La felicidad era un palo
La semana pasada falleció mi perra. Si existiera una imagen capaz de encarnar la felicidad más absoluta era ella: Ester, sin hache y con un palo. No necesitaba más, morder un trozo de naturaleza, robarle un cachito al mundo y correr con la brisa en la cara. La felicidad era un palo.
La pasada semana también estuve en Alcázar de San Juan, donde, en un restaurante, me sirvieron una pata de cordero con "taba", como me advirtió el camarero. Al verla, mi memoria viajó cuarenta años atrás. Recordé a mi abuelo jugando a las tabas, limpiando con mimo ese hueso final de la pierna para transformarlo en su entretenimiento. La felicidad era un........
