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Hagamos las paces: Necesitamos un país en modo sinodal

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23.02.2026

La palabra sínodo proviene delo griego, significa “caminar juntos”, y cuando el papa Francisco habló de sínodo en la iglesia católica, que aclaró no era un “evento” sino un “proceso”, hablaba de una consulta amplia, escuchar a todos los bautizados, basado ese sínodo en participación, misión, escucha mutua… “Caminar juntos” no significa que todos vayamos a la misma velocidad, pero si con horizonte común.

Se me vino esa imagen, pensando en esta coyuntura de país, con mucha incertidumbre, con una supuesta transición que esperamos sea para mejor, y me puse a pensar lo bonito que sería ponernos en “modo sinodal”, o sea caminando todos – o la mayoría – escuchándonos, respetando la velocidad de los que caminan, ayudando a los que necesiten ayuda, pero con metas comunes.

Me atrevo señalar algunas de esas metas que creo que las deseamos la mayoría de los venezolanos.

Queremos mejor calidad de vida, hablamos de servicios públicos que no sean una lotería cada día.

Queremos una sociedad democrática, participativa, protagónica, plural, como lo reza el preámbulo de nuestra Constitución. Sueño con que podemos tener diferencias pero que ello no nos convierta en enemigos. Donde los Derechos Humanos sean para todos y defenderlos no sea un riesgo.

Deseamos salud y educación para todos y de calidad. Y ello supone salarios decentes, dignos para docentes, médicos y personal de enfermería. Tal como lo dice el artículo 91 de la CRBV, artículo que nos debemos aprender de memoria. No me canso de repetir que los salarios de los educadores venezolanos son los más bajos de América Latina, inclusive mas bajos que los de Cuba y los de Haití. Y lo otro que no me canso de repetir es que sin maestros o hay escuela. Y si no se aumentan pronto los salarios de los docentes, van a seguir renunciando. Soñamos que la recuperación de todos esos millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que están fuera de las aulas.

También queremos un país sin presos políticos, como lo mencionan los hermanos obispos en su exhortación pastoral de la semana pasada. Queremos que haya justicia para todos los presos, que sus familiares no sufran como están sufriendo ahora.

También queremos un país en donde al ambiente se cuide. Somos campeones en deforestación, el Arco Minero está acabando con ecosistemas del sur del país, un pequeño “paraíso terrenal” muy maltratado, no se aprende de los hermanos indígenas que cuidan su entorno como si fuera familia, sin conocer a San Francisco de Asís, protegen su ambiente.

Queremos un país, ese en el que cada mañana y cada noche, padres, madres, abuelos, dan la bendición a hijos y nietos, en donde la solidaridad y la fraternidad sea lo que prive. Que se derogue la Ley del odio y el odio. Que el grito, el insulto, la descalificación, no se vea “normal”, y se vuelva cultura.

Soñamos la mayoría, me gustaría decir “todos”, con que de verdad los derechos de los niños, niñas y adolescentes sean prioridad absoluta, como lo dice el Art. 78 de la CRBV y 7 de la LOPNNA, y se les proteja de manera integral.

Queremos un país en donde los jóvenes no sueñen con irse, sino que quieran quedarse porque no ven oportunidades y futuro. ¿Podemos soñar con que vuelvan todos esos familiares y se reencuentren con sus hermanos en esta tierra de gracia?

Me gustaría que en ese “caminar juntos”, San José Gregorio Hernández y Santa Carmen Rendiles, nos acompañen y nos inspiren para que seamos serviciales, cariñosos, alegres, como fueron ellos.

Sueño con que experiencias como la del Sistema de Orquesta, el Museo de los Niños, se multipliquen y saquen lo mejor de nuestros jóvenes, niños y profesionales que orientan dichas experiencias.

¿Y que tal si en ese camino vamos leyendo la encíclica Fratelli Tutti del papa Francisco y nos dejamos orientar por lo que él llama, el amor social, que posibilita avanzar en una civilización del amor? Y por supuesto, la importancia de la política, la buena política, y de la amabilidad, que supone el buen trato a los demás.

En fin, conversar, caminar con otros sobre ese país que queremos y soñamos, sin dejar de pedir a San Francisco que nos haga un instrumento de su paz.


© Analítica