Veritas Prius Pace
Esta es una crítica gonzo con aviso de contenido sensible. La cancelación tiene una gramática distinta a la del puñetazo: exclusión, daño reputacional, todo menos el choque frontal
Mi primer empleo como profesor de proyectos fue en la Architectural Association (AA) de Londres, en 1993. Los tutores discutíamos a bofetadas, nos insultábamos en el bar y nos tirábamos sillas en los comités de calificación. Cada unidad era una secta, y los alumnos trabajaban sin cesar para aplastar a los de la puerta de al lado. De aquel combate salía un trabajo extraordinario, y de aquellas aulas habían salido ya arquitectos como Chipperfield, Hadid, Koolhaas o Rogers… La AA no era una institución académica convencional: no había titularidad ni despachos. Si dejabas de interesarle a los alumnos, te echaban. Gracias a eso, la escuela había llevado al extremo la tradición de la academia adversarial, hoy sepultada bajo toneladas de corrección política: la confrontación como método, el conflicto como centro de la disciplina.
El rigor académico nació como combate. Sócrates refutaba; Platón escribía duelos; la disputatio medieval enfrentaba las tesis; el 'sic et non' de Abelardo contraponía autoridades y Tomás de Aquino levantó la 'Summa Theologica' a golpe de objeción. Pensar fue siempre pelear y la verdad era lo que quedaba en pie al final de la guerra. En el otro extremo está el 'esprit de corps': la corporación que protege al grupo antes que a la verdad. Bourdieu lo diseccionó en 'homo academicus': la titularidad que coopta al aspirante por dependencia y recompensa aplazada. La titularidad que blinda la libertad académica se gana con años de conformidad y, una vez obtenida, extingue el incentivo de pelear. El confort elimina la necesidad de la ofensa. La institución que reparte bienestar no necesita que sus miembros tengan razón; le basta........
