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Revolución popular y Geopolítica. La lucha por un Orden Multipolar desde el interior mismo del Imperio Occidental

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04.06.2026

Dada la situación del mundo, lo normal y previsible sería una auge del sentimiento anti-yanqui y anti-sionista dentro del propio bloque sometido al Imperio Occidental. Ese sentimiento es popular, contrario al deseo de las élites dominantes. Por desgracia, aún no ha cristalizado en forma de movimiento organizado de protesta.

Los análisis optimistas acerca de la pujanza de los BRICS y su papel como agentes constructores de un Orden Mundial nuevo, inciden en el hecho palpable de que en buena parte del globo, aproximadamente una mitad, los Estados Unidos y los "valores de Occidente" ya no son tomados como guía. Estados Unidos no lidera ningún objetivo positivo, no es una potencia que pueda servir de guía, ni voluntaria ni forzadamente. Antes al contrario, en esa mitad del mundo liberada del colonialismo yanqui, ajena al Imperio, se están gestando modos de intercambio (comercial y financiero, energético, diplomático, institucional, etc.), muy distintos a los americanos, modos divergentes de los que el gigante americano impuso después de 1945. En medio mundo hay un sentimiento creciente en los pueblos del Sur Global y de los BRICS: la conciencia de ser capaces de vivir fuera de la jaula del dólar. Este artículo trata acerca de si dentro de la jaula occidental esa conciencia –también creciente- puede organizarse en contra de las élites dominantes, y hacer causa común con los pueblos ya liberados.

Europa Occidental y gran parte de Iberoamérica están dentro de la jaula del dólar (y del euro), del atlantismo, del liberalismo, del Imperio. Es la hora del Pueblo.

Dentro, tanto como fuera de Occidente, debería darse una efectiva desamericanización de esas otras amplias regiones del planeta. En el Sur Global y en los países BRICS se está dando, y hay que conectarse con esa corriente.

La caída de la URSS y el desprestigio inmediato del llamado "socialismo real" a partir de 1989 implicó la llegada de una oleada neoliberal y occidental superficial y acelerada en países que no había sufrido los intensos y perforadores procesos de norteamericanización de Europa Occidental e Iberoamérica. En Rusia y en numerosos países eslavos, asiáticos, africanos, etc. resultó ser crucial el advenimiento de regímenes más o menos democráticos pero, en todo caso, protectores de la identidad y la economía nacional, regímenes que se alejaban del estándar (neo)liberal de cuño anglosajón. La Rusia de Putin y la China postmaoísta lideraron este alejamiento.

En Europa Occidental y en buena parte de Iberoamérica, la situación es bien distinta. Las posibilidades de alejarse del estándar (neo)liberal de cuño anglosajón se fueron reduciendo tras la II Guerra Mundial por esa combinación de golpes de Estado, atentados selectivos, creación de guerrillas y fuerzas paramilitares, cooptación de líderes y partidos, revoluciones de color, "programas educativos" y todo el elenco, en suma, de poder blando del cual los yanquis han sido consumados maestros. En mi país, España, sea visto aquí por vía de ejemplo, hay mucho que investigar sobre los golpes de timón sangrientos y puntuales que evitaron una evolución de la España franquista hacia un régimen más abierto pero soberano, socialista, cuasi-peronista o cuasi-gaullista. El asesinato del almirante Carrero, la financiación extranjera del grupo terrorista y racista ETA, el papel del Borbón, los atentados de Atocha, el propio intento de golpe militar del 23F de 1981… Todos estos hechos siempre sembrarán numerosas dudas en el inconsciente colectivo del pueblo español, pueblo el cual, por más entontecido que esté bajo el poder blando yanqui desde hace décadas, siempre sospechará que el influjo incruento (soft power) no fue suficiente para pilotar la nave española en dirección claramente atlantista. Y la violencia –puntual o generalizada- siempre es una opción de los yanquis para asegurar el vasallaje de naciones vencidas, reducidas al estatus de colonias.

En el bloque del Imperio Occidental está aumentando, de momento, la estupefacción popular. Los europeos no captados por sus élites observan con pasmo que los recursos financieros que deberían canalizarse hacia fines sociales, tal y como ordenan todas sus Cartas Constitucionales, se destinan a un rearme injustificado. Todo ello sin aprobación ni escrutinio popular, El dictador Zelensky y sus batallones nazis reciben mucha ayuda militar y financiera que la Europa "democrática" necesita para su propia estabilidad social. Una Europa empobrecida a marchas forzadas, desindustrializada por causa de una política suicida que se esfuerza en complacer a los yanquis y en enojar a los rusos, contraviniendo intereses básicos como la seguridad energética (gas y petróleo baratos) y el intercambio positivo con Rusia. Europa se esfuerza en enfrentarse a la otra Europa, la Federación Rusia, en provecho de un Imperio no europeo y antieuropeo, que mantiene medio continente ocupado desde 1945.

Europa se empeña en librar una guerra como la de Ucrania que, perfectamente, podría haberse evitado. Una guerra que se buscó y se prolongó –hasta hoy- de manera artificial. El seguidismo de las élites "europeístas" pero anti-europeas, la sumisión a los dictados del Imperio han traído la guerra a nuestro continente.

A las puertas de etsa Europa occidental se sigue desplegando un escenario de horror y vergüenza, horror y culpabilidad penal del cual las élites no podrán escapar, a no ser que las propias sociedades occidentales ya hayan muerto a todos los niveles (política y éticamente, sobre todo). La depuración de todo este escenario geopolítico solo va ser posible con un nuevo juicio de Núremberg, un proceso ejemplar y ejemplarizante donde las élites "europeístas" rindan cuenta de su complicidad criminal con este desastre humanitario. Actualmente, este fin parece utópico dado que las élites de Bruselas y de las capitales europeas parecen muy atornilladas a sus asientos. Se agarran bien al sillón dictando leyes cada vez más autoritarias, succionando soberanía a los países e incrementando los mecanismos de injerencia en elecciones democráticas, impulsando la prohibición de partidos políticos, ejerciendo la supresión de la disidencia, etc. Además, se percibe muy claramente su ansioso agarre al poder y el miedo al "Núremberg hipotético" confiando en que la interinidad de Donald Trump de paso a otra administración yanqui, neoconservadora o sorosiana, o del signo que sea, pero menos desconcertante para el poder de Bruselas y sus ejes en Berlín o París. Pero estas élites, cada día más autocráticas, deben contar a partir de ahora con la desafección creciente de los gobernados. Su fuerza es su debilidad, al mismo tiempo. Algún día tendrán a sus pueblos en contra, al tiempo que dependen de los equilibrios internos del propio corazón del Imperio. En Estados Unidos el poder se desgaja en facciones, y el declive mostrado en el exterior se trasladará en algún momento a las vísceras internas de Washington.

Europa Occidental se está enfrentado desde hace años........

© Aporrea