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Las papas peladas

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22.02.2026

Fue la Vieja Europa la que buscó redención en Estados Unidos en las grandes guerras del siglo pasado. Mucho se resistió el histórico aislacionismo norteamericano, pero el ataque a Pearl Harbor y la declaración de guerra de parte del Eje por fin los impulsaron.

El posterior reto totalitario del comunismo generó la Guerra Fría, y por frenar esas amenazas surgieron las Naciones Unidas, el Plan Marshall, la OTAN, la OEA y otras iniciativas con aquellos países que entonces creyeron sus aliados.

Pero como quién se mete a redentor suele salir crucificado la respuesta ante los esfuerzos norteamericanos por proyectar su propio sistema de libertades democráticas lamentablemente se tradujo en incesantes ingratitudes, deslealtades, ataques y acusaciones de “imperialismo” e “intromisión” desde ambos extremos del espectro político.

Tras décadas de reclamos, acusaciones y ataques, una desilusionada mayoría del electorado de Estados Unidos parece haber resuelto: “Ya basta: hasta aquí nos trajo el río”:

Hoy se concentran en sus propios intereses y sobre todo en la gran guerra económica que mantienen con China. Y algunos tienen el tupé de escandalizarse desde otras sociedades donde siempre se ha hecho exactamente lo mismo.

En Iberoamérica, y particularmente en la cuenca del Caribe para muchos ha sido habitual vivir preguntando: “¿y qué harán los americanos?”, acostumbrados a pedir auxilio al Norte para que les saquen las castañas del fuego.

El fenómeno se profundizó en Venezuela en la medida que se concluyó que era indispensable el apoyo externo –específicamente norteamericano – para desentrabar el entuerto en que nosotros mismos nos habíamos metido.

Y como dice un conocido refrán: “cuidado con lo que deseas”. El 3 de enero vinieron, descabezaron al régimen y ahora disponen de las cosas a su aire y a su tiempo, según las prioridades que ellos consideran.

Y todavía hay quienes aún se quejan y exigen que además se les borren de inmediato todos los entuertos políticos acumulados en los últimos 27 años.

Ante la nueva realidad global, para participar efectivamente en la reconstrucción del futuro venezolano será indispensable apartarse de las cruzadas internacionales, enseriar actitudes políticas, y derivar aprendizajes de los últimos tiempos.

Es el momento para dejar de lado las petulancias, mezquindades y pleitos de peluquería entre tendencias genuinamente democráticas y comenzar a colaborar proactivamente en la construcción de un mejor futuro.

Porque si hay algo que está abundantemente claro es que desde afuera no nos van a venir todas las papas peladas.


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