Serie Los Salmos: anatomía del alma (Episodio VIII)
«El SEÑOR es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte».
Hoy, en nuestra serie sobre la anatomía del alma plasmada en las oraciones y canciones del libro de los Salmos en la Biblia, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el Salmo 16, uno de mis favoritos; una oración que se ha convertido en un susurro constante de mi alma ante los constantes dardos de fuego del enemigo. Al leerlo puedo visualizar en él un diagrama de flujo, un camino que recorro con la mirada puesta en Dios.
«Guárdame, oh Dios, porque en Ti he confiado». Salmo 16:1.
A través de esta breve oración David expresa a Dios dónde está su refugio, declara en quién ha puesto su confianza. A diferencia de la inmutabilidad de Dios, el alma humana es frágil, vulnerable ante los cambios en las circunstancias externas. Además, de una manera compleja, el alma se resiente ante los pensamientos, emociones y sentimientos propios que se generan como consecuencia de las diversas interpretaciones que tejemos del mundo y de las personas. Hay días en los que despertamos tranquilos, seguros y confiados. Hay otros en los que una noticia o acontecimiento inesperado nos llena de temor. Desde las palabras ásperas que pueden herirnos hasta los eventos mas dolorosos de la vida, nuestra alma está constantemente expuesta, razón por la cual se convierte en una necesidad el sentirse protegido, guardado del mal. Allí, en el refugio de su morada, al abrigo del Altísimo, reservado para quienes invocan Su nombre. «El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente». Salmo 91:1.
«Oh alma mía, dijiste al SEÑOR: Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti». Salmo 16:2.
Cuán precioso es sentir que pertenecemos, que somos acogidos, amados y siempre bienvenidos en una familia y en una comunidad. Sin embargo, el sentido de pertenencia más grande que puede experimentar un ser humano es el de ser hijo (a) de Dios. Por esa razón, el apóstol Juan en su evangelio declara: «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». Juan 1: 11-12. Por lo tanto, aquellos que lo han recibido en su........
