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Oír lo que no se desea oír

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29.06.2026

Esos procesos de cálculo de la necesidad mutua que se activan de cara a las transiciones no prosperan de la noche a la mañana, fruto de alguna epifanía de actores que de pronto deciden abrazar valores democráticos. Por el contrario, invocan un intenso, crudo forcejeo entre intereses en apariencia incompatibles. Tampoco las democracias funcionan al margen de ese foco racional, la red de seguridad que los contrapesos políticos y sociales introducen en las interacciones, fuerzas amarradas a intereses propios y capacidades de veto, ninguna con capacidad de aplastar a la otra o decidir de forma unilateral. Los hitos de democratizaciones más y menos emblemáticas, de hecho, muestran reuniones diversas y complejas, signadas incluso por el particular diseño físico y simbólico de los espacios en que se realizaban; cumbres de rivales históricos obligados a convivir -recurriendo para ello a esa contención de la “destrucción mutuamente asegurada”, el diseño de garantías de salida y la heterogeneidad de las coaliciones- y solucionar la crisis a partir de la habilitación de equilibrios.

Equilibrio es, pues, palabra mágica. La democracia -en curso o por desarrollar- consiste básicamente en refrenar las fuerzas centrífugas de las intransigencias que inclinan la balanza hacia sus cotos, para sustituirlas por fuerzas centrípetas, esas que atraen al sistema hacia el centro, fomentando la unidad, los pactos amplios, blindando la gobernabilidad al evitar que los extremos ideológicos fragmenten y destruyan el entramado institucional. Procurar un espacio de deliberación que permita incorporar y digerir los contrastes resultará vital para ir allanando el camino hacia transformaciones que permitan el giro hacia un nuevo orden.

Sabemos que el poder, por su propia naturaleza expansiva, requiere de fricción. La acción de un liderazgo necesita obligatoriamente de visiones e intereses contrapuestos para no descarrilarse, no ser presa de la hȳbris. Lo vivido en Venezuela a partir de 1998 indica que cuando esa autoridad opera en un vacío de oposición interna o en ausencia de controles institucionales, su acción pierde tracción con la realidad. El autoritarismo, al concebir los contrapesos como obstáculos para la eficacia -anulando los sistemas bipartidistas o de coalición multipartidista, el consenso institucional, la identidad nacional compartida, y........

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