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Doral: Cuando el miedo comienza a costarnos demasiado

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Soy venezolano de nacimiento y ciudadano estadounidense por elección. Soy empresario, esposo, padre y vecino de Doral. Creo en los Estados Unidos, en sus instituciones, en el imperio de la ley y en el derecho soberano que tiene esta nación de controlar sus fronteras y hacer cumplir sus leyes migratorias.

Precisamente porque creo en esos principios, considero que ha llegado el momento de hablar sobre lo que está ocurriendo en nuestra ciudad.

No podemos confundir hacer cumplir la ley con sembrar miedo en una comunidad entera.

Doral está viviendo días de incertidumbre. La presencia y las actuaciones de las autoridades federales de inmigración están produciendo efectos que ya no se limitan a las personas directamente detenidas. El temor está entrando en nuestros hogares, nuestros comercios, nuestros lugares de trabajo y nuestras escuelas.

Medios locales han documentado familias que tienen miedo de conducir para llevar a sus hijos al colegio o trasladarse a sus trabajos. Algunas madres se están organizando para recoger a los hijos de otras familias que temen salir de sus casas. Incluso existen padres que están considerando alternativas de educación virtual ante esta situación. (Telemundo 51⁠)

En nuestros comercios también comienzan a sentirse las consecuencias.

Se han documentado establecimientos que antes recibían decenas de clientes durante determinadas jornadas y que ahora ven entrar apenas unos pocos. Calles normalmente congestionadas presentan una circulación inusualmente reducida. Restaurantes y pequeños comerciantes hablan de menos clientes, mientras residentes reconocen que están posponiendo compras o regresando antes a sus hogares por temor a encontrarse con agentes federales. (diariolasamericas.com⁠)

CityPlace Doral, uno de nuestros principales centros de actividad comercial y social, también ha sido mostrado por medios locales con una afluencia reducida mientras comerciantes describen las consecuencias económicas de esta situación. (Univision⁠)

Esto debe preocuparnos a todos, independientemente de nuestra posición política.

Porque cuando una persona deja de ir al restaurante, el problema no termina en esa mesa vacía.

El restaurante vende menos. El mesero gana menos. El propietario reduce horas. El proveedor recibe menos órdenes. El conductor hace menos entregas. Se recauda menos impuesto sobre las ventas. Una familia consume menos porque sus ingresos........

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