¿Tiene Vox equipo para gobernar?
¿Tiene Vox equipo para gobernar?
Las purgas internas le han vaciado de perfiles sólidos y la estampida autonómica en 2024 le complica fichar
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La decisión de Santiago Abascal de entrar en todos los gobiernos autonómicos que presida el PP -y previsiblemente en un futuro Ejecutivo nacional- despeja una incógnita, pero abre otra más relevante. ¿Le quedan a Vox cuadros suficientes con capacidad para gobernar con garantías mínimas de ... hacer una buena labor? ¿Tiene perfiles con experiencia de gestión para ocupar todas las consejerías, direcciones generales o incluso ministerios en los que pretende situarse?
Las descarnadas cribas internas de la dirección nacional contra quienes no han dicho «sí, bwana» y han intentado aportar criterio propio invitan a dudarlo. A la mayoría de los purgados -o de los que desertaron- se les ha encasillado como «liberales», frente a los «ultras» que han quedado al mando. Pero también puede hacerse otra división, más reveladora, según la trayectoria de unos y otros. Y es que la mayoría de los que ya no están tenían una carrera profesional previa, mientras que buena parte de los que siguen solo han tenido actividad en política o en entornos vinculados a Julio Ariza o Kiko Méndez-Monasterio.
La dirección nacional de Vox le echa la culpa de todos sus males al PP y puede que esté tranquila pensando en situar en los gobiernos autonómicos exclusivamente a perfiles fácilmente teledirigibles. Pero, si ese es el plan, su gestión no estará orientada al resultado sino a la sumisión, y eso es algo que no suele traer triunfos ni en política ni en ningún otro ámbito.
Sí, por el contrario, Bambú es consciente del problema aunque no lo reconozca, puede intentar fichar a profesionales independientes, como hizo en el pasado. La dificultad es que las mismas causas que le han dejado sin suficientes cuadros con capacidad de gestión son las que probablemente convierten ahora a Vox en un proyecto poco atractivo para perfiles con una trayectoria consolidada.
¿Cuántos profesionales con carreras sólidas estarán dispuestos a dar el salto a la política -ya de por sí poco atractiva- para incorporarse a un partido que puede ordenar el abandono de los cargos en cualquier momento, como hizo en julio de 2024? ¿A una formación en la que la discrepancia equivale a traición y puede derivar en expulsión o señalamiento?
Quizá en esa falta de perfiles sólidos esté una de las claves del techo que Castilla y León ha vuelto a marcarle al partido de Santiago Abascal, y que le mantiene dentro del batallón de los débiles en Patriots, su grupo parlamentario en el Parlamento Europeo.
Vox ha logrado convertirse en el partido de referencia para el voto de protesta, eso es indiscutible. Pero su reto real es crecer más allá de ese espacio y para hacerlo necesita demostrar dos cosas: utilidad real y capacidad de gestión. Hoy, su estrategia de purgas internas y guerras externas va en sentido contrario.
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