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La España pluriempleada ha vuelto con Sánchez

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12.04.2026

La España pluriempleada ha vuelto con Sánchez

El auge del pluriempleo y la erosión de las rentas desmontan el triunfalismo del Gobierno sobre el récord de afiliaciones

Escucha el artículo. 4 min

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El presidente del Gobierno decidió celebrar en redes sociales un supuesto hito laboral –los 22 millones de afiliaciones a la Seguridad Social– con una escenografía tan llamativa como impropia de la importancia del dato: una camiseta de la selección española con el número 22. ... Sin embargo, tras ese gesto simbólico se esconde una realidad mucho menos complaciente con la gestión gubernamental. Como informa ABC, más de un millón de españoles necesitan simultanear al menos dos empleos para sostener su economía familiar debido a que perciben salarios insuficientes para cubrir sus necesidades. Este hecho, lejos de ser anecdótico, cuestiona el fundamento mismo del triunfalismo oficial.

El problema de fondo radica en la naturaleza de la estadística que el Ejecutivo ha decidido enfatizar. No es lo mismo hablar de afiliaciones que de afiliados. La primera magnitud puede inflarse cuando una misma persona ocupa varios puestos de trabajo, mientras que la segunda refleja con mayor fidelidad el número real de trabajadores. Según los datos analizados en el propio sistema de la Seguridad Social, la diferencia entre ambas cifras supera habitualmente el millón de registros, lo que revela una distorsión estructural del mercado laboral . El récord, por tanto, no describe necesariamente una mejora sustancial del empleo, sino en muchos casos la necesidad de multiplicar ocupaciones para compensar ingresos insuficientes.

Esta tendencia no es coyuntural. La evidencia apunta a un incremento significativo del pluriempleo por necesidad económica. Como se recoge en los datos recientes, este fenómeno creció con fuerza en el último año, impulsado por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. La inflación acumulada desde la invasión de Ucrania ha erosionado los salarios reales, mientras que una nueva escalada de precios vinculada a la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio amenaza con profundizar esa pérdida de renta. En paralelo, el sistema fiscal ha intensificado la presión sobre las familias, al no ajustar los tramos del IRPF ni actualizar los mínimos exentos conforme al encarecimiento del coste de la vida.

Las consecuencias son visibles en la economía doméstica. El crecimiento del empleo, en términos agregados, no se traduce en una mejora equivalente del bienestar material. Como señalan distintos análisis, el avance del PIB en los últimos años ha sido muy superior al del PIB per cápita, lo que evidencia un modelo de crecimiento extensivo, basado en sumar más trabajadores pero no en mejorar la productividad ni los salarios. Esta divergencia explica por qué muchos ciudadanos no perciben en su bolsillo la recuperación que proclama el Gobierno. El aumento del pluriempleo es un síntoma, además, de que el actual modelo de crecimiento se parece más al que existía en épocas pretéritas y debería alertar sobre la capacidad de una sociedad moderna como la española para crear empleos en sectores punteros de la economía.

Desde una perspectiva institucional, la insistencia en magnitudes que inducen a equívoco debilita la credibilidad del Ejecutivo y empobrece el debate económico. El Gobierno no solo incurre en un exceso de propaganda al anticipar y magnificar cifras discutibles, como ya se ha puesto de manifiesto, sino que además evita abordar el problema de fondo: la insuficiencia de las rentas salariales y la creciente precariedad encubierta tras los grandes números. Celebrar afiliaciones mientras aumenta el pluriempleo por necesidad es, en el mejor de los casos, una lectura incompleta; en el peor, una distorsión interesada de la realidad.

España necesita una política económica orientada a mejorar la productividad, atraer empresas de alta tecnología, aliviar la carga fiscal sobre las rentas medias y bajas y garantizar que el empleo sea sinónimo de prosperidad, no de supervivencia. Solo entonces las cifras podrán celebrarse sin reservas. Mientras tanto, convendría sustituir la propaganda por el rigor y la autocomplacencia por un diagnóstico honesto.


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