España, superpotencia en diplomacia deportiva
España, superpotencia en diplomacia deportiva
Un turista de Tokio, un inversor de Nueva York o un estudiante de Nairobi asocian de inmediato la palabra España con valores de excelencia, talento, esfuerzo y alegría gracias a nuestros deportistas
Juan Luis López Aranguren
Cuando los gritos de alegría recorrieron todo el país tras la victoria de la selección española frente a Francia en las semifinales de la Copa del Mundo, catapultándola por segunda vez en su historia a la final de un Mundial, España culminó una gesta que trascendió el mero entretenimiento para adentrarse en el terreno de la geopolítica y las poderosas redes de influencia que la cincelan, manifestando, una vez más, su rol como una superpotencia mundial en diplomacia deportiva. Esta es la capacidad de una nación para ejercer influencia global, construir puentes transnacionales y reforzar su reputación a través del deporte. No es una cuestión menor. El politólogo de Harvard Joseph S. Nye ya diferenció en 1990 el poder fuerte (la capacidad de coacción de una nación mediante la fuerza y la economía) del poder blando (la capacidad de persuasión y atracción que ejerce una nación sobre otras mediante la cultura, el arte o la comunicación). La diplomacia deportiva pertenecería a esta segunda categoría al ser capaz de influir en millones de personas de todo el planeta reforzando la marca país de España.
Y, aunque la categorización de Nye puede hacernos creer que la diplomacia deportiva es una moda reciente, fruto de los procelosos cambios geopolíticos que se vivieron con el fin de la Guerra Fría, en realidad, el........
