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Por qué no ha disparado las audiencias la entrevista de Ana Milán a Rosalía

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19.03.2026

Ana Milán ha regresado. Con su sabiduría. Con su bagaje. Con su emoción. Presenta Ex, un nombre que no sabemos muy bien qué tiene que ver con el concepto del programa de Cuatro, que, al final, es una mezcla entre Viajando con Chester y el podcast de Vicky Martín Berrocal. Ese tipo de encuentros que para demostrar estar bien cómodo te pones los pies encima del sofá. Aunque, en realidad, la postura sea incomodísima para favorecer a cámara.

Y, para empezar, ha tenido a una de las entrevistadas más codiciadas de los medios de comunicación: Rosalía. Han hablado de creencias, de Fe, de creencias, de Fe. Por un momento, parecía Pueblo De Dios de La 2. Jugosa charla, a priori. Sin embargo, el programa ha sido intrascendente, quedándose en un 5.6 por ciento de cuota y 469.000 espectadores, por debajo de su principal rival El Objetivo del periodismo de Ana Pastor. 

Rosalía que disparó la audiencia de La Revuelta, no ha logrado crear acontecimiento en Cuatro. Lo que recuerda la relevancia del timing, de llegar en el momento exacto. Aquí, se nota que la entrevista lleva meses grabada. El programa, en sus primeros minutos, en un ejercicio de honestidad, lo describe. Para contextualizar. Pero la emoción de la sociedad ya está en otro lado que la conversación que mantienen Ana y Rosalía. 

¿Cómo puede mejorar Ex? Hay dos palabras contradictorias que siempre se deben esquivar para realizar una buena entrevista: condescendencia y sacralizar. Ex ha pecado de esta segunda, tanto que la picaresca que sostiene una buena conversación de entretenimiento se ha transformado en un panegírico intenso que invitaba a desconectar. Falta la mordida que es el periodismo, que en un show como este brota mejor desde la admiración. Ojo, no confundir con fanatismo.

Ana Milán maneja muy bien la admiración, que permite acercar al invitado a la honestidad que jamás sacaría en un interrogatorio. Lo ha intentado con Rosalía. No obstante, ha ganado la sobreactuación de querer ser profundas, cuando ellas son dos mujeres de la calle que brillan relativizándose, jugándose, riéndose de sí mismas y percatándose de que cuando los focos se apagan todos nos parecemos más de lo que creemos. Y ahí quizá ha estado el problema de Ex para un canal generalista de televisión: buscan la naturalidad de la amistad, pero sin cámaras no podrían todo el rato esas caras de "esto es un programa hondo, muy hondo".


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