Érase una vez un país gobernado por el Amor
Érase una vez un país gobernado por el Amor
Todo lo que el presidente tocaba con su amor pasaba a ser considerado bueno por aquellos que lo habían visto con malos ojos
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Érase una vez un país gobernado por el Amor. Presidente y ministros eran tan cariñosos que repartían con generosidad los bienes públicos entre aquellos que decían amarlos. El país del Amor no era particularmente rico, ni particularmente próspero, pero al ser gobernado con tanta ternura ... pasaba como en esas familias humildes y numerosas donde no hay grandes lujos pero sí un plato para cada uno, porque reina la bienaventuranza. Todos eran dichosos en el país del Amor, pues hasta en las peores circunstancias podían decirse unos a otros: suerte que no nos gobierna el Odio.
El presidente y sus ministros se habían rodeado de todos sus amigos, porque no se puede gobernar con amor si reina la discordia. Hubo que purgar a todos los que no amaban al presidente y desterrarlos, y hubo que forzar a los indecisos a que amasen en vez de odiar, y lo hicieron con obediencia. Como premio por depurar sus malos sentimientos, los colocaban a dedo en cargos de importancia, porque el amor es la garantía de que las cosas se harán bien, y cuando vienen mal dadas el amor las endereza. Cantaban y bailaban en banquetes pantagruélicos al día siguiente de que estrellarse un tren, o inundarse una ciudad, o la explosión de un volcán. A cada puñalada de la vida, el país del Amor respondía con una sonrisa secular y cantaba: bienaventurados los que sufren cuando gobierna el Amor, porque peor sería que gobernase el Odio.
El planeta se veía acosado por el mal y estallaban las guerras y las........
