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Los rostros de la fe IV: Los amigos del paralítico

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08.02.2026

“Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.” Marcos 2:12.

Hay momentos, etapas en la vida en las que no podemos caminar por nuestros propios medios. Es la hora oscura del alma en la que pareciera que estamos en un túnel demasiado oscuro y largo; un túnel que pareciera no prometer una luz en su final. No se trata solo de lo que estemos afrontando, ya sea una enfermedad, una separación, una traición, una decepción, una vejación, o en pocas palabras, una tragedia; se trata también de la oscuridad del alma en medio del dolor desconocido, se trata de la imposibilidad de nuestro ser para lidiar con nosotros mismos. Es una herida que no para de sangrar, es un dolor que nos desploma y sigue punzante, desafiando nuestra fe, nuestro mundo tal como lo hemos concebido hasta ese punto. Es desfallecer, no tener fuerzas. Es perder la esperanza.

La historia del hombre paralítico que nos narra el evangelista Marcos (2), nos cuenta de un hombre que fue llevado por cuatro amigos hasta el Maestro. El no podía caminar, pero sus amigos prepararon un lecho, lo subieron en él y lo llevaron hasta Jesús. No fue fácil, Jesús estaba predicando en una casa que estaba abarrotada de muchas personas, no había acceso ni por la puerta ni por las ventanas; sin embargo, eso no fue obstáculo para sus cuatro amigos. Ellos subieron al techo de la casa e........

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