Me duele Ceuta
Era imprescindible que el resto de España manifestase que lo que sucede en Ceuta no acontece lejos. Una inmensa multitud de personas lo han expresado en las concentraciones realizadas este miércoles
Federico Fernández de Buján
Hay ciudades que, con el paso del tiempo, llegan a «sentirse». Esto me pasa con Ceuta, en la que he tenido la fortuna de estar en varios Congresos y cursos de verano de la UNED y en diez ocasiones como director académico en las Jornadas Jurídicas de Ceuta, organizadas allí y el CGPJ, con la colaboración del centro asociado de la UNED y el Colegio de la Abogacía. Estas jornadas analizan cuestiones que interpelan a la Justicia y han logrado conjugar rigor intelectual y convivencia cordial. Toda sociedad precisa confiar en sus jueces, necesita estar segura de que, cuando el conflicto irrumpe, existe un poder independiente llamado a «decir el Derecho», el 'ius dicere' romano. Donde hay jueces imparciales a los que el ciudadano acude en defensa de sus derechos y donde la fuerza queda sometida a la razón jurídica, existe un verdadero Estado de derecho. Juzgar es una de las más nobles tareas humanas. Requiere escuchar, comprender, ponderar, fundamentar y decidir. Y no por casualidad, estas jornadas se organizan en Ceuta. La ciudad es atalaya y frontera, cruce y encuentro. En ella, dos mares se rozan y dos continentes casi se tocan. Las antiguas civilizaciones situaron en su estrecho las míticas Columnas de Hércules, que simbolizaban donde terminaba el orbe, 'ibi deficit orbis', pues comenzaba lo ignoto y se advertía: 'Non plus ultra', no ir más allá.
He escuchado al presidente Vivas condensar, de forma armónica, la belleza natural de su ciudad autónoma: «Ceuta es luz, cielo y mar». Su enclave privilegiado, su perfil costero, su cielo azul que envuelve las aguas, serenas o agitadas, por los vientos del........
