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Lo que tiene que aprender Telecinco del éxito de 'Supervivientes'

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20.03.2026

Telecinco continúa dando en la tecla con Supervivientes. Es su isla de éxito en una programación con dificultad para conquistar la complicidad de un público generalista. Y ahí, en esa premisa, empieza uno de los aciertos del casting. El reality de náufragos no se queda en los perfiles monolíticos de polemistas del canal e intenta abrirse a una pluralidad de personalidades. Lo intenta. Se puede hacer todavía con más ímpetu, pero, en esta temporada, existe en el programa una diversidad de realidades sociales. Lo que despierta en la convivencia el intercambio generacional que es uno de los grandes motores del prime time. La audiencia se ve más reflejada. El público descubre. No son solo los previsibles guapos y guapas de manual fans de un canal que se quedó atrapado en Mujeres, hombres y viceversa. Aquí está desde José Manuel Soto a Alex de la Croix, pasando por Alberto Ávila a Alvar Segui de la Quadra-Salcedo.

Aunque inevitablemente el formato intenta tirar del reclamo de "famosos fugaces" surgidos de los morbos de La isla de las tentaciones. El show de la infidelidad se mantiene como referencia del canal. No obstante, Supervivientes lleva años aprendiendo que los realities son la historia que cuentan no la polémica que venden. Ya no vale aquella televisión del cebo con la que Telecinco rellenó tantas horas de su parrilla a bajo coste. Modus operandi que ha llevado a Mediaset a la desconfianza de un público que quiere una televisión en la que sucedan cosas honestas. Mejor si son auténticas.

Así Supervivientes ha rebajado los debates hacia ninguna parte en plató. Y el programa se centra en la aventura en Honduras. Para ello, incide en las pruebas donde se ve a los concursantes currándoselo. Hasta pringándose. Bien de barro. Las galas son una especie de El Grand Prix, pero en exteriores. El formato intenta escapar de las polémicas de las que la sociedad está inmune y busca el choque desde la motivación de una competición real. Una yincana en unos cayos cochinos que te permite comprender mejor a los participantes. Incluso implicarse con ellos. 

Pero, para trascender en un estirado prime time de una televisión nacional, también es importante que la audiencia pueda respirar. Ahí es vital el humor que reparte Jorge Javier Vázquez. Hábil para perfilar el carácter de cada celebrity con su ironía. A veces, ironía fina. Otras, corrosión gruesa. 

Con el aliciente de que en una televisión de la ex-telerrealidad, donde la sobreactuación ha arrasado con todo, Supervivientes pone en evidencia que el concurso de supervivencia no es un paripé. La “destrucción” es lo que diferencia a este reality de otros y lo que lo convierte en infalible.

En Supervivientes sí existe una evolución física de los participantes, que muestran su cansancio, su hambre y su deterioro físico con el paso de los días. El 'retiro' en la isla de ensueño deja a los náufragos transparentemente hechos polvo a ojos del espectador. Con abundantes kilos de menos, más patas de gallo por tanto sol, melenas asalvajadas, barbas indómitas, nervios a flor de piel y miradas de hastío que muestran que la dureza del concurso no es una falacia. Es real. Todos están literalmente fuera de su zona de confort y, a medida que avanza el show, se quedan despojados de máscaras y estrategias, cuales indefensos conejillos de indias de un show insaciable que les pide más y más. Esa verdad palpable, hasta dentro del artificio de la tele, ha hecho sobrevivir a Supervivientes en un Telecinco desértico. Como una isla que tiene muy claro lo quiere ser y lo que no en un océano donde es difícil encontrar el norte.  


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