¿Transición democrática o transición administrada?
Hay momentos en la historia de un país en los que las preguntas importan tanto como las respuestas. Venezuela parece haber llegado nuevamente a uno de ellos.
La discusión ya no debería limitarse a determinar si Nicolás Maduro salió del poder, si Delcy Rodríguez representa una ruptura o una continuidad, o si Donald Trump tiene un plan para Venezuela. La pregunta verdaderamente incómoda es otra: ¿estamos avanzando hacia una transición democrática o hacia una transición administrada en función de intereses estratégicos que podrían terminar postergando, una vez más, la decisión de los venezolanos?
Los acontecimientos de esta semana obligan a formularla.
Mientras Washington y Caracas avanzan en acuerdos destinados a recuperar la industria petrolera venezolana y atraer inversiones internacionales, Donald Trump ha sostenido que Venezuela todavía no está preparada para celebrar elecciones. Delcy Rodríguez, por su parte, ha repetido que los comicios llegarán “cuando el país esté preparado”.
La frase debería generar preocupación en cualquier demócrata, independientemente de su posición política.
Porque inmediatamente surge una pregunta elemental: ¿quién decide cuándo Venezuela está preparada para votar?
¿Washington? ¿El Gobierno Interino? ¿La oposición? ¿El Consejo Nacional Electoral? ¿Una mesa de diálogo? ¿O los propios venezolanos?
No es una pregunta menor.
Durante años, el chavismo justificó la postergación de soluciones políticas apelando a supuestas condiciones que nunca terminaban de cumplirse. Ahora sería un grave error permitir que la palabra “transición” se convierta en una nueva sala de espera.
El petróleo corre; la democracia espera
La contradicción es difícil de ignorar.
Washington está promoviendo una enorme operación para recuperar la producción petrolera venezolana. El acuerdo anunciado contempla 17 campos petroleros y proyectos de inversión de dimensiones extraordinarias, mientras el gobierno de Delcy Rodríguez se presenta como el interlocutor político para llevar adelante esta nueva etapa.
Nadie puede negar que Venezuela necesita recuperar su industria petrolera.
Tampoco sería sensato sostener que la inversión extranjera es incompatible con una transición democrática. Al contrario: reconstruir la economía venezolana requerirá capital, tecnología, conocimiento y empresas internacionales dispuestas a asumir riesgos.
El problema está en otro lugar.
Una........
