Grietas
Caracas no se funda una sola vez; se refunda a golpes de tierra cada siglo, cuando la montaña le recuerda que es apenas una criatura frágil encaramada al lomo de una falla insomne. Cinco veces la ha mirado el abismo con sus ojos de polvo, y las cinco la ciudad ha vuelto a sonreír de esperanza entre los escombros.
La primera fue el 11 de junio de 1641, día de San Bernabé. La joven Caracas de techos de palma y tapia cayó de rodillas antes del mediodía, un silencio tenso roto por el rugido. El templo de San Francisco se vino abajo en plena misa; el cerro que luego llamarían Ávila se desgajó en aludes que borraron caminos. Apenas había seis mil almas en la comarca y casi todas quedaron sin techo. Los sobrevivientes, con el espanto aún caliente en el pecho, sacaron en procesión al Cristo de la Paciencia entre las esquinas del desastre, sembrando en el alma de la naciente ciudad la semilla de un miedo cíclico.
La segunda embestida llegó un Jueves Santo de 1812. A las cuatro y siete minutos de la tarde, mientras los fieles alzaban la custodia en solemne adoración, el Ávila bramó de nuevo y los templos se desplomaron sobre los incrédulos. Diez mil almas quedaron sepultadas, y........
