda, de manera altamente apreciable, a todos, empezando por los usuarios de mano de obra o trabajadores a diferente nivel, los capitalistas o empresarios. Un pueblo, una sociedad sin buena educación y salud, está condenado a parecer y con él, quienes aspiran a crecer como empresarios y ser parte de estos.
Pero la lucha por los salarios, es un arma de los trabajadores, de los partidarios del permanente cambio de la sociedad en busca de los más altos estadios; es decir, es un arma necesaria, vital e indispensable de quienes sueñan con que el movimiento se haga más intenso y dinámico; para quienes buscan la justicia social.
Ella, la justicia social, no está sujeta, ni es nada parecido a su logro, que quienes con ella han soñado y sueñan, estén y hasta se mantengan en el poder. Pues una cosa es mi sueño personal y otra el determinado para que la sociedad toda alcance el equilibrio y "la mayor suma de felicidad posible". No sería extraño, pues es lo natural, que mi estricto beneficio personal, nada tenga que ver con el colectivo y hasta mis iniciales sueños. Puedo lograr mayores beneficios en favor de los trabajadores estando del lado de quienes luchan y no al frente del Estado.
Entonces, la primordial obligación de los militantes del sueño por el cambio y la justicia, en una sociedad capitalista que, por serlo se paga salarios y se produce plusvalía o beneficios adicionales a quienes invierten capital, sin importar su rol, es contribuir y participar en la lucha por los salarios. Porque es justo, conveniente al sistema todo y para ellos, como ya dije una "obligación".
No es nada recomendable, como tantas veces hemos dicho, que el Estado o el patrón, se tome para sí, el derecho de subir los salarios cuando le parezca conveniente. Y no lo es porque pudiera hacerlo a su conveniencia, por debajo de lo que dicen los indicadores económicos, sino porque sería como inhabilitar la más eficiente arma de los trabajadores y de los luchadores por el cambio y ascenso de la sociedad toda.
Es necesario comprender algo que este humilde servidor, viene diciendo desde hace mucho tiempo. Los dirigentes de los trabajadores actuaron muy mal, cuando dejaron en manos de Chávez el aumento salarial, el que el presidente hacía de manera por demás frecuente y hasta generosa, en un momento que la estructura del aparato productivo petrolero estaba intacta, abierto el mercado de EEUU y las sanciones no habían entrado a operar. Aquel gesto o proceder, lleno de buena fe, hundió al movimiento sindical y les restó aparente pertinencia a las luchas salariales que, como hemos dicho, no están sólo sujetas a alcanzar mejores salarios sino muchas cosas más, como el derecho y la obligación de exigir para impulsar otros cambios.
De aquella conducta, más que la dirigencia sindical, los movimientos u organizaciones inherentes a los trabajadores terminaron como inhabilitados y en el desecho. Tanto es así, que llevamos unos cuantos años viendo a pequeños grupos de trabajadores e individualidades, reclamando aumento salarial como el solitario que se para en una esquina o aquel perro que ladra pidiendo clemencia a medianoche.
Cuando se estudie con equilibrio este asunto, se podrá comprobar que no es pertinente o suficiente, decir que ese espíritu, fuerza de lucha la exterminó el gobierno mediante la represión. No, él empezó a morirse, desde cuando todos los trabajadores y organizaciones sindicales de distinta naturaleza y concepción, optaron por aceptar que aquella diatriba, derivada de la lógica del sistema, se resolviese mediante decisiones del presidente Chávez y los sindicatos se archivaron y los dirigentes de ellos "se las echaron al hombro", de una manera u otra. Esto no niega la permanencia de pequeños grupos de dirigentes, hasta aislados, que insistieron en hacer lo correcto, pero sin fuerzas.
Llegado a este momento, dadas todas las circunstancias derivadas de estudio, análisis sensato, no es en vano decir que, la obligación de los militantes por el cambio, que no es un salto ajeno a la dialéctica, sino uno como corresponde, derivado de la realidad, la lucha en favor de los salarios no sólo está vigente y es necesaria, dada la precariedad de la vida venezolana, sino además para mantener expectantes las fuerzas partidarias de la soberanía y los derechos ciudadanos amenazados por la injerencia extranjera. No importa que, en esas luchas, la extrema derecha, por oportunismo, se mezcle y hasta partícipe por sus fines oportunistas y el propósito de generar inestabilidad. Más cuando esas luchas, son inherentes, de manera exclusiva del interés de los trabajadores y siendo así, sabiendo manejarse ante esa contradicción, no habrá manera de perder.
Si quienes gobiernan, son partidarios y militantes de las luchas de los trabajadores y, estando estas siempre orientadas en favor del futuro y la justicia, la resultante será para ellos también beneficiosa. Quienes gobiernan, siendo lo que son o lo que uno cree, no pueden oponerse a esas luchas. Las dificultades existentes no son motivos. Las salidas existen y las explicaciones, razonables también. Lo esencial es tener claro que oponerse y hasta combatir contra quienes reclaman mejoras salariales, más en las circunstancias que vivimos los venezolanos, es estar en contra de la dirección que debe llevar la vida y el transcurrir humano.
Cuando agentes del gobierno se comportan como contrarios a los aumentos salariales, están dejando esa consigna y motivo esencial de la lucha popular en manos del contrario. Uno que no la quiere, pero la usará para sus fines, generar inestabilidad en un momento crítico. Ya andan en eso, por primera vez.
