Quién soy
La vieja pregunta que atraviesa la historia del hombre y más allá y que genera todo tipo de paradojas, fascinaciones y frustraciones... la pregunta sobre el origen del universo (que es en el fondo la misma pregunta que ¿quién soy?).
Evidentemente una respuesta cabal a esta pregunta trasciende los alcances de nuestra comprensión actual, y aunque la ciencia o la religión crean que ya han obtenido verdades objetivas y hasta absolutas, estas "verdades" son sobre todo reflejos, más o menos claros, de su propia mente: el aparato con el cual el hombre ausculta la profundidad del cosmos —un aparato cuyo potencial no conocemos del todo y que podría no tener límites.
Estamos, como el pez que busca conocer la naturaleza del océano, en un planeta dentro del universo, nadando en la inmensidad, preguntándonos sobre algo de lo cual somos (juez y) parte indivisible.
Estar dentro del universo puede hacer más difícil las cosas ya que no tenemos una perspectiva externa, un ojo arquimídeo de las cosas o más fácil.
Saber que no sabemos no significa no querer saber y no maravillarse ante el misterio: salir a jugar en la noche a aprender a ver en la oscuridad.
En este espíritu lúdico cuya piedra de toque filosofal es la capacidad de asombro (tomada del niño interior cuya primera infancia se remonta a la formación de las estrellas), retomamos la ancestral pregunta, aprovechando la sincronía de que tanto el sitio New Scientist como el canal Discovery acaban de lanzar ediciones especiales abordando esta temática.
La versión más aceptada actualmente es que el universo surgió del Big-Bang y que antes de esta "gran explosion" no había nada.
Lo que evidentemente hace preguntarnos, ¿cómo algo el universo todo pudo haber surgido de la nada?
Esto lógicamente hace pensar que esa "nada" en realidad era algo.
Para la religión necesariamente debe de existir un ser capaz de crear de la nada, de operar sobre el vacío e infundir el Ser en el universo.
Esto equivale a decir que ese algo que era la nada es Dios.
La causa de que algo sea.
La física en cambio considera que el problema de la nada es en realidad un problema semántico.
Hemos creado el concepto de la nada a partir de nuestra experiencia del espacio como vacío, pensando que en ese espacio entre la materia nada sucede, nada se genera.
Pero la "nada" como tal no existe.
Esto es algo que puede observarse en el espacio vacío, del cual surgen inevitablemente lo que se conoce como partículas virtuales, las cuales constantemente se crean y se destruyen y pese a que no son observables directamente, los efectos que generan sí lo son.
En este sentido la física curiosamente se alinea con la etimología de la palabra nada, la cual proviene de la palabra nacer (en latín).
Esta interesantísima identidad entre la nada y nacer nos sugiere, en otro plano, que la nada es nacimiento, el proceso de nacer.
O, en otras palabras, una perenne potencia de ser.
"Puedes formar un estado que no tenga quarks y antiquarks en él, y es totalmente inestable.
Espontáneamente empieza a producir pares de antiquarks y quarks", dice el físico Frank Wilczek de MIT.
Wilczek cree que esto podría aplicarse también al origen del universo. "
No hay barrera entre la nada y un rico universo lleno de materia".
Según esta perspectiva, el universo es lo que ocurre naturalmente con "la nada".
En cierta forma tú, yo, esta pantalla, el Sol, la Luna y todo lo demás solo somos fluctuaciones que emergen del vacío cuántico.
Patrones, coherentes por un momento, que regresan al mar insondable del vacío-nacimiento.
Debido a la extrañeza inherente a la mecánica cuántica, "la nada" se transforma en algo constantemente.
El principio de incertidumbre de Heisenberg señala que un sistema nunca puede tener exactamente cero energía y como la energía y la masa son equivalentes dos caras de la misma moneda, pares de partículas se pueden formar espontáneamente siempre y cuando se aniquilen rápidamente.
La incertidumbre cuántica sostiene que hay una compensación entre energía y tiempo: entre menos energía tiene un sistema, más tiempo puede mantenerse (de la misma forma las supernovas, con mayor energía, viven menos).
Para explicar cómo nuestro universo ha durado miles de millones de años, el tiempo suficiente para formar a partir del vacío cuántico galaxias, sistemas solares y formas de vida complejas, su nivel de energía debe de ser extraordinariamente bajo.
En los primeros instantes del universo se llevó a cabo una breve explosión expansiva, conocida como inflación, la cual llenó el universo de energía.
Pero según la teoría de la relatividad de Einstein, la expansión del tiempo-espacio también significa más gravedad.
La atracción gravitacional representa energía negativa que cancela la energía positiva de la inflación —esencialmente construyendo un cosmos de cero. "
Uno puede mostrar que esta energía gravitacional negativa exactamente cancela la energía positiva representada por la materia.
Así que la energía total del universo es cero", dice Stephen Hawking.
Alan Guth, el físico que desarrolló la teoría inflacionaria, bromea diciendo que aunque se cree que no existe tal cosa como un almuerzo gratuito, "el universo es el máximo almuerzo gratuito".
Y con esta misma ligereza reconforta: "en realidad no es riesgoso crear un universo en tu sótano, no desplazaría al universo alrededor, aunque sí crecería enormemente".
El problema de la creación del universo parece violar la ley de la conservación de la energía pero, si hay cero energía total que conservar, ese problema desaparece y un universo que simplemente surgió de la nada fluctuaciones cuánticas es algo que ocurre con cierta probabilidad.
"Tal vez una mejor forma de decirlo es que ese algo es nada", aclara Guth.
Que algo pueda ser nada parece un contrasentido, una aberración lógica.
Sin embargo, el universo no tiene que necesariamente ajustarse a nuestra lógica y, según hemos visto antes, la "nada" es sobre todo un concepto construido bajo la lógica aristotélica que ha creado la impronta en el cerebro humano de que las cosas son o no son, y al ser algo no son todo lo demás. ¿Pero puede algo ser y no ser? ¿Ser algo y nada?
La física cuántica, al igual que la filosofía oriental, es profusa en paradojas.
Un fotón es tanto una onda como una partícula y puede estar en estado de superposición en todos los lugares (o en ninguno) a la vez hasta que no se le apliqué una medición.
De tal manera que en muchas ocasiones se ha jugado con la idea de que una partícula no existe hasta que es observada.
El Tao habla de un nombre que no puede ser nombrado y........
