Administración, una ciencia de la ejecución
Los primeros escritos del eximio pensador venezolano Cecilio Acosta, publicados por la escasa prensa que para el siglo XIX existía, no sólo versaban sobre materia jurídica que como abogado dominaba. Asimismo, lo apasionaron temas relacionados con la industria, la electricidad, el vapor y otros de incumbencia gubernativa. Sin embargo, su estudio sobre temas inspirados por el progreso y su vinculación con el papel que juega la sociedad en su participación con el avance económico, laboral y social del país, lo indujo a atender algunos textos de la época que trataban problemas asociados con la organización de gobierno.
La vida que prosiguió, lo llevaron a verse calificado como parte de la generación intelectual cuya bandera de acción era la Independencia y la consolidación de la República. No obstante, se interesó sobre manera de los criterios que regían el pensamiento administrativo en el siglo XIX. De hecho, “en sus escritos sobre administración, encontramos la resonancia de textos de la época que la trataban como una ciencia social” (Ídem). Especialmente, de autores como el francés Charles-Jean Bonnin. El español José de Canga Argüelles y el colombiano Florentino González.
Del ejercicio administrativo del siglo XIX
Aunque esos textos determinaron, en buena parte, que se estableciera un estrecho vínculo entre el ejercicio administrativo que intentaban gobiernos de países nacientes (de mediados del siglo XIX) aplicar, y la pauta política a partir de la cual se deliberaba el devenir político cotidiano, el influjo de la Revolución Industrial inglesa ejerció alguna influencia. Sin embargo, para entonces era difícil lidiar con aquellas prácticas laborales dominadas por la fuerza humana. Pues poca atención era prestada a la sustitución del poder mecánico de la máquina de vapor, por la inercia laboral marcada de tiempo atrás por efecto de tradiciones y acostumbradas usanzas. Venezuela vivía para entonces momentos lejanos de lo que luego resultó de la incidencia de la actividad industrial influenciada por la “fiebre del vapor”.
Dicha situación, fue objeto de análisis por estudiosos como Bonnin para quien “(…) la administración y la justicia son los órganos por medio de los cuales el gobierno ejerce la aplicación de las leyes” (Alcibíades, Julia: “Cecilio Acosta y el porqué de la Administración” En: “Novedades y Antigüedades en Filosofía”, Año V, No 41, Lima, marzo 2026, p. 55) Tan fue así, que su libro Compendio de los Principios de Administración (1829). Aunque Alcibíades, destaca que los dos primeros libros en materia administrativa “(…) leídos en Latinoamérica, fueron: Elementos de Ciencia de la Hacienda, (1833), del español José Canga Argüelles, y Elementos de Ciencia Administrativa (1840), del colombiano Florentino González (Omar Guerrero, 1986. México: Harlas A de C.V.)
No hay duda de que la condición de habituado lector llevó a Don Cecilio Acosta a revisar y estudiar estos textos. El conocimiento que adquiría de las lecturas a las que se entregaba, le permitieron bosquejar una comprensión de los problemas que encaraba Venezuela. Por tanto, “(…) buscaba respuestas comprendiendo las características de la sociedad, de la política y de la acción gubernamental” (Ibídem, p. 57). Definitivamente, con ello logró que su obra terminara siendo “(…) un hito histórico, cuyo estudio permite alcanzar un nivel de comprensión más integral respecto a la heurística (visión de totalidad) de una situación problemática o experiencia” (Ibídem, p.58)
Una ruta investigativa
Precisamente, es la ruta que sigue Julia Alcibíades, para “(…) concebir un modo mejor de comprender y actuar respecto al futuro (…)” Por consiguiente, Alcibíades, en su necesidad de analizar el porqué de la Administración en el pensamiento del venezolano Cecilio Acosta, recopila algunas de sus ideas-fuerza “(…) dejadas de lado, quizás por una postura académica (…)” (Ídem). Entonces, queda indagar todo lo que Acosta consideró “práctico y qué es la ciencia administrativa, estudiando particularmente el escrito Leyes Secundarias, publicado en mayo 1869, en el periódico El Federalista (…)” (Ídem)
La investigación de Alcibíades da cuenta de que, según Acosta, “la administración tiene que ver con la acción ejecutiva y con el saber-actuar respecto a problemáticas y asuntos públicos para resolverlos dentro de un orden público justo”. (Ídem).
De igual forma, la Dra. Alcibíades, observa que Acosta destaca que “(…) la práctica va siempre detrás de la teoría (…)” (Ídem), lo cual deja ver que una práctica debe partir “(…) desde un intelecto razonador, informado de todas las teorías relevantes para acometer las acciones de un modo apropiado” (Ídem)
Luego de atender que el contenido de Leyes Secundarias de Acosta, fundamenta “una teoría acerca de la política, la administración y el gobierno” (Ídem) cuyas causas dimanan de la Constitución Federal, podría heurísticamente a posibles razones que, según el exhausto análisis de Alcibíades animaron el ideario administrativo de Cecilio Acosta a apostar al porqué de la Administración.
Y que, a juicio propio, serían aquellas consideraciones que -investigadas por Alcibíades-parecieran disponer de las condiciones necesarias capaces de orientar la gestión pública de países latinoamericanos. No sólo, porque revelan una clara articulación entre política y administración pública. También, porque caracterizan “la práctica honrada y perseverante del sistema político” (Ídem). Aunque las realidades, arrojan una lectura (diferente). Que tiende a evidenciar “(…) poner en las cosas más calor del que necesitan para su consistencia” (Ibídem, p.59). La negligencia en cumplir la ley. La práctica pública fundamentada en el personalismo político. Y el nepotismo que permite privilegios obscenos.
Finalmente, cabe asomar otras razones que asientan el objetivo de la investigación llevada a cabo por la profesora Alcibíades. Razones que realzan el carácter sistemático del análisis procurado. Las mismas, asociadas al problema que destaca el Maestro Cecilio Acosta cuando refiere causas como las siguientes: Que la Guerra Federal trajo como consecuencia un “movimiento irregular que impide la existencia de un orden público (…)” (Ídem). El mismo, sujeto a instituciones regidas por criterios políticos y administrativos. Acá, Acosta teme al mayor peligro: la anarquía. Por tanto, “la solución es instituir una doctrina político-administrativa que sea rectora de la ejecución gubernamental y del obrar político” (Ídem).
Según lo que la investigación de Alcibíades reveló, Acosta hizo ver la importancia de contar con una “(…) práctica honrada y perseverante del sistema político” (Ibídem, p.60) como condición sine qua non para poner en marcha una acción pública debidamente alineada con la administración seguida de gobierno. Por eso destaca la necesidad de administrar. “La administración dirige los hilos, busca la traba y conserva la unidad política que es la fuerza del conjunto. La administración es el secreto del sosiego público. (Obras completas. Tomo 1:46)” (Ídem)
La comprensión de la administración pública que captó Cecilio Acosta, pone de relieve su preocupación por el hacer y pensar la administración. Desde luego, los problemas políticos, económicos, culturales y sociales de mediados del siglo XIX, opacaban el interés por el quehacer administrativo. Sin embargo, el análisis hermenéutico de Julia Alcibíades, despeja buena parte de las dudas que, en principio, se tienen. Sobre todo, al momento de establecer alguna relación que avale el modo de orientar la gestión pública que siguen los países latinoamericanos respecto de lo que entonces se vivió.
Aunque resulta indudable, tal como infiere Alcibíades, que “la administración asume los principios de la doctrina política-administrativa que orientan el hacer (…) Reconoce y determina las relaciones esenciales para la gestión. Constituye los equipos de trabajo capaces de abordar cada problemática, con una conciencia de atención a lo relevante en el ahora y sin perder el sentido de dirección hacia el futuro”.
Sin embargo, en la búsqueda de una perspectiva de la administración que atendió y entendió Cecilio Acosta, no pareciera conseguirse el desarrollo de una teorización en administración y de las prácticas respectivas propias de las coyunturas sociopolíticas y socioeconómicas de entonces.
Aunque de la investigación de la profesora Alcibíades, se infiere que -de los escritos del Maestro Acosta- podría concluirse que la preocupación de entonces al considerar la gestión pública (basada en la articulación política-administración pública que signó el empeño administrativo de la época), se hallaba en la necesidad de contar para ello con una ética humanista que evitara cualquier conflicto y violencia que rondaba los conflictos que tendían a merodear lo interno del hecho administrativo. Así ocurría, toda vez que la forma de actuar de entonces estaba bastante apegada al ideario político ocasional. (Lo cual, sigue hoy sucediendo. Quizás con mas vicios y mañas).Pero si al cotejar aquellos esfuerzos con los actuales, no hay duda de descubrirse que en la administración pública la condición que le imprime a la misma, la posibilidad de actuar cual estamento público capaz de instaurar el orden “justo” que, según la normativa pública propia de cada situación, que habita toda realidad, es la influencia político-partidista imperante. Aunque a pesar del problema que tal influjo induce, no cabe duda en considerar la administración, una ciencia de la ejecución
