Belleza impostada y frustración
Belleza impostada y frustración
Es urgente transmitir a las nuevas generaciones que el sentido de la vida no está en acumular 'likes' sino en aprender a reconciliarse con uno mismo
Mientras Italia investiga a Sephora la promoción en redes sociales de cosméticos para adultos entre menores y España endurece su respuesta frente a los 'deepfakes', el ciberacoso y otras formas de violencia digital, conviene preguntarse si no estamos ante algo más hondo que un problema tecnológico o comercial. Está en juego una cultura que ha terminado por conceder a la imagen un valor desproporcionado, hasta convertirla en medida del propio valor. La belleza es el esplendor de la verdad. Esta afirmación de la tradición platónica y escolástica nos recuerda que la verdadera belleza no reside en lo que deslumbra a primera vista, sino en aquello que se corresponde con lo auténtico. Hoy, sin embargo, esa armonía entre verdad y belleza cede demasiadas veces ante la impostura.
Cuando salgo a correr por la playa a primera hora de la mañana, no es raro ver a jóvenes que acuden a ese mismo escenario con otro propósito: hacerse fotografías para colgarlas después en sus redes sociales. Lo hacen con la ilusión de ver cómo su autoestima se fortalece en la medida en que sus seguidores reaccionan con aplausos virtuales. Sin embargo, lo que muchas veces termina sucediendo es justo lo contrario: una profunda sensación de insatisfacción y frustración.
Insatisfacción, porque la plenitud de la vida no depende del número de 'likes'. Ahí están tantos 'influencers' y personajes de éxito mediático que, pese a proyectar una imagen de vidas envidiables, confiesan sentirse vacíos, atrapados en una dinámica que exige alimentar constantemente esa exposición pública. Su aparente........
